¿Qué sube y qué baja en el 2020?

Carburantes, trenes y sellos propinan un bofetón al consumidor, aunque el gas se abarata


La Voz

En cuanto se traga la última uva del año, vivir resulta más caro. Cada 1 de enero ocurre que los precios de los principales servicios se encarecen, aunque siempre hay honrosas excepciones. Como la del gas natural, que se ha abaratado un 4 % de media respecto al último trimestre del 2019. No bajan, pero tampoco suben, de momento, las tarifas de telefonía. Al menos ninguna de las grandes operadoras las ha anunciado todavía.

El recibo de la luz, entre tanto, se quedará también tranquilo durante un tiempo, después de experimentar una rebaja cercana al 10 % en el 2019. Así, la parte de la factura que depende de la regulación del Gobierno queda congelada por sexto año consecutivo, pero eso afecta a alrededor del 40 % de la misma. El resto está en manos del mercado mayorista de electricidad, que en los últimos meses se está comportando de forma favorable para los consumidores, aunque resulta imprevisible su evolución. ¿Por qué? Porque depende de factores tan caprichosos como las condiciones climatológicas -la abundancia de renovables es sinónimo de precios eléctricos más bajos-, y las cotizaciones internacionales del gas natural y de los derechos de emisión de CO2. Mercado puro (o casi).

La estructura del recibo también permanece invariable, entre tanto la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) tramita cambios de calado, que tardarán aún unos meses en aplicarse, siempre que el nuevo Gobierno (si finalmente se conforma) no dé al traste con sus planes. El regulador propone, por ejemplo, que la discriminación horaria sea obligatoria para los consumidores con la tarifa regulada (once millones de clientes), que se traducirá en un ahorro sustancial en la factura si se adaptan los hábitos de consumo a las horas del día más baratas.

Los que sí hacen la pascua

No hay congelación o descenso de precios que valga en otros de los servicios más comunes. El año arranca con incrementos en los carburantes, billetes de tren, las autopistas de peaje, los sellos, los envíos de paquetes y el IBI en 1.005 municipios y 16 capitales de provincia.

En Galicia, el litro de gasoil se servía de media este miércoles, día 1 de enero, a 1,27 euros, frente a los 1,25 de diciembre; el de gasolina ha pasado de costar 1,32 a 1,33. En comparación con doce meses atrás, el primer combustible está un 8,5 % más caro; el segundo, un 10 %.

Después de cinco años con las tarifas invariables, Renfe ha encarecido los viajes de todos sus trenes. Los AVE y larga distancia, un 1,10 %, y los de cercanías y media distancia convencionales (regionales), un 1 %.

La operadora achaca esta revisión al «previsto incremento» del nuevo canon que prepara ADIF, es decir, el importe que la compañía titular y gestora de la red ferroviaria cobra a los operadores por el uso de las vías y las estaciones ferroviarias. Esta subida de precio afectará a los 33,6 millones de viajeros que utilizan los AVE y larga distancia. Aunque, dentro de unos meses, empezará a funcionar el nuevo tren de alta velocidad de bajo coste (AVLO) en la línea Madrid-Barcelona, con billetes de entre 10 y 60 euros por trayecto.

También Correos se ha subido al carro de la actualización de precios con la llegada del año nuevo. Así, el sello para enviar cartas y tarjetas postales normalizadas y de hasta 20 gramos de peso a destinos nacionales ha subido un 8,33 %, de forma que pasará a costar 0,65 euros. Los sellos para mandar cartas y postales a países europeos (incluido Groenlandia) se encarecen un 3,57 %, hasta situar su precio en 1,45 euros, y los del resto de destinos, un 3,3 % (1,55 euros). En el caso de los envíos de paquetes a destinos nacionales, Correos ha encarecido el precio una media del 1,34 %.

Además, la CNMC ha aprobado una rebaja del 1,44 % en las tarifas aeroportuarias de AENA a partir de marzo. Están formadas por los importes que el operador público cobra a las aerolíneas por utilizar determinados servicios en sus aeropuertos, como las pistas, las pasarelas, el estacionamiento de aviones, los servicios de seguridad o los servicios de handling. Estos importes repercuten, finalmente, en el precio de los billetes de avión de los pasajeros.

Las alzas fiscales y los nuevos impuestos que traerá consigo el año

El año echa a andar con algunas subidas ciertas en el terreno fiscal; y otras sobrevolando el horizonte, supeditadas al éxito de la investidura y la aprobación de unos nuevos Presupuestos. Porque empezar, el año empieza con los Presupuestos del 2018 elaborados por el exministro Cristóbal Montoro.

Una de las pocas cosas ciertas por el momento en el capítulo tributario es que sube el IBI en más de mil municipios de toda España. Entre ellos, 22 de Galicia. Y eso como consecuencia de la revisión del valor catastral de los terrenos. En el caso de los gallegos, esto supone un incremento del valor del 3 %, lo que se dejará notar en el recibo que pagan cada año los propietarios de viviendas, locales y terrenos en concepto de IBI.

En el caso de Galicia, el nuevo año trae también la práctica eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones en las herencias directas. Esto es, entre padres e hijos. Las inferiores a un millón de euros no tendrán que pasar por la ventanilla de Facenda.

Y luego están las medidas fiscales que pretende aplicar el Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos. A saber: subir dos puntos la tarifa del IRPF para las rentas superiores a 130.000 euros y cuatro puntos a las de más de 300.000 (así como a las rentas de capital superiores a 140.000 euros). Además, han prometido bajar al 23 % el tipo del impuesto de sociedades a las pymes que facturen menos de un millón al año y subir el que abonan las grandes empresas al 15 %.

Al 18 % si son bancos o empresas energéticas. Los técnicos del Ministerio de Hacienda agrupados en Gestha calculan que la medida afectará solo a unos 120.000 contribuyentes, el 0,67 % del total, que deberán abonar de media 4.300 euros más al año cada uno, lo que permitirá recaudar unos 328 millones de euros más. En el caso de Galicia, serían unos 4.600, los afectados por la subida fiscal.

Y a buen seguro que Hacienda desempolvará en cuanto pueda el impuesto sobre las transacciones financieras (la llamada tasa Tobin) y el tributo sobre determinados servicios digitales (la tan traída y llevada tasa Google). Esas que se aprobaron en Consejo de Ministros hace ya casi un año, pero que finalmente no vieron la luz por falta de tiempo ante la convocatoria de unas segundas elecciones generales.

Pensionistas y funcionarios afrontan la cuesta de enero con el sueldo congelado

En el último Consejo de Ministros del año, el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez optó por aparcar la promesa de subir las pensiones un 0,9 %. Y lo propio hizo con el anunciado incremento del sueldo de los funcionarios en al menos un 2 %. Así que la cuesta de enero la subirán sin más gasolina que la que tenían hasta ahora. Aunque, bien es cierto, que Sánchez se ha comprometido a hacer realidad ambos compromisos tan pronto como haya un nuevo Gobierno. Y, visto lo visto, puede que ni siquiera lleguen a notar los efectos de esa congelación, duramente criticada por la oposición (hasta dispuesta estaba el PP a llevarla ante el Constitucional). Y es que, si la investidura cuaja, las subidas se reflejarían ya en las nóminas de enero. En cualquier caso, se hará con efectos retroactivos desde el 1 de enero.

Y lo mismo sucede con el salario mínimo interprofesional (SMI), que comienza el 2020 congelado en los 900 euros al mes (repartidos en 14 pagas). Subirá cuando haya nuevo Ejecutivo. Pero, en este capítulo, la espera será más larga. Las líneas maestras pactadas por PSOE y Unidas Podemos en el programa de su Gobierno de coalición abren la puerta a una fuerte alza del SMI, hasta el 60 % del salario medio durante la legislatura. Eso se traduciría en un incremento hasta los 1.200 euros. Aunque está por ver cuánto subirá a corto plazo. Porque de eso, nada dice el programa. La patronal hace ya tiempo que se llevó las manos a la cabeza por esta subida. 

Los usuarios de la AP-9 afrontan con indignación el «abusivo» aumento del peaje

La Voz
Un peaje de la AP-9
Un peaje de la AP-9

Destacan que no hay una alternativa solvente para evitar el pago

Los usuarios que ayer recorrieron la AP-9, durante el primer día en el que se hacía efectiva la subida del 2,69 % en los peajes, mostraron su indignación por el «abusivo» aumento de las tarifas. Manuel Toja es coruñés pero vive en Asturias, y culpa de esta «desmesura» a los políticos. Dice con sorna que de continuar esta escalada de los precios, «terminará llegando el día en que merezca la pena ir de A Coruña a Vigo en avión». Ayer, Manuel Toja utilizó la AP-9 entre A Coruña y Santiago. Pagó 6,90 euros. Si lo hubiese hecho el 31, gastaría 15 céntimos menos. Lamenta también que no existan alternativas solventes a la AP-9. «Si vas desde Ferrol a Vigo por carretera, te lleva una tarde entera, por lo que utilizar la autopista se vuelve casi una obligación» que cuesta 22,20 euros.

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