La sombra de los peajes amenaza a 560 kilómetros de autovías en Galicia

Carlos Punzón
carlos punzón VIGO / LA VOZ

GALICIA

M. MORALEJO

Fomento reclama consenso para adoptar un sistema con el que mantener la red viaria

05 nov 2018 . Actualizado a las 05:10 h.

La patronal de las grandes constructoras españolas lleva más de seis años pidiendo que se establezca un peaje en las autovías y someterlas a concesión, como ocurre con las autopistas, para obtener fondos extra con los que mantener dichas infraestructuras. El Gobierno de Rajoy puso dicha idea encima de la mesa, a petición del Ministerio de Hacienda, pero la hipótesis no pasó de globo sonda, finalmente rechazada para «no afectar a la competitividad del transporte».

Ahora, el Ejecutivo de Pedro Sánchez resucita la amenaza de la imposición de peajes a todas las carreteras de gran capacidad para igualar cargas y sistemas de cobro en todas las comunidades autónomas, y como método de contribución de los usuarios al mantenimiento y conservación de los viales.

Galicia, que ya soporta 273 kilómetros de autopistas de peaje dependientes del Ministerio de Fomento y otros 54 de la Xunta, vería así incrementado de manera sustancial el cobro por uso de sus vías de comunicación, al sumar a dicha tarificación los 559,9 kilómetros de la red estatal de autovías en la comunidad. Otros 268,2 kilómetros más de autovías dependientes de la Administración central están pendientes de construcción en cinco proyectos diferentes.

Pero además de sumar en total 887 kilómetros que podrían quedar sujetos al pago de peaje, por su carácter periférico Galicia quedaría cercada por ese tipo de cobros en sus salidas hacia el resto de España. Así ocurría en los trayectos hacia la cornisa cantábrica, para acceder a la frontera con Francia, la ruta de la Plata y, sobre todo, a lo largo de la A-6 y la A-52 para llegar desde el norte y sur de la comunidad a Madrid. Para transitar por Portugal, todas sus autovías cuentan ya desde el 2010 con peajes de cobro automático.

Fomento se guarda por ahora de definir sus preferencias por método alguno de cobro por uso, pero las posibilidades se reducen a dos: o una viñeta electrónica con precios diferentes según su tiempo de vigencia (funciona en nueve países de Europa a modo de tarifa plana sin límite de kilometraje) o un peaje clásico, aunque hay distintos sistemas para su cobro. Seopan, la patronal de las grandes constructoras españolas, propuso en el Congreso de los Diputados el año pasado el establecimiento de una tarifa de 10 céntimos por kilómetro, prácticamente el precio que tendrán que afrontar los conductores en la AP-9 gallega desde el próximo enero con las tres nuevas subidas de sus peajes previstas.

60 euros a Madrid

Desde A Coruña el viaje a Madrid costaría a ese precio 59,5 euros, más otros 12,50 de la autopista entre Adanero y Villalba. Desde Vigo el coste por circular por la autovía saldría a 49,1 euros. En el caso de la A-8, recorrer desde Baamonde a Irún costaría, según los peajes propuestos por la patronal, otros 59,4 euros. Pero si el modelo se extiende, incluso carreteras interiores como la sinuosa y peligrosa A-55 que une Vigo y Tui tendría un peaje de 3 euros.

Reapertura del debate

El debate se reabre precisamente cuando faltan 20 días para que la primera de las grandes autopistas estatales vea desaparecer sus cabinas de peaje y pase a ser gratuita tras vencer los 45 años de su concesión. En lugar de mantenerla Itínere a costa de los peajes de los usuarios, será Fomento quien se haga cargo ahora de los 84,3 kilómetros de la AP-1 (Burgos-Armiñón) a cuenta de los presupuestos del ministerio. El año que viene le tocará a la AP-4 (Sevilla-Cádiz) y a la AP-7 entre Barcelona y Valencia. Y para el resto de las autopistas «se mantendrán sus períodos concesionales por seguridad jurídica», dice el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, que aboga por igualar los métodos de explotación en todas las autonomías. Sin embargo, las dos autopistas gallegas son las que más años de explotación en manos privadas tienen de España, 75 años cada una, en lugar del medio siglo establecido por término medio en las que ahora vence su concesión.

11.000 millones de gasto

El responsable de Fomento mantiene que hay que buscar una fórmula «sea la que sea» para garantizar el mantenimiento de las autovías, cuyo coste cifra en 11.000 millones de euros al año y que, advierte, sigue creciendo al aumentar el número de kilómetros de la red, ahora de 20.000, mientras que en los últimos años no ha hecho más que bajar el presupuesto destinado a su conservación. El Gobierno socialista pone el acento en que estas autovías son las únicas infraestructuras de comunicación gratuitas para los usuarios, mientras que aeropuertos, ferrocarriles y puertos ponen diversos cánones a sus usuarios.