Estudió Derecho, trabajó en registros de la propiedad y en empresas de comunicación, siempre en Madrid, como urbanita confesa. Hasta que un día echó la vista atrás al pazo que su padres tenían en Meis, con un jardín que ya luce el título de Excelencia Internacional. Y decidió hacer de la naturaleza su empresa y su pasión. Han pasado cuatro años y Silvia Rodríguez Coladas es otra. Y es feliz.
La mano de obra escasea, en parte por la estacionalidad; los empresarios echan en falta profesionales cualificados y los trabajadores se quejan de horarios y sueldos
Recitales, conciertos, espectáculos, teatro y hasta un trivial sobre la autora son algunas de las actividades que se desarrollarán durante la jornada de hoy