¡Traigo la cartera!

La Voz

CARBALLO

06 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL DESASTRE ecológico del Exxon Valdez , en el golfo de Alaska, lo he vivido con mucha atención y especial inquietud. En 1970 -de abril a junio- había navegado por aquellos mares y pisado aquellas tierras aún casi vírgenes cubiertas gran parte del año de hielos y nieves, visitando sus hermosos e impresionantes glaciares, paseando por orillas de cauces de ríos de caudalosas, frías y cristalinas aguas, recorriendo también las pequeñas poblaciones de Seward, Valdes, Córdova, Ketchikan, o la capital del 49 Estado norteamericano, Juneau, tierras y ciudades que he considerado cercanas, como algo casi propio. Y, paradojas del destino, ahora mi tierra de nacimiento y de afecto también ha sufrido por una gestión ineficiente de un accidente marítimo, y no por la borrachera del capitán del buque, más que ninguna otra franja costera una catástrofe similar incrementada en los perniciosos y nocivos efectos de un chapapote que está cambiando radicalmente la vida de muchos marineros y mariscadores y del ecosistema de este bravo y rico mar que nos ha visto nacer y crecer.Después del desastre del chapapote, adicionado sabe Dios con qué irresponsabilidades culpables, con la incredulidad, la impotencia y la rabia que durante muchas semanas hemos sentido llegaron las promesas con las visitas de Manuel Fraga -¡traigo la cartera!-, recepciones a ministros que veían playas esplendorosas, frotamientos de manos con los cuernos de la abundancia que llegaban con ministros de Economía en visitas de un gobierno desorientado y en turismo invernal pagado por los contribuyentes, autovías necesarias, trenes históricamente reclamados, suelo industrial, infraestructuras turísticas y culturales, mejoras en la red eléctrica y de comunicaciones, gas, subvenciones a fondo perdido para las empresas perjudicadas, préstamos con interés cero....Más tarde, la realidad aprobada en María Pita enfriaría nuestras expectativas. De los 5.207 millones de euros seudoaprobados -proyectos sin consignación presupuestaria ni plazos comprometidos- para el tan cacareado Plan Galicia y de los 1.663 de la Xunta, para la Costa da Morte sólo llegarán entre el 10 y el 12% del total.Sin embargo, y sin ejercer la pasión localista que llevamos dentro, la franja costera que va desde Malpica a Muros fue, es y será la más castigada por la sucesión de mareas negras del chapapote, además de ser la más necesitada de un revulsivo económico que renueve y actualice las estructuras arcaicas históricamente olvidadas por los poderes del Estado. Está aún en nuestra memoria que los únicos medios de salvamento en nuestra franja costera hace años eran los barcos que por medio de buzos desguazaban los buques hundidos en la costa, actuaciones todas posthundimiento que ni para el Prestige valen. Poco, entiendase como ironía, se ha mejorado. Decencia política Después de lo vivido por Galicia en los últimos tiempos, en A Costa da Morte es necesario ponerse en pie y seguir reclamando constantemente si no queremos seguir con el ancestral retraso económico y social histórico y los múltiples déficits seculares. Para ello, los dirigentes locales del PP -en este caso- no pueden subordinarse en ciertos y determinados intereses a las directrices emanadas de Madrid o de Santiago si quieren mantener un atisbo de legitimidad, de credibilidad y decencia política ante sus electores, uniéndose con los dirigentes de los demás partidos políticos y empresariales o sociales en una sola voz que demande lo que a nuestra tierra le corresponde. En democracia, la política local debe hacerse para y por el pueblo que los elige directamente. Hay singulares ejemplos que pasaron a la Historia con nombre propio.