El control de horarios, un guirigay

Trabajo se defiende de las críticas acusando a las empresas de «no habérselo tomado en serio»

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madrid / la voz

Fuego cruzado entre el Gobierno en funciones y las empresas a cuenta de la obligación de registrar la jornada laboral. Aunque la norma entró en vigor el domingo -tras un plazo de dos meses para facilitar la adaptación a los nuevos requerimientos de control horario-, el de ayer fue el primer día laborable de aplicación y ambas partes lo encararon tirándose los trastos a la cabeza.

Los más críticos fueron, de nuevo, los autónomos y las pymes, cuyas patronales volvieron a quejarse de la falta de concreción de la normativa, de la «incertidumbre» que supone para sus colectivos y de sus «muchas lagunas», que hacen complicado cumplirla correctamente en sectores que no implican trabajo en oficina y los exponen a sanciones. Algo que no comparte la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, que se defendió de las críticas acusando a las empresas de desidia.

«La norma ha entrado en vigor y ha habido dos meses para planificarlo pero, por lo que veo, nadie se lo ha tomado en serio», aseguró Valerio. «Esto es muy nuestro, lo de esperar al último día», se lamentó, obviando que tampoco el ministerio publicó hasta primera hora de la tarde de ayer la guía sobre el registro de jornada «para facilitar la aplicación práctica» de las nuevas exigencias. Matizó, sin embargo, que «no estaba previsto en absoluto» sacar documento alguno, pero que las «muchas consultas» recibidas así lo aconsejaron.

Respeto a la flexibilidad

La ministra instó a las empresas a cumplir la ley, «que es lo que tienen que hacer», y rechazó que -como sostiene la patronal y también los sindicatos- haya falta de concreción, ya que la normativa que exige el registro horario permite realizarlo por cualquier vía que, bien por convenio o bien por acuerdo, empresa y trabajadores decidan. «Si se hubiera concretado, dirían que hemos establecido un sistema inflexible, que no estamos teniendo en cuenta la diversidad de trabajo que hay», apuntó, en alusión a las críticas que lo consideran un paso atrás en la flexibilidad horaria o el teletrabajo.

Valerio subrayó que cumplir con la nueva exigencia legal de control horario va «en favor de los trabajadores, de las propias empresas y de la Seguridad Social», recordando las dificultades de la inspección para controlar los excesos horarios en los contratos a tiempo parcial, pese a que su registro se exige desde el 2017, así como las horas extraordinarias -más de tres millones semanales, según los datos de la última encuesta de población activa (EPA)- que se hacen pero «que no se cobran y por las que no se cotiza».

Sobre este último asunto se mostró muy crítico el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, que aprovechó para asegurar que las medidas de control implementadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez son «insuficientes» -algo en lo que coincide con los sindicatos-, pero que se «controlarán y se pagarán» cuando su formación entre en el Gobierno.

«La inspección actuará»

La responsable de Trabajo recordó que la inspección puede sancionar desde ya a las empresas incumplidoras. «La inspección va a actuar», aseguró, matizando, sin embargo, que tiene «directrices técnicas de aplicación de la norma», de modo que si una empresa aún no ha aplicado el registro de jornada, pero «hay noticia y fundamento de que lo está negociando», no se sancionará. «Esto también lo están criticando algunos», lamentó.

En cualquier caso, que nadie se confíe, porque aunque Valerio no puso fecha al final de este período de gracia sin multas -sanciones globables que oscilan entre los 626 y los 6.250 euros-, sí sostuvo que la moratoria no puede ser sine die, porque precisamente el registro de jornada se aprobó por un real decreto ley de «extrema urgencia».

Quienes esperaban la publicación de un reglamento que arrojase luz sobre los aspectos más confusos del control horario no tendrán suerte. O no, de momento, ya que la ministra dijo que no es obligatorio ni «condición para que entre en vigor la norma». Únicamente abrió la puerta a tal posibilidad para «algún sector o categoría profesional», si así se considera necesario.

«Tenemos un horario fijo, así que no le veo problema»

m.h.

Fátima Martín es la responsable de la farmacia Plaza España de Pontevedra, que cuenta con siete trabajadores. Señala que hace ya unos meses que cada empleado registra su horario: «Cuando dieron el primer aviso de que iba a implantarse esa norma, la empresa que nos lleva el mantenimiento informático nos ofreció la posibilidad de ponernos un programa muy sencillo en el que pudiésemos registrar la jornada. Y así lo empezamos a hacer. Luego dieron marcha atrás y se retrasó la normativa, pero yo dije que seguíamos adelante con el registro, que era una cosa que no nos venía mal». Dado que ya tiene experiencia, puede hablar con conocimiento de causa sobre si fichar supone o no un engorro desde la parte empresarial: «Nosotros abrimos y cerramos siempre a la misma hora, tenemos un horario fijo, así que no le veo problema. Como mucho, puede haber algún olvido a la hora de anotar, algo que es responsabilidad de cada trabajador. Yo me limito a poner la herramienta a su disposición». Martín cree que sí puede ser más complicada la labor de registro en sectores como la hostelería, donde el cierre varía.

«Nos enfrentamos a un encaje de bolillos muy complicado»

b. antón

José Ramón Franco es responsable de Intaf, un grupo de cinco empresas ubicadas en Narón y dedicadas a la producción y mantenimiento de equipos industriales. Cuenta con una plantilla de 180 trabajadores que, a partir de ahora, ficharán mediante un sistema informático. Los empleados que estén en las instalaciones lo harán en terminales fijos, mientras que los desplazados emplearán el teléfono móvil. Franco considera que el registro horario resultará especialmente difícil de implantar en las empresas de servicios, como las suyas, porque reducirá la «flexibilidad horaria», algo fundamental en un sector en el que la demanda es muy «variable», con períodos de mucho trabajo y otros en los que escasea.

«Además, siempre hay urgencias que no pueden esperar. La norma te da un margen para resolverlas echando mano de horas extras o dando tiempo por tiempo, pero no sé si en nuestro sector ese margen será suficiente», dice Franco. «Nos enfrentamos a un encaje de bolillos muy complicado en el que habrá que buscar una fórmula óptima tanto para los trabajadores como para los clientes», añade.

«Nos fichamos fai anos, pero hai sectores onde é difícil»

R. Ramos

Florentino Cacheda, responsable de la firma de moda masculina lalinense Florentino, destaca que en su grupo llevan «facendo o control de xornada dende fai anos». «Somos moi ordenados. O único que non ficha son eu», puntualiza, y es el que hace más horario. El personal de sus tiendas lo hace por ordenador y los de todas las secciones de su fábrica, ubicada en el polígono Lalín 2000, fichando con una tarjeta personal en una máquina. Para este veterano empresario «é unha lei moi complexa e había que desenrolala máis porque na nosa empresa o control é fácil, pero hai sectores no que é moi complicado e había que ver un pouco a situación das empresas». Indica que en su firma se pagan las horas extras y cuando no hay trabajo «redúcese». Ahora son unos 150 empleados. Los chóferes fichan a través del móvil y las tiendas cuentan con cámaras que permiten un seguimiento directo. Considera justo que si un empleado trabaja una hora más la cobre ,preguntándose si en algunos casos (no es el suyo) «¿a empresa pode pagalo?». Destaca la necesidad de colaborar con la Seguridad Social para llenar la hucha de las pensiones.

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Ana Balseiro / Espe Abuín
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Ante la avalancha de dudas sobre cómo realizar el ya obligatorio registro de la jornada laboral, el Ministerio de Trabajo publicó este lunes una guía (apenas 10 páginas) para facilitar su implementación. En ella se insiste en la universalidad de la medida, que se aplicará «a la totalidad de trabajadores, a todos los sectores de actividad y a todas las empresas».

No escapan los trabajadores «móviles» -una de las dudas recurrentes- que, como «comerciales, temporales, trabajadores a distancia o cualquier otra tipología en la que la actividad no se desarrolle en el centro de trabajo de la empresa», también están sujetos al registro de jornada. Pero toda regla tiene excepciones.

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