De Valencia a Guinea haciendo dedo

Vivir viajando o viajar viviendo es un dilema que todavía no ha resuelto Brais Palmás. Este vigués ha recorrido varias veces Europa a pie y en bicicleta, pero su última aventura en África ha sido única. Viajó haciendo autostop con su compañera, Elena, y en Guinea Bisáu se quedaron a vivir cinco meses. ¿Cómo lo hacen? «Ni hoteles, ni restaurantes ni medios de comunicación masivos, solo un par de mochilas con lo básico».


Dice Brais Palmás, el aventurero que protagoniza esta historia, que no sabe si en realidad vive viajando o viaja viviendo, pero está claro que lo suyo no es estar quieto. Tiene 28 años y lleva desde los 20 dando vueltas por el mundo siempre de una manera peculiar, porque sus viajes son «autopropulsados», bien sea a pie, en bicicleta o en canoa. «Para mí es el único modo de hacerlo posible, reduciendo el gasto al máximo y no utilizando restaurantes, hoteles ni medios de transporte masivos», asegura este vigués que ha recorrido ya varias veces Europa andando y en bicicleta. Su último viaje ha sido una experiencia «brutal» junto a su compañera, Elena Baixauli, con la que arrancó desde Valencia hacia Guinea Bisáu solo haciendo autostop. «Elena es toda una aventurera que antes de que yo la conociera ya había recorrido Sudamérica, es una persona con mucho temple, y eso en este tipo de viajes es fundamental, porque sabes que uno depende del otro, no llevamos más equipaje que dos mochilas», apunta Brais. Él cargó con unos 13 kilos y ella 7, y claro, lo que lleva cada uno es necesario para su subsistencia en común: una tienda de campaña, sacos de dormir, esterillas, hamaca doble con mosquitera, una canoa hinchable, una muda de ropa, sandalias, chubasquero, filtro de agua, panel solar, equipo fotográfico, cazo, cocina de leña compacta, un juego de cubiertos; muchísimo arroz, mijo y comida deshidratada; cuatro bidones de agua y el botiquín de primeros auxilios. 

Con este material partieron haciendo autostop desde Valencia y tardaron 20 días en llegar a su destino en África. ¿Os aburrís mucho esperando a que un coche os pare? «¡Qué va! -dice Brais-, hicimos un cálculo y desde Valencia a Algeciras, donde cogimos el ferri, nos pararon 13 vehículos, pero solo dos estaban conducidos por españoles (un camionero y un hombre de 70 años que se había recorrido también el mundo en autostop siendo joven). Muchas mujeres al volante y con hijos en el coche se decidieron a recogerlos, y la mayoría -apunta Brais- terminaron llevándolos más kilómetros de los que tenían previsto. «La gente suele ser muy amable y hace un esfuerzo más. Creo que en Galicia solemos ser muy reacios a subir a alguien al coche, en cambio, en Cataluña por ejemplo te paran más. En África ya es una locura, das cuatro pasos y se te acercan para ver si necesitas algo, te llevan adonde sea».

Brais tenía el deseo de al llegar a Mauritania coger el tren de carga más largo del mundo (tiene 3 kilómetros) que atraviesa el desierto, y por supuesto, no tiene ni asientos ni ninguna comodidad. ¿Cómo ibais al baño? «Ja, ja. Te asomas e intentas que no coja ningún bache -responde a la gallega-, pero no sabes lo que es sentir ese sol fortísimo y dormir viendo esas constelaciones».

Una vez en Guinea Bisáu decidieron hacerse el visado y quedarse cinco meses en un campamento base en una aldea: construyeron su casa de bambú y desde allí se movieron por todo el país. «Si tuviera que quedarme con un momento especial fueron los 20 días en los que recorrimos el río Corubal, que atraviesa el país. Cruza zonas inhóspitas, está lleno de hipopótamos, leopardos, cocodrilos, y hay momentos en que no sabes si vas a salir con vida».

«Los hipopótamos son los animales que más muertes causan en África, tienen su cuerpo debajo del agua, solo asoman sus ojos, y si se te echan encima de la canoa, estás muerto». ¿Se le puede llamar a esto un viaje feliz? «Sí, sí, sí. Tienes que estar preparado, pero gracias a ese viaje llegamos a aldeas en las que nunca habían visto a una persona de raza blanca, ellos se autoabastecen, gestionan su salud con plantas medicinales, fue un viaje impactante». Brais lamenta la injerencia occidental que cree que en África ha hecho mucho daño y admira su manera de enfrentar el día a día. Sigue en contacto con algunas de las personas que conoció en este último viaje, «el mejor, sin duda» y ya tiene en mente el siguiente: «Será a Asia central, pero todavía no sabemos si en bici o a pie, probablemente lo decidamos en el último momento», señala este vigués hecho a la aventura. Si van en el coche y ven que los para, ya saben que Brais hace de cualquier viaje toda una vida.

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