«Queremos que quien venga a Galicia no solo pruebe, sino que conozca, que pise el terreno y escuche a las personas que están detrás del producto», indica Manuel Costiña, de Retiro da Costiña
18 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Minutos antes de las seis de la tarde decidí levantarme de la mesa y empezar con las despedidas. «¿Ya te marchas? Pero si ahora viene lo mejor», dice Manuel Costiña. Está al frente de un restaurante con dos estrellas Michelin en el que se muestran encantados de que prolongues la sobremesa. No es de esos sitios que percibes que hay que ir marchándote. No, aquí les fastidia si te vas sin acabar la experiencia total. Se celebraba la última jornada antes del verano del proyecto Cociñando Galicia, que incluyó la presencia de varios chefs destacados, un bodeguero de referencia, y la quinta generación de la firma Brugal, entre otros alicientes. Tiene un carácter solidario porque con cada comida se contribuye a un fondo destinado a ACEM (Asociación Compostelá de Esclerose Múltiple, Párkinson e ELA). Es uno de los pilares de esta completa iniciativa que busca poner en valor los productos de Galicia. «Esto no va solo de cocinar, va de entender de dónde viene todo y respetarlo. Queremos que quien venga a Galicia no solo pruebe, sino que conozca, que pise el terreno y escuche a las personas que están detrás del producto. El objetivo es visibilizar el origen de la cocina reconociendo el trabajo del sector primario y trasladando al ámbito de la alta gastronomía el valor real de quienes hacen posible cada ingrediente», explica Costiña. A las dos de la tarde empezó la presentación de una jornada que se prolongó durante horas.
SELECCIÓN DE ESTRELLAS
Al único restaurante con dos estrellas Michelin de la provincia de A Coruña se le sumaron otras. En concreto, seis más, las dos que también tienen los hermanos Juan Carlos y Jonathan Padrón, de El Rincón de Juan Carlos, de Tenerife, y otro par de Mario Sandoval, del Coque, de Madrid. La estrella de Iñaki Aldrey, del Atempo, de Barcelona, y la de Sergio Bastard, de La Casona del Judío, de Santander, completan la constelación que logró reunir Costiña para preparar un menú único. Todo regado con los vinos de la bodega de las Rías Baixas Attis. Tanto Robustiano Fariña, copropietario de esta, como su mujer, Laura Vázquez Rojo, explicaron muy bien los detalles de cada vino con sencillez y claridad y sin extenderse en detalles innecesarios. En la mesa estuve sentado al lado de Susana Ortega Brugal, quinta generación de la familia del famoso ron, embajadora de la firma y encargada de explicar los secretos del ron en estas sobremesas de Costiña que nunca terminan. Es difícil destacar un plato entre tantas propuestas. Me quedo con el ambiente en el aperitivo que sirvieron en el espacio Taittinger y que cada cocinero fue presentando a los comensales. La almeja de Carril con godello, emulsión de piparra y crujiente de hinojo de Sandoval estaba espectacular, al igual que los pequeños trozos de picaña de vaca Cachena madurada, por citar solo algunos. Ya en el comedor continuó la fiesta gastronómica con una maravillosa vieira curada de los hermanos Padrón, el calamar, tan sabroso como difícil de explicar de Sandoval, o la merluza deliciosa de Aldrey. Sí, me tuve que ir cuando la sobremesa interminable no había hecho más que empezar, pero viajé con el buen sabor de boca de una cita inolvidable cargada de solidaridad y productos gallegos en Santa Comba.