Carmen Polo se llevó las pilas de Moraime por su «especial posición»

El Arzobispado no interpuso denuncia pese a ser consciente de la irregularidad


cee / la voz

Carmen Polo de Franco, la mujer del entonces jefe del Estado, el dictador Francisco Franco, se llevó hacia el año 1960 de Moraime (Muxía) al Pazo de Meirás (Sada) dos pilas de agua bendita de gran tamaño y valor histórico. Lo hizo gracias a su «especial posición», que evitó que el Arzobispado de Santiago de Compostela, aún consciente de la ilegalidad cometida, presentase recurso alguno al respecto.

Así lo recoge el acta levantada el 13 de noviembre de 1980 por el notario de Vimianzo José María Rueda Pérez, a quien el entonces párroco de Moraime, José Barrientos Carnés, recurrió acompañado del también sacerdote y abogado Celso Alcaina Canosa, para dar cuenta de que aquel hecho histórico y evitar así que cayese en el olvido, de cara a posibles actuaciones futuras y a reclamar lo que entendían -en el caso de Alcaina sigue haciéndolo porque Barrientos ya ha fallecido- que le corresponde legítimamente a Moraime.

El notario da cuenta del testimonio del párroco que, a su juicio, «tiene capacidad e interés legítimo» para promover este documento y además recoge las características de las pilas con «un diámetro aproximado de un metro, y una altura aproximada de un metro», al igual que constata el registro de dichos bienes en dos libros de inventario de la parroquia. En el primero, con fecha del 17 de enero de 1920, figuran como «dos pilas de piedra a la entrada de la iglesia para tomar agua bendita». Y en el segundo, fechado el 21 de febrero de 1936, con casi idéntico texto: «Dos pilas de piedra a la entrada de la iglesia, para el agua bendita».

La presencia por tanto de los pilones, cuyo labrado el propio Alcaina sitúa en una época si no contemporánea poco posterior a la de la construcción del santuario -porque, entre otras cosas, están hechos con exactamente la misma piedra de la zona- está más que acreditada. Incluso queda algún testigo vivo -cada vez menos- que fue bautizado en uno de ellos. Por ejemplo el actual párroco de Muxía, Manuel Liñeiro, ya que hasta el año 1945, cuando fueron sustituidos por «otros más modernos», como recoge también el acta.

Aunque no existe seguridad de si la visita de la mujer de Franco a Moraime se produjo en 1960 o 1961, sí que está más que acreditada, porque cada año por esa época el matrimonio se desplazaba a Muxía en el yate Azor y, sobre todo Carmen Polo, se quedaba con una familia de la localidad. Durante su paseo por el lugar advirtió la presencia de las pilas, que entonces estaban ya en el patio de la casa rectoral y en una situación de relativo abandono, puesto que según algunas fuentes incluso se empleaban como bebedero para las gallinas.

La esposa de Franco «pidió las dos pilas descritas para llevarlas al Pazo de Meirás, advirtiendo al párroco que obtuviera los correspondientes permisos», como recoge el acta, pero no hubo tiempo porque, al día siguiente apareció en la parroquia un camión «cuyos ocupantes manifestaron que venían por encargo de la aludida señora». El párroco se puso en contacto con el Arzobispado y fue llamado a una reunión con el vicario Benito Espiño Arceo. «Después de una conversación entre ambos, decidieron, a pesar de la oposición a la concesión del permiso, si este hubiera sido solicitado oportunamente, no reclamar en aquel momento las pilas, dada la identidad de la persona que las había tomado y su especial posición» como recoge el texto que conserva Alcaina.

Cultura y la Iglesia van camino de 18 años de pasividad respecto esta usurpación

 

 

Que el párroco y el vicario decidiesen no hacer nada en los años 60, se entiende perfectamente dentro del clima de represión y corrupción institucionalizada de la dictadura, pero lo curioso del caso es que ninguna institución haya actuado en serio desde los años 80, ya restablecida la democracia. El alcalde de Muxía, Félix Porto, instado por Celso Alcaina, envió una carta a la Xunta en el año 2010 pero nunca hubo respuesta. El propio Alcaina recurrió a la delegación del gobierno, al arzobispo de Madrid y a otras muchas instancias también sin éxito. La Consellería de Cultura señala que debe ser la Iglesia, como titular del bien, la reclame si así lo considera, mientras que el Arzobispado dijo hace unas semanas que estudiaría el asunto con la documentación existente en la parroquia. De ahí que ahora, la principal acción en marcha sea una iniciativa parlamentaria del PSdeG, que quedó pospuesta el mes pasado por cuestiones de agenda de las conselleiros encargados de responder.

Nunca es tarde

Ha pasado demasiado tiempo y es probable que las pilas ya no vuelvan a Muxía. Pero nunca se sabe. Los tiempos han cambiado mucho, también los legales (afortunadamente) y los sociales, y la recuperación de bienes no es una utopía si hay contumacia jurídica y social y, sobre todo receptividad de aquel al que se reclama. No es ya por el valor artístico, que también: es por una cuestión de respeto a los vecinos y la historia de la comarca.

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