La raza humana es una sola

Completan la edición de «Las máscaras de Dios», de Joseph Campbell, cima de la historia comparada de las religiones

El viaje de Campbell inicia sus pasos en la prehistoria -en la imagen, el dolmen de Axeitos- y llega al arte contemporáneo -a la derecha, boceto de Picasso para el «Guernica»-
El viaje de Campbell inicia sus pasos en la prehistoria -en la imagen, el dolmen de Axeitos- y llega al arte contemporáneo -a la derecha, boceto de Picasso para el «Guernica»-

Redacción / La Voz

No parecen doce años suficientes para levantar un monumento al pensamiento universal de la dimensión de Las máscaras de Dios. Solo alguien con el bagaje acumulado del investigador estadounidense Joseph Campbell (Nueva York, 1904-Honolulu, 1987) puede lograr manejar esta ingente erudición y articularla con tanta soltura, creando un discurso lleno de sabiduría, belleza y sentido común, hasta edificar una gran conclusión que es el eje de sus estudios y, diríase, de todo un periplo vital: la raza humana solo es una, no solo desde el punto de vista biológico sino, y sobre todo, en su historia espiritual. Ahora, el sello gerundense Atalanta acaba de concluir la publicación en cuatro tomos de este ensayo que rescata un título que se hallaba ya descatalogado en los fondos de Alianza, y recupera actualizada la traducción que entonces, hace más de veinte años, llevaron a cabo Isabel Cardona y Belén Urrutia.

Que la mitología es algo que concierne a la vida del lector, aunque se prefiera obviarlo y mirar en una pantalla cómo estallan las gominolas de colores, resulta insoslayable, no se puede pasar por alto. Por mantener el ejemplo en el ámbito de lo gráfico, solo hay que ver esta bella edición pilotada por Jacobo Siruela y encontrarse con el dolmen de Axeitos -localizado en el municipio de Ribeira- que ilumina las guardas del primer volumen y más de 3.000 páginas después toparse con la reproducción que cierra el aparato de ilustración del libro: una Minotauromaquia, un grabado de 1935, de Picasso, artista que nació para la pintura durante su infancia y adolescencia en la primera mitad de la década de 1890 en la ciudad de A Coruña. Es decir, el objeto de la mirada de la obra alcanza a las sociedades prehistóricas y avanza hasta sus evoluciones en el arte contemporáneo. Y de algún modo muy cerca del lector.

Los estudios de religión comparada de Campbell, su indagación de los mitos, de los símbolos, de las costumbres, de la imaginería, en las más diversas civilizaciones a lo largo del planeta (y de la historia), lo llevaron a confirmar una idea que latió desde siempre en sus investigaciones e intuiciones antropológicas, y que viene a ser que existen unos patrones que se repiten tozudamente en las imágenes y representaciones de cada ámbito, por muy aislado que esté, y que demostraría que los miedos atávicos, las necesidades, las aspiraciones, las búsquedas son en buena medida las mismas en todo hombre, pertenezca al pueblo que pertenezca. Y apunta Campbell que no hay razón para que hoy y en el futuro esos arquetipos no sigan repitiéndose, renovándose, porque la humanidad, pese a la hegemonía de lo digital, habrá de idear una nueva mitología que, entre el consciente y el inconsciente, le facilite un asidero, explicaciones que den sentido y confort a la vida (de cada individuo).  

Cuatro tomos

Los cuatro volúmenes organizan este apasionante viaje alrededor, respectivamente, de la mitología primitiva, la mitología oriental (las religiones de Egipto, la India, China y Japón), la mitología occidental (arte, cultos y textos de la civilización europea) y la mitología creativa, el tomo que cierra este ambicioso proyecto y que ya no se ocupa de las directrices teológicas de una élite sacerdotal sino que analiza el modo en que los grandes creadores del arte y de la literatura recrearon esos mitos y establecieron nuevos relatos sobre los fundamentos del pasado, sobre esa herencia.

Solo la primera entrega ha sido revisada por cuestiones técnicas, y eso no invalida el trabajo del autor. De la mano de la Joseph Campbell Foundation, los antropólogos Sydney Yeager y Andrew Gurevich han actualizado datos y teorías que han quedado superadas por los hallazgos e hipótesis habidos en la segunda mitad del siglo XX, poniendo al día de manera respetuosa un libro de 1959 con ayuda de la teoría científica del 2016. El autor ya era consciente de esos vertiginosos cambios en la reedición que hizo en 1969, en la que aludía a «una serie de descubrimientos sensacionales», como los registrados, apenas 24 meses después de la primera aparición del libro, en la garganta de Olduvai, en Tanganika, en África Oriental, que, decía entonces, «hicieron retroceder en más de un millón de años las primeras apariciones conocidas de la especie humana sobre la tierra».  

El hombre desnudo

Hay quien sigue pensando que la mitología es un campo de estudio y de conocimiento muy alejado de la vida de las personas de hoy y lo deja en un mero cuento para niños y, de verse presionado, lo confinaría al apartado de las materias que son cosa de eruditos, ratas de biblioteca y otros frikis. Tampoco es que Campbell se empeñase en hacer proselitismo a ultranza, su estilo era sosegado, en la confianza propia de quien es sabio y no tiene nada que temer, pero solía decir que era fácil deturpar el sentido el mito si se esgrimía de forma literal; ahora bien, concluía, si se desprecia (y reduce) como un fraude de profetas y mercachifles, entonces «la verdad ya ha salido por otra puerta». Es que el hombre sigue desnudo ante el misterio del ser y la abrumadora presencia del universo (¡ah!, la luz del sol y de las estrellas, tan fascinante como cegadora), y siempre buscará herramientas para interpretarse. Y nadie como Campbell en el papel de guía para un viaje que es ley de vida.

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