Las botellas de Thomas Jefferson o el mayor fraude de la historia del vino

SABE BIEN

Thomas Jefferson fue embajador en Francia; allí encargó 250 botellas de Chateau Lafite, una colección de blancos míticos que sobrevivió a la Revolución Francesa y a varias guerras escondidos sin etiqueta. El coleccionista Bill Koch creyó comprar estas reliquias, pero lo engañaron. El fraude se cuenta en un libro y en unos meses se llevará al cine

19 abr 2015 . Actualizado a las 08:45 h.

Matthew McConaughey será en la ficción Bill Koch, un multimillonario estadounidense que se encaprichó de un vino francés legendario y se convirtió en la víctima de una de las mayores estafas de la historia. Pagó el precio más alto en una transacción enológica por varios Chateau Lafite del año 1787 con unas iniciales que coincidían con las de Thomas Jefferson y que supuestamente eran la prueba de que formaron parte del lote de 250 botellas que el tercer presidente de los Estados Unidos compró en Francia. A pesar de este fraude, las botellas asociadas a esta historia siguen vendiéndose a precios astronómicos. De hecho, en el 2012 otro coleccionista americano abonó 90.000 euros por otra.

¿Qué tiene esta etiqueta para ser tan codiciada? Siglos de leyendas e historias que algunos comienzan a cuestionar, pero también un origen único. Para empezar se produce en la región francesa de Sauternes, al suroeste de Burdeos, y los entendidos aseguran que es uno de los mejores vinos blancos dulces del planeta, ya que se elabora a partir de uvas doradas de la variedad semillón que están afectadas por las condiciones climáticas de la región, por un hongo que deshidrata los granos concentrando poderosamente el azúcar. La recolección se realiza racimo por racimo y el proceso de elaboración del vino permite conservarlo durante cientos de años. Aunque las que más se codician en las subastas llevan las iniciales de Thomas Jefferson, está por ver cuáles son las verdaderas.

Este dilema y esta historia sirvió a Benjamin Wallace para escribir un súper ventas titulado The Billionaire Vinegar, una obra que se podría traducir como El misterio de la botella de vino más cara del mundo y que no tiene versión española, pero que será la base del guion de la película que rodará McConaughey en unos meses.

El libro cuenta como Koch compró a Hardy Rodenstock, otro riquísimo buscador de antigüedades enológicas, cuatro botellas de este burdeos marcadas con la fecha 1789 y que llevaban la inscripción T. J., algo que las convertía en un objeto de lujo y sobre todo de culto. Desde hace años corren ríos de tinta en torno a esta partida de blancos y son diversos los medios, como The New Yorker, que citan a otros famosos compradores (Christopher Forbes, entre otros) de una añada estrella en el catálogo de Christie´s. 

Jefferson fue un bon vivant aficionado a los mejores vinos que desarrolló su paladar entre el 1785 y el 1789,  aunque no fue el único presidente que coleccionó buenos caldos según retala Wallace, que apunta a que los vinos adquiridos por Franklin inspiraron a Jefferson e incluso buscó en Francia al mismo proveedor. Koch creyó encontrar cuatro de estas botellas y pagó medio millón de dólares en el año 1988 a Hardy Rodenstock, un millonario alemán que hizo fortuna como editor musical y que presumía de haber bebido más añadas del mítico Château d´Yquem que el mismísimo propietario de la bodega y que perseguía por el mundo botellas de este vino dorado anterior a la filoxera que asoló la comarca a partir de 1863. 

 Koch denuncia desde el 2006 que todo fue un embuste y aunque llegó a un acuerdo por este fraude, sigue persiguiendo a falsificadores de botellas antiguas. Hasta contrató a Jim Elroy, un agente retirado del FBI, que investigó a fondo a Rodenstock. En sus pesquisas recurrieron a pruebas de carbono 14 para tratar de datar las botellas y confirmaron sus sospechas al descubrir que las marcas de vidrio se habían conseguido con bisturís de un dentista. El ganador de un Óscar dará vida en la ficción a Koch, un personaje singular, que además de una gran bodega atesora obras de Picasso, Modigliani, Renoir, Rodin, Degas, Chagall, Cézanne, Monet, Miró, Dalí, Léger o Botero. El libro sobre el fraude de las botellas de Jefferson revela que hay una clase de negociantes del vino que durante siglos han alimentado los deseos de buscadores de rarezas o caprichos, como Koch. Cuenta que hasta el extremo de mezclar vinos franceses y españoles de diferentes años e incluso con destilados. Todo para conseguir una paradoja: «Vinos de poca reputación que terminan siendo los más sofisticados». Ninguna novedad. El escritor de vinos Warner Allen apunta que ya lo hacían los romanos.

Hardy Rodenstock. El vendedor 

 

Alega que alguien le guió hasta un lote de los vinos de Jefferson, que después vendió a Koch, tapiado durante años para protegerlo de los  nazis en París

Bill Koch. El comprador 

 

Años después de que Christopher Forbes comprase uno de los Lafites, el californiano Koch pagó el mayor precio de la historia a Rodenstock

Bejamin Wallace. El novelista 

 

«A veces un catadores como Broadbent aseguraban ver a una mujer en cada vino especial: un Petrús del 79 era como Sofía Loren»

Warner Allen. Escritor de vinos 

«Mezclar vinos de poca reputación para lograr botellas que terminan siendo sofisticados ya lo hacían los romanos» («Una historia del vino»)