Culto a Springsteen y a la amistad

Quince músicos tocaron anoche en la plaza do Pan, en el concierto aniversario del grupo eumés


pontedeume / la voz

¿Cómo nació Debosses? «Tomando unas cañas, como todos los grandes proyectos», responde Enrique Salvadores, cantante y guitarra, y «el más springstiniano» del grupo, según Roberto Díaz, que se incorporó más tarde, casi por azar: «El bajista se casaba y se iba de luna de miel, me pidieron si podía sustituirle y entonces me di cuenta de que conocía muy pocos temas de Springsteen y los que sabía no los tocaban, me aprendí treinta en un mes». «En mi casa se escuchaba mucho rock & roll y un día [en 1988], viendo en la tele un concierto [organizado por Amnistía Internacional, en defensa de los derechos humanos] en Argentina, que cerró Springsteen, flipé, y a partir de ahí empecé a grabarlo todo», cuenta Enrique.

Veinte años después de aquel concierto, ya hace una década, surgió Debosses. «Soy autodidacta de la guitarra y después de ver tocar una banda tributo pensé ‘por qué no montamos una’, y tenía que ser de Springsteen, pero no era fácil, tantos instrumentos...», recuerda el ideólogo del grupo eumés. A su lado estaba Fernando Carrera, que puso la batería, y en seguida enredó a su cuñado Xabier Paz, que tocaba el saxo, y a su hermana Ana para los coros. «Tenía el saxo abandonado desde hacía más de diez años y fue la ocasión de retomarlo y con él la música», apunta Xabi, hijo de Xosé Paz, Pepucho, autor de cuatro libros sobre la creación musical eumesa.

Los primeros años resultaron muy intensos, plagados de bolos, de Cantabria a Ciudad Real, toda Galicia y Madrid, donde llenaron la sala Moby Dick en vísperas del concierto del Boss de 2016, «con gente de todo el mundo», recalca Roberto. «Ahora hemos bajado el listón -reconoce-, por el trabajo, los hijos... Solemos tocar una vez al año en la sala Súper 8, en Ferrol, porque siempre han contado con nosotros, y uno o dos conciertos por las calles de Pontedeume y en un local, Freixo Café. Allí donde nos llaman vamos, con unas condiciones mínimas para que no nos salga a perder, y si es por una causa solidaria, aun perdiendo dinero».

Su público es ecléctico, como el de Springsteen. «Hay gente que después de oírnos nos dice ‘no sabía que me gustaba Bruce’», comenta Enrique. Anoche, en la plaza do Pan, se palpó la magia de Thunder Road, uno de los temas clásicos que siempre les piden sus seguidores (hay quien no se pierde ni una de sus actuaciones), y la fuerza de Working on the highway, que acaba mal, pero atrapa desde la paga del viernes por la noche. A los músicos de Debosses, la mayoría eumeses y amigos de viejo, y todos aficionados, entre los 23 años de Félix (fenés) y los 40 y tantos, les mueve el directo, pero si algo les pierde son los ensayos del lunes. «Eso no nos lo quita nadie», recalca Enrique. «Es la excusa para desconectar durante dos horas», apuntala Xabi. «Te olvidas de todo, mientras tocas no te importa nada más», zanja Roberto.

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