El brindis de «La Traviata» no es solo una de las escenas más populares del género operístico, es también una invitación a gozar de los placeres de la vida: un convite al que la música le ha reservado un papel especial.
06 mar 2016 . Actualizado a las 05:15 h.El de La Traviata es, quizá, el brindis más famoso de la música. Alfredo y Violeta celebran el amor y los placeres de la vida, entre los que el vino ocupa una posición preeminente. El genio de Verdi consigue transmitir eficazmente esta alegría vital y resume como pocos el papel que un buen vino ha tenido, y tendrá, como invitación al goce compartido. «Bebamos con el dulce estremecimiento que el amor despierta», canta certeramente Alfredo. Teniendo en cuenta el éxito de esta ópera, y el papel destacado del dúo del brindis, parece increíble pensar que una de las obras más populares de Verdi apenas cosechase el favor del público durante su estreno, el 6 de marzo de 1853 en La Fenice de Venecia.
No es la única composición de Verdi, ni tampoco la única ópera, en la que el vino corre con alegría. Falstaff, protagonizada por el personaje homónimo de Shakespeare, es uno de los mejores ejemplos: buena parte de la acción transcurre en la taberna de la Jarretera -que también aparece en artículos de Álvaro Cunqueiro-, donde el anciano Falstaff se hace servir ese gran vino, el Jerez. Puccini también precisaba el origen de los caldos que citaba en sus óperas: si en Tosca se alude al vino de España, en La Bohème, como no podía ser de otra forma, el que aparece proviene de Burdeos. El emplazamiento de la acción también influye en lo que llena las copas, por ejemplo en Carmen, de Bizet, donde se bebe manzanilla. Pero quizá sea en Lucrezia Borgia la ópera donde se da la mejor de las discusiones en torno a un vino, ya que Donizetti hace que sus personajes discutan cuál variedad prefieren sus paladares, si un Madeira o uno del Rin, por ejemplo.
EL SEÑORÍO DE BACO
Vino y música parecen haber nacido para festejarse mutuamente. Todas las culturas y todas las épocas han alumbrado canciones que nacen de la cara más lúdica de beber. En Francia, por ejemplo, cuentan con las chansons à boire, mientras que los alemanes cuentan con sus trinklied (literalmente, canciones para beber). Estas últimas no solo forman parte de la tradición popular, sino que compositores de la talla de Brahms o Strauss, pasando por Schubert, se han inspirado en ellas. El propio Schubert lo dejó claro con sus títulos: Herr Bacchus ist ein braver Mann (Baco es el mejor de los hombres).
El propio Baco cuenta con sus propias óperas, como la que le dedicó Massenet. Los romanos denominaban Baco a Dionisio, cuya corte se llamaba Thiassos, nombre de un grupo gallego de músicos cuyas actuaciones exploran lo melódico y lo vinícola: estrenaron el ciclo de catas y conciertos En clave de D.O., organizado por Servino y el instrumentista Álex Salgueiro, y dedicado al Ribeiro; la segunda edición -la tercera ya está en marcha- se consagró al cava, con el cuarteto de fagots de la Orquesta Sinfónica de Galicia. No faltó el brindis de La Traviata: «El vino y los cantos y las risas embellecen la noche y que el nuevo día nos devolverá al paraíso».