Los otros frentes abiertos de los Franco en Galicia

Además del pazo de Meirás, a los herederos del dictador se les reclaman otros bienes e inmuebles


redacción / la voz

La demanda de juicio presentada por el Estado para tratar de recuperar el pazo de Meirás para el patrimonio público puede abrir la puerta a que otros bienes e inmuebles que la familia Franco adquirió supuestamente de forma fraudulenta les sean reclamados.

Desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) esperan que la iniciativa del Gobierno sea el primer paso para terminar con el «expolio» que la familia del dictador llevó a cabo y que se recupere el resto de ese patrimonio. Además de la propiedad ubicada en Sada, desde la entidad hacen referencia a obras de arte como las famosas esculturas del maestro Mateo que formaban parte del Pórtico de la Gloria, pero también reclaman que el Ejecutivo investigue los bienes que la Fundación Franco vendió «mediante la creación de escuelas-taller», cómo tapices, cuadros o muebles de «importante valor histórico y económico». Entre la lista de pertenencias de los Franco, las siguientes continúan en el punto de mira:

Meirás

¿Compra simulada? Emilia Pardo Bazán mandó construir el pazo en 1893. Tras su muerte en 1921, el inmueble pasó a manos de sus herederos hasta que finalizada la Guerra Civil, y con la victoria del bando franquista, las autoridades se lo ofrecieron a la familia del dictador como residencia de verano. En marzo de 1938 se constituye la Junta pro pazo del Caudillo, de la que formaban parte el gobernador civil y varios alcaldes para buscarle una casa de verano al dictador. En agosto de ese mismo año, la entonces propietaria del pazo de Meirás, Manuela, viuda del hijo de Pardo Bazán, lo vende a la Junta por 406.346 pesetas, pero años después, en 1941, se realiza supuestamente, según la demanda que acaba de presentarse, una segunda venta por 85.000 pesetas, en la que el comprador es directamente Francisco Franco. Esa operación se plasma en un documento que ahora, y tras las investigaciones de los servicios jurídicos del Estado, se califica de «simulado y nulo», lo que probaría que el dictador no adquirió el pazo ni pagó nada por él. Así lo recoge la demanda que el Gobierno ha presentado para tratar de recuperar la propiedad para el patrimonio público.

Los profetas del pórtico

Un regalo obligado. El Concello de Santiago trató de recuperar por vía judicial las esculturas que estaban en el pazo de Raxoi cuando Carmen Polo se encaprichó de ellas en 1954. Las figuras realizadas por el maestro Mateo fueron desmontadas del Pórtico de la Gloria en 1520 y olvidadas en Fonseca hasta que 200 años después el conde de Ximonde las recuperó. Posteriormente, en 1948, el ejecutivo local se las compró con el requisito de que permaneciesen para siempre en el patrimonio público de la ciudad.Hace algunos meses, el Ayuntamiento compostelano presentó una demanda para recuperar unas figuras que, según indican, fueron años después un regalo obligado a los Franco. La magistrada la desestimó alegando que la argumentación presentada no era suficiente para tirar abajo la explicación de la familia, que mantiene que las compraron en un anticuario en la década de los 50, aunque no fueron capaces de aportar ninguna documentación que lo demuestre. Las esculturas, que durante unos meses formaron parte de una exposición en Santiago, volvieron a manos de los Franco.

Casa Cornide

De colegio a vivienda. El carismático edificio, situado frente a la Colegiata en A Coruña y construido entre 1750 y 1760, era un colegio antes de que pasase a ser propiedad de los Franco. La familia argumenta que el dictador se lo compró a Pedro Barrié de la Maza, quien a su vez lo adquirió en una subasta pública organizada por el Ayuntamiento de A Coruña. Sin embargo, Carlos Babío y Manuel Pérez aportan en su obra Meirás. Un pazo. Un caudillo. Un expolio documentación que desvela que todo podría haber sido un montaje del dictador para hacerse con la propiedad, que a día de hoy sigue en manos de los Franco.

Pilas medievales

Un capricho de Carmen Polo. La iglesia de San Xián de Moraime, en Muxía, perdió dos pilas medievales tras una visita de Carmen Polo en los 60. Una de ellas se utilizaba como pila bautismal. La mujer de Franco envió un camión a recogerlas y el cura, José Barrientos, lo notificó al Arzobispado de Santiago, que decidió no reclamarlas. Antes de fallecer, el párroco pidió al abogado Celso Alcaina que lo acompañara a la notaría con los libros que probaban la existencia de los desaparecidos pilones que, según el letrado, siguen en Meirás.

Fuera de Galicia, los Franco tienen otro frente abierto: la exhumación de los restos del dictador del Valle de los Caídos que el Tribunal Supremo paralizó de forma cautelar en junio a petición de la familia.

El pazo de Meirás tuvo vigilancia del Estado años después de la dictadura

José Manuel Pan

Tras la muerte de Franco, la seguridad del inmueble siguió sufragándose con fondos públicos, según la demanda

Poner de manifiesto que durante la dictadura el pazo de Meirás se gestionaba desde el Estado y con fondos públicos es uno de los ejes de la demanda de juicio presentada en el Juzgado de Primera Instancia número 1 de A Coruña frente a la familia Franco. La demanda plantea una acción reivindicativa de la propiedad del pazo y pide la nulidad de los contratos de compraventa. Es cierto que el grueso de lo que esgrime la Abogacía del Estado tiene que ver con la forma en la que se hizo la venta del inmueble, que según los servicios jurídicos «se basa en un título, la escritura de compraventa, que es un texto simulado y completamente nulo». Pero no menos importante es demostrar que el pazo de Meirás era una parte más del Estado, de tal forma que, a juicio de la Abogacía del Estado, «se gestionaba de forma idéntica» al palacio de El Pardo, residencia oficial del entonces jefe del Estado y que hoy forma parte del patrimonio público y es una de las residencias que la familia real utiliza para hospedar a los jefes de Estado en visita oficial en España.

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