Horario, ese oscuro objeto de deseo de los autónomos

Rosa Estévez
Rosa Estévez REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

Juan Salgado

Más de la mitad de quienes trabajan por cuenta propia aseguran tener jornadas de diez horas al día. La ley de control horario no les afecta, pero sí a sus empleados

07 jul 2019 . Actualizado a las 21:06 h.

Durante el primer semestre del año, 31.937 personas pasaron a engrosar el Registro Especial de Trabajadores Autónomos (RETA). La cifra puede parecer elevada, pero no lo es. De hecho, la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos-ATA asegura que es el peor dato desde el 2013. «Se aprecia una ralentización en cuanto al crecimiento de nuevos autónomos», afirma su presidente, Lorenzo Amor. ¿A qué se debe esa circunstancia? Probablemente la respuesta a esa pregunta sea compleja y esté cargada de matices. Pero seguramente tenga algo que ver el hecho de que ser autónomo resulte, en pleno siglo XXI, una apuesta demasiado dura. Aunque los más de 3,2 millones de trabajadores por cuenta propia que hay en el país empiezan este año a disfrutar de derechos recién conquistados, España no es aún un país para autónomos. Ellos se mueven en una órbita laboral extraña: como dueños de su propio trabajo, ven chocar sus derechos con las necesidades del negocio. Una colisión de la que -por ley- deben estar protegidos sus empleados. El debate sobre los horarios, encendido tras la aprobación del decreto que obliga a controlar los tiempos de trabajo, ha destapado una vez más esa condición extraña que es la del trabajador autónomo.

«Yo puedo controlar horarios, otra cosa es cuántas horas salgan». Al habla una emprendedora arousana. Una de esas que echa horas y horas alimentando su negocio. Nunca se ha parado a contabilizar su jornada, pero por los números que hace rápidamente, parece que superaría ampliamente las ocho horas diarias. No es el suyo un caso extraño, ni siquiera de los peores, teniendo en cuenta que el 28 % de los autónomos se pasan la mitad del día (entre 11 y 12 horas) pendientes de su negocio. Otro 29 % no baja la guardia durante diez horas diarias, y hay un 21 % más que calcula su jornada laboral en nueve horas. El grupo más reducido es el de quienes cumplen las ocho horas: solo el 15 % lo hace.

«Si un trabajador tuviese nuestras condiciones, se hablaría de esclavitud», apunta otro profesional autónomo. Ya ha pasado. El término se utilizó en tertulias y debates cuando, hace unas semanas, la Audiencia de Pontevedra condenó a los propietarios de una panadería que, desde enero del 2013, exigían a sus trabajadores que acudiesen a su puesto todos los días del año, a excepción de Navidad y Año Nuevo. Los afectados «se veían obligados a aceptar estas condiciones ante el temor de perder su puesto».

Oscuras tentaciones

Un autónomo, volcado en sacar adelante su negocio, puede sentir la tentación de reclamar a su trabajador el mismo grado de compromiso y entrega que él tiene. Pasa. «Hai sectores nos que hai traballadores contratados por oito horas e que fan moitas máis, sen que llas paguen e sen que llas compensen, e esa é unha práctica que hai que desterrar», afirma el presidente de UPTA, Eduardo Abad Sabarís. En todo caso, el responsable de esta organización de autónomos asegura que no son los pequeños empleadores «os que teñen maior tradición de escatimar horas aos seus empregados. Son as medianas e grandes empresas as que non compensan, non pagan ou pagan fóra de nómina», dice. Los datos lo avalan: en España se hacen 6,45 millones de horas extra a la semana, y el 43,8 % de ellas no se pagan, no se compensan, no se cotizan.

Pero los autónomos que tienen trabajadores a su cargo deben cumplir el decreto que ordena registrar las horas de jornada. Y eso generó, hace unos meses, un tsunami de quejas, dudas, sospechas y lamentos entre este colectivo. Los autónomos del mar, sujetos a los caprichosos horarios de las mareas o de las jornadas de pesca, acusaban al Gobierno de desconocer su realidad y la de sus tripulantes. En tierra, crecían las dudas sobre cómo registrar la jornada, sobre las pausas que hay que computar, incluso sobre lo que es y lo que no es tiempo de trabajo. Desde UPTA hacen un llamamiento a la calma, aunque consideran que «neste tema, o ministerio pecou de precipitación cos pequenos. As grandes empresas teñen recursos para abordar esta cuestión, pero as pequenas, e os autónomos, téñeno máis complicado». Aunque hay sistemas «fáciles e gratuitos» para el registro de la jornada, la forma en la que se llevó a cabo la implantación de esta norma ha generado «unha alarma innecesaria», y ha alimentado la sensación de desamparo del colectivo de autónomos.

«Todo tería que ser feito dunha maneira máis didáctica, e nós pedimos que durante o primeiro mes, a Inspección de Traballo, en vez de sancionar, informase, explicase as obrigas», apuntan desde UPTA. No ha sido así. A comienzos del mes de junio, los inspectores estaban comprobando la implantación del registro de la jornada laboral en peluquerías, bares y pequeños comercios gallegos, muchos de ellos asentados en zonas rurales. El pasado fin de semana, en Ribadeo, inspectores de Trabajo irrumpieron en locales de hostelería para comprobar, entre otras cosas, que se estuviesen controlando las horas de la jornada.

¿Conciliar?

Al margen de los problemas operativos que lleva aparejado el control horario, este ha destapado otro debate: la dificultad con la que se encuentran los autónomos a la hora de conciliar. Las principales organizaciones de estos trabajadores encuentran ahí uno de los retos a afrontar a corto plazo. «Para nós é unha cuestión prioritaria, e a solución ten que ir pola racionalización dos horarios», explica UPTA. Piensa, sobre todo, en el pequeño comercio, sobre el que esta entidad ha elaborado un informe que llega a la conclusión de que «o problema deste tipo de negocios non é o tempo que boten abertos, senón a eficiencia dese tempo. Hai que estar aberto cando a xente compra, e pechar cando non hai ninguén na rúa», concluye.

Santi M. Amil

Sandra Ferro. Le Carrousel, Ourense

«Desde que tuve a mi hijo intento ajustar las horas»

El pequeño comercio no atraviesa por sus mejores momentos. Dicen las estadísticas que la mayor parte de los negocios que abren en nuestras ciudades acaban cerrando antes de cumplir los dos años. Por eso, que Le Carrousel (Ourense) haya soplado las ocho velas es todo un éxito. «Si hago una lista de todos los negocios que abrieron con nosotros, creo que comprobaría que son muy pocos los que siguen funcionando». Habla Sandra Ferro, la responsable de un comercio de ropa femenina al que ha dedicado mucho esfuerzo, mucho trabajo... Y un número incontable de horas. «Sacar adelante un negocio no es fácil. Hay que ser muy cauto, calcular bien los pasos que se van a dar... Y ponerle mucho tiempo», dice. Las horas de trabajo «son infinitas», porque «ser mujer, autónoma y madre es un triple salto mortal».