José Luis Dorrego se muestra prudente, pero no duda de que podrá regresar a Libia. Es allí donde tiene más amigos, más que en España, reconoce, fruto de haber pasado media vida en el país: «Estoy en contacto con la mayoría y por suerte nadie ha sufrido daños. En Trípoli me cuentan que hacen vida normal, pero por las noches no salen. Cierto es que los que van en las manifestaciones no son gente que, por mi trabajo, conozca». La comunicación entre ellos es con reservas. Se ignora si las líneas están intervenidas y se teme cuánto durará Gadafi: «Una cosa es lo que se dice y otra lo que se desea. Creo que hay para uno o dos meses, porque si pasase más tiempo sería un enquistamiento de la situación», apunta. Su empresa tiene importantes intereses en Libia y volverá si las condiciones de trabajo son seguras.
Porque sabe que algún día regresará y porque el panorama es incierto, señala: «En Libia lo primero que no se puede hacer es hablar de política. Yo en 28 años no he hablado nunca de política. Si quisiera hacerlo, bastante tendría con hacerlo de mi país», dice, volviendo a sonreír.
José Luis Dorrego reconoce que el conflicto lo cogió por sorpresa: «Había notado algunas cosas que me daban a entender que había cierta inquietud, pero no hasta el punto de que se pudiesen producir disparos entre la gente. Cuando salí de allí no se esperaba en absoluto que fuese a pasar algo así. Al nivel en que me muevo no se observaba ningún tipo de inestabilidad, es más, incluso hacíamos bromas en el sentido de que Libia se pudiese sumar a las revueltas que había habido en Túnez y Egipto».
EL EFECTO CONTAGIO
Abandonando un punto la prudencia de su discurso, José Luis Dorrego apunta a una de las causas que, a su entender, provocó el levantamiento: «Con el tiempo ha surtido el efecto contagio. Si no hubiesen sido antes Túnez y Egipto, en Libia no habría pasado nada. Y está el factor de que la información es cada día más accesible y la gente no puede ser manipulada como cuando solo había dos canales de televisión. Ahora está Internet, la televisión satélite... Y eso no afecta solo a Libia. La información no se puede controlar como hace cuarenta años. Aquí mismo, donde estoy, en Dubái, saben que Arabia Saudí va a ser la siguiente. Y eso sí que será grave. ¿Van a llegar las revueltas allí? Por supuesto. El efecto dominó está en marcha y, aunque sean países muy ricos, no lo son suficientemente como para que todos los habitantes sean ricos».
UN PASTEL ENORME
Aunque sin entrar a hablar de política, José Luis Dorrego no obvia una circunstancia: «El pastel del petróleo en Libia es enorme. Es un crudo de muy alta calidad, ligero y próximo. Además, Libia estaba siendo un polo de atracción para toda África. Atraía a gente que venía a trabajar de los países vecinos. El turismo y sobre todo la construcción también estaban tirando del país».
EL FUTURO
Para Dorrego, la solución al conflicto en Libia pasa obligatoriamente porque se pongan de acuerdo todas las facciones del país: «No creo factible que gente de Bengasi venga a gobernar a Trípoli. Tendrán que decretar un alto el fuego y negociar. De una forma u otra tendrán que ponerse de acuerdo las ciudades del este y el oeste». Tras unos instantes de pausa, lanza una reflexión: «Lo curioso es que aquí me preguntan cómo es posible que habiendo en España cuatro millones y medio de parados, con la juventud española sin futuro, cómo no hay también una revuelta. Nosotros vivimos del otro lado, pero desde luego también tenemos lo nuestro».
Una ciudad en crecimiento. José Luis Dorrego, a la izquierda, observa a su hija, que también ha residido varios años en Trípoli, con la ciudad emergente al fondo |