Natalia es una madre nicaragüense afincada en Langreo desde comienzos del pasado otoño que ve en el proceso de regularización extraordinario del Gobierno una oportunidad para formarse y dar a sus hijos «una vida mejor»
Vive en comunidad con siete «hermanas» en Pontevedra, da clases y solo viste hábito en ocasiones especiales: «Estuve en un convento de clausura, pero solo tres días. Las monjas eran buenas, pero yo no encajaba»
El jurado ha valorado «la repercusión de su obra en el contexto latinoamericano, específicamente en Centroamérica, y su compromiso con la educación en un contexto de fragilidad»