José Manuel Gil es uno de los socios de la SAT de Cores, en Ponteceso. Su principal preocupación es el valor que se fije en el contrato. Para este ganadero, lo principal es que «o prezo debe cubrir gastos», pero no tiene nada claro si eso ocurrirá. Si se deciden por tomar como referencia lo que ocurre en Francia es posible que siga habiendo problemas. Este profesional considera que habría que pagar 36 céntimos y calidades, sobre todo teniendo en cuenta la subida de los piensos. El kilo ya supera en tres céntimos el precio de la leche. José Manuel Gil cree que «o contrato tanto pode ser beneficioso como prexudicial», aunque considera que lo más positivo es que permitirá la estabilidad. Cada empresario sabrá cuánto ganará cada mes y podrá amoldarse a eso. Ese conocimiento facilitará el control de los costes de producción. Este ganadero produce leche de la mejor calidad y se queja porque la industria domina completamente la situación. Le han quitado la prima por producir mejor y también por la cantidad, por lo que cobra igual que una granja pequeña, que, además, no tiene las mismas condiciones sanitarias que él. Para Domingo Tuset, que produce en Paiosaco unos 300.000 kilos de leche al año, lo peor es la falta de información. También sitúa entre los 34 y los 35 céntimos el precio que se debería cobrar por un litro de leche. Se muestra muy desconfiado en lo referente al contrato. Considera que las industrias, que en muchos casos son multinacionales, seguirán gobernando el sector. De hecho, sentencia que después de la entrada en vigor del decreto lácteo «imos quedar no mesmo». Su mayor preocupación es la subida de los costes de producción. Señala que los piensos son cada vez más caros y eso hace que también se incremente lo que piden por los abonos. Para este ganadero larachés, uno de los motivos por los que se ha puesto en marcha el decreto es la proximidad de las elecciones municipales. Señala que con esta apuesta «queren que pensemos que están a facer algo», pero es muy pesimista. Como otros muchos profesionales del sector echa de menos información fidedigna sobre este tema y que algún responsable le responda a los múltiples interrogantes que tiene planteados. Lo que quita el sueño a José Ramón García, que tiene una pequeña granja en Tella, es que no le recojan la leche. La produce rica en grasa omega 3, lo que significa que cobra 33 céntimos por litro, además de IVA y calidades, lo que el diciembre fueron 37,6 céntimos, uno de los mejores precios de la Costa da Morte. Con lo que le pagan ahora ya está satisfecho. Dice que es suficiente para sus necesidades, que no son demasiadas. Su preocupación no es el precio, sino que pueda seguir manteniendo su granja, porque «poden pasar ser recoller». Para los ganaderos poco importantes lo fundamental es garantizar que seguirán teniendo una industria a la que vender y, sobre todo, que tendrán a quien entregar la leche. Temen que si piden demasiado los dejen en la estacada. Ese miedo hace que, según confiesa, muchos de sus compañeros estén dispuestos a ceder ante las presiones de la industria. Está convencido de que las habrá y de que el principal argumento será la amenaza de pasar de largo. Cree que lo principal es garantizar que nadie quedará al margen. Además, desconfía de que «haxa algún tongo».