El capitán de un barco británico justificó haber participado en un fraude porque no podía tolerar tener que devolver pescado muerto al mar
13 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Es lo que siempre han sostenido los marineros gallegos: que tener que devolver muerto al mar pescado capturado porque no se dispone de cuota suficiente es un pecado, un horror, un despropósito, algo sin pies ni cabeza, surrealista... Para el británico George Anderson resultaba «repugnante». Y así lo declaró ante el Tribunal Superior de Edimburgo, donde se le está juzgando como uno de los 17 capitanes de pesca imputados en un fraude millonario por comercializar arenque y caballa que, por ley, no habrían podido desembarcar, dado que ya habían agotado las cuotas asignadas por la Unión Europea (UE).
Sin embargo, lo hicieron. Según informó el canal de televisión escocés STV, entre enero del 2002 y marzo del 2005, George Anderson y otros 16 profesionales descargaron ilegalmente capturas por valor de 47,9 millones de euros, ejemplares que fueron procesados en la planta de Shetland Catch Limited, de Lerwick (principal puerto de las islas Shetland, en Escocia). Los patrones de pesca ya han recibido la orden de devolver los cerca de tres millones de libras esterlinas de los 17 que el juez estima que ganaron ilegalmente, pero todavía no se les ha impuesto sanción económica. La cuantía de la multa está todavía por decidir. Antes, el magistrado quiere escuchar la versión de los inculpados. Y estos lo han ido haciendo a lo largo de este mes y del pasado. David Hutchison, patrón del Charisma, expuso que lo único que pretendía era apoyar a la comunidad local, puesto que como Noruega e Islandia pagaban más por las capturas, desembarcar en Shetland se hacía menos atractivo, con todo lo que eso supone para las actividades vinculadas al sector pesquero.
Hamish Slater, del Enterprise, se quejó, a través de su abogado defensor, de que se les estaba causando un enorme perjuicio al limitarles las capturas justo cuando el precio de la caballa y el arenque se había disparado. Y George Anderson manifestó su repugnancia por tener que tirar al mar pescado muerto. Así, por esos escrúpulos, el capitán del Adenia, «no tuvo más remedio que volver a puerto con el pescado capturado por encima de la cuota», justificó su abogado. Si no declaró el desembarco total fue solo por evitar que los ejemplares de bajo valor comercial consumieran su cuota.
Excusas
Por lo demás, otras excusas que han escuchado los miembros de la corte de Edimburgo no difieren mucho de las que ofrecen los pescadores gallegos cuando se lamentan de tener que tirar por la borda ejemplares de un valioso pescado: que si Islandia y Feroe se han saltado todos los acuerdos y autoasignado un cupo acorde con las necesidades de su flota; que si se trata de una pesquería estacional y que es la única oportunidad de rentabilizar una actividad que apenas da para cubrir gastos; que si tirarlo por la borda ya muerto no es pesca sostenible, porque ya está muerto... Coartadas que Bruselas, impávida, ha oído por activa y por pasiva.
Pero por más pretextos que den los patrones británicos, el juez parece tenerlo claro. Repugnancia, puede, pero según recogió la STV, tiene claro que tanto Anderson como los 17 actuaron movidos por la codicia.