En la línea de Granada llevan un año de ensayos, pero se desconoce cuánto se prolongará en el tramo Zamora-Pedralba
25 jun 2019 . Actualizado a las 18:50 h.Las pruebas en las nuevas líneas de alta velocidad son un proceso lento y calculado para garantizar que la nueva infraestructura reúne todas las garantías de seguridad y de fiabilidad. Un procedimiento además, que se endureció sensiblemente desde el accidente de Angrois, la transposición de las últimas directivas europeas y la creación de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF), la autoridad independiente que debe dar el permiso definitivo para la puesta en servicio de la nueva conexión ferroviaria. De ahí que, salvo excepciones, Fomento haya optado por dar solo el plazo para el inicio del período de pruebas y no para la puesta en servicio de la infraestructura, pues en principio es algo que ya no depende de la autorización del ministerio. En cierta medida, este hecho ha puesto un poco de cordura al frenético afán propagandístico.
Lo que desde hace unos días se ha empezado a hacer entre Zamora y Pedralba de la Pradería -localidad situada a las puertas de Galicia- se trata de un proceso normativizado a partir del 2015, por lo que no hay muchos precedentes para saber cuánto tiempo es necesario para las al menos diez fases de pruebas que deben llevarse a cabo y que, según explican personas implicadas en el proyecto, «no pueden solaparse».
El procedimiento que se desarrolla en la línea de alta velocidad entre Antequera y Granada (126 kilómetros) puede dar pistas de lo que sucederá en el tramo de 117 kilómetros entre Zamora y Pedralba, donde empezó hace dos días el período de pruebas con los primeros recorridos del tren que ausculta las vías. «La de Pedralba será la segunda línea que se abra con ERTMS y con la AESF como autoridad para la puesta en servicio. Es la única que puede dar pistas», explica un ingeniero. En este sentido cabe recordar que las líneas inauguradas últimamente -incluido el tramo del acceso gallego entre Olmedo y Zamora- se pusieron en servicio solo con ASFA y, por tanto, su velocidad estaba limitada a 200 por hora. Las pruebas del ERTMS, en estos casos, tiene que hacerse en horario nocturno y esto ha retrasado sensiblemente la implantación del sistema más seguro. En Granada y en el tramo zamorano, se supone, los trenes podrán circular a más de 300 por hora desde el principio.
En cualquier caso, el período de pruebas en la línea andaluza está siendo muy largo. La obra civil se terminó en diciembre del 2017 y a día de hoy las pruebas continúan. El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, con muchas cautelas -como ya se explicó, la apertura a la circulación comercial no depende de su departamento-, fijó la puesta en servicio para junio de este año. Después, por tanto, de año y medio de pruebas.
«Creo que la experiencia de Granada servirá para que en Zamora-Pedralba las cosas se hagan mejor», dice el ingeniero Xosé Carlos Fernández, optimista con que este año se abra el tramo, que ahorrará una media de 50 minutos en los viajes a Madrid.
Todos los pasos o fases que se explican en el gráfico adjunto deben realizarse analizando los riesgos, formando a todos los profesionales que intervienen en la operación de la nueva línea -la AESF dictaminó que debe haber formación específica para cada nuevo trazado-, especialmente a los maquinistas, cuyos recorridos de formación es la última fase del período de pruebas. Como mínimo, deberán realizar tres trayectos completos (ida y vuelta) por la línea o entorno operativo y deberá insistirse «en los puntos de especial dificultad de la infraestructura», con el objetivo de mitigar posibles errores humanos.
Esa fase aún queda lejos. El ADIF ha comenzado con la auscultación de la vía. Si no se hallan defectos en su geometría, se permitirá el acceso de otros trenes a la línea, para inspeccionar la catenaria y realizar las pruebas de carga, mediante convoyes con tolvas cargadas de balasto para generar el mayor peso posible. Más adelante se efectuarán pruebas en los enclavamientos, los sistema electrónicos que controlan el tráfico ferroviario y, a continuación, los ensayos más complejos: la verificación de los sistemas de señalización y ERTMS. Se realiza con el material rodante que va a circular por la línea y sus equipos de software embarcados.
Después vendrán las pruebas escalonadas de velocidad. Se somete a los subsistemas a distintas situaciones de estrés para comprobar su fiabilidad. Entre ellas, llegar a la velocidad máxima, que no tiene por qué ser la velocidad punta comercial. El proceso se completa con las simulaciones comerciales, los entrenamientos de maquinistas y, ya al final, la elaboración del dosier de seguridad que debe analizar la AESF.