Primer día de registro obligatorio de horarios: «Esto todavía está muy verde»

Comercios, bares, restaurantes y hospedajes estrenan este domingo la normativa que obliga a registrar diariamente la jornada de sus trabajadores. Así ha transcurrido esta primera jornada de cambio en Galicia

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¡A fichar toca! Los últimos datos de la EPA aseguran que casi 3 millones de horas extra no se pagan ni se cotizan
Begoña Sotelino
la voz / redacción

Desde este domingo, las empresas están obligadas, por ley, a registrar la jornada diaria de sus trabajadores, so pena de multas que van desde los 626 a los 6.250 euros. El Real-Decreto ley fue aprobado por el Gobierno el pasado mes de marzo, y desde se publicó en el BOE, ha habido dos meses de plazo para adaptarse. Sin embargo, la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, dio un respiro al anunciar, esta misma semana, que los inspectores tienen la directriz de conceder cierto «margen de maniobra y no sancionar» a golpe de día 13, siempre y cuando se compruebe que las empresas están implementando o negociando el sistema con el que controlarán los horarios de sus empleados.  

Primeras reacciones

A muy pocos ha pillado desprevenida esta novedad. A pesar de ser festivos, muchos comercios de la zona centro de A Coruña abrían este domingo sus puertas. La mayoría lleva el cómputo a través de la caja, donde marcan la hora a la que llegan y a la que se van, un control que se refuerza con las imágenes que aportan las cámaras de los establecimientos. Es el caso de una tienda de golosinas situada en plena calle Real, donde no saben si el sistema se modificará a partir de ahora: «A mí me parece bien la medida -dice una empleada que lleva poco tiempo despachando gominolas- pero creo que a la hora de la verdad cada empresa hará un poco lo que le parezca». Un escepticismo que quizás pueda estar relacionado con lo que le ocurre a su pareja, que trabaja en la hostelería: «Hace muchas más horas de las que cotiza y de momento, nunca ha fichado así que...». 

Unos pocos metros más allá, en la tienda Chocolat Factory, se han adelantado a la normativa. «Desde hace un mes anotamos todos nuestros movimientos en un impreso», cuenta Laura Pazos, que cubre el turno de fines de semana y festivos. «Ese papel se lo enviamos al final de cada mes, escaneado, a nuestro jefe». A la hora de hacer los pagos, «aquí va todo por convenio así que no tenemos problema», asegura esta empleada a la que le parece «estupendo» que se vigile más la duración de las jornadas laborales, «porque hay muchos trabajos precarios y es una manera de intentar evitar abusos». Ella también los sufrió en el pasado.

Una hoja de cálculo es lo que les envía la gestoría a Emilio y a su mujer, al frente de la zapatería Shoestore, abierta hace apenas un año en una de las principales arterias comerciales de la ciudad herculina. «Hemos pensado en instalar una aplicación informática para que todo sea más fácil». Aunque a estas alturas del año solo son ellos dos, en verano probablemente haya alguna contratación para refuerzo de personal. Con todo, ellos creen que «lo de fichar está más pensado para empresas con más trabajadores que la nuestra». Sí reconocen que la implantación de estos sistemas está «todavía muy verde».

En la zapatería Shoestore rellenan horarios en un impreso
En la zapatería Shoestore rellenan horarios en un impreso

En La Gran Antilla, una cafetería-pastelería situada en Riego de Agua, se enteraron «hace dos días» de esta novedad. «Nos parece bien la medida», apostilla Irene Da Silva, que lleva «poquito tiempo» en este local. Enfrente, en el restaurante Bocanegra, su encargado reconoce que «todavía no lo hemos hablado pero, ¿aún hay un tiempo, no?», pregunta. 

María Cabarcos atiende 88, un establecimiento de moda y complementos. «Desde hace mucho tiempo anotamos en un papel nuestro nombre y hora de llegada y salida. No es algo nuevo», advierte. Y recuerda que, «cuando estuve en Madrid, hace años, esto era lo normal».

En el hostal Alborán se lamentan de que no se ponga el foco en otro punto. «Aquí lo urgente no es fichar o no fichar, sino rebajar los impuestos, que nos tienen asfixiados», se queja el jefe, Manuel Alvite. «Nunca en esta calle veías persianas bajadas, y mira ahora». 

Entrando en la plaza de María Pita, y cerca ya de la hora de comer, en El Tequeño fríen sin parar, uno tras otro, su plato estrella, el que les da nombre, mientras su dueño, José Ángel, confirma la existencia de «unos planillos donde se cubren los datos de los empleados». Se trata de una empresa familiar, donde «impera a boa fe, porque aquí fiámonos os uns dos outros», comenta. Su hijo entra en la conversación para adelantar que «seguramente con el tiempo instalaremos algún dispositivo de control electrónico». José Ángel recuerda la época en la que llegó el mando para la máquina del tabaco. Crítico con un sistema que costaba trescientos euros, «diseñado para los que querían sacar dinero con eso». Especulación «de algúns, non sei de quen» es lo que ve también detrás de la nueva normativa que obliga a disponer de un sistema de registro horario. «A verdade é que alucinei un pouco cando me enterei», reconoce. 

En la calle de La Franja, Xeila sirve cafés a los clientes a la vez que desconfía de la utilidad práctica del nuevo decreto ley. «Quien hace la ley, ya sabes -dice-, hace la trampa. No creo que funcione, la verdad». En su caso, sus horarios quedan registrados en la caja del local, pero asegura que «en otros sitios, donde hay más gente, eso se puede trampear. Puedes darle tu código a alguien y que esa persona fiche por ti», explica. 

En la pastelería Sucre, la caja es de momento, el único control horario
En la pastelería Sucre, la caja es de momento, el único control horario

En este hotel se ficha desde hace un año

César Sánchez Ballesteros, director del Hotel Bahía de Vigo y presidente de Feprohos, la patronal de hostelería de la provincia de Pontevedra, cuenta que en su caso se han adelantado a las medidas que ahora son obligatorias. En el establecimiento que él dirige, y cuya plantilla ronda el medio centenar de trabajadores, empezaron hace un año, tiempo que les ha servido para rodar el sistema. «Nos anticipamos a este tema. Curiosamente, alguna de las ventajas que tiene el control horario es que es una ayuda en la gestión. Es un incordio pero genera mejoras», reconoce. Ballesteros se refiere sobre todo a empresas grandes o medianas que están informatizadas. «Por ejemplo a la hora de hacer las nóminas nos facilita la labor. Pero es verdad que en la hostelería familiar no deja de ser una complicación aunque tampoco genera mayores problemas porque los que haya, se arreglan entre ellos». El profesional reconoce que el sistema de fichaje viene muy bien «porque en la hostelería tradicionalmente siempre se han hecho muchas más horas que las que se deberían hacer». Como representante del sector ha recogido una queja general que es el poco tiempo que han tenido para implantar el modelo que les permita hacer un control, ya sea mediante firma en documento o con aparatos de fichar.

Recuerda que en el Bahía existían hace muchos años las máquinas antiguas en las que los trabajadores picaban un cartón al entrar y al salir. Ahora han montado un sistema conectado a los ordenadores que se puede usar desde diferentes puestos: administración, cafetería, recepción, etc. Los trabajadores verifican la entrada no cuando llegan, sino después de cambiarse, cuando ya están listos para empezar su jornada.  

Los gallegos no cobran más de la mitad de las horas extras que hacen

Gabriel Lemos

La industria es el sector donde más se alargan las jornadas, y el inmobiliario, el que menos compensa los excesos

Si se hace caso a las estadísticas oficiales, solo uno de cada quince gallegos (unos 52.800 de los más de 812.200 asalariados que contabiliza en la comunidad la encuesta de población activa) hicieron en el primer trimestre del año horas extras en sus trabajos. La mayoría, seis de cada diez, fueron hombres. Y eso a pesar de que, al menos en el arranque del año (las cifras van cambiando en función de la temporada) ellas son más en el colectivo de empleadas por cuenta ajena.

La explicación viene por los sectores en los que más se alargan las jornadas laborales. Aunque los servicios se llevan la palma (cosa normal si se tiene en cuenta que ocupan a tres de cada cuatro personas), si se mide en términos relativos, entonces son la industria y la construcción, con mucha menor presencia femenina en sus plantillas, las ramas de actividad en la que más operarios tuvieron que ampliar sus horarios para atender picos de producción (hasta un 13 % en el caso del ladrillo).

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