Además de relojes, chocolates, quesos y los incontables secretos que encierran sus cajas fuertes, Suiza tiene, al menos una vez al año, un lugar donde se pueden encontrar auténticas joyas. Es su salón del automóvil, donde las grandes marcas palidecen a veces frente a los portentosos carroceros con imaginativos modelos.
Juan Ares