Este verano la vas a clavar bien

YES

ANA GARCÍA

AMIGOS, ¡YES VERANO! Y vamos a dar solución al complejo teorema estival: ¿Hay forma de que la sombrilla no vuele en la playa? ¿Podremos dejar de hacer hoyos, equilibrios y descansar por fin en la arena? Solo daré una pista: el tema tiene mucho meneíto...

30 jul 2016 . Actualizado a las 10:57 h.

Es la imagen significativa del verano, una de las que más se repiten, la que da sentido a un día de playa. Ese momento en que estás tumbada en la arena y tu sombrilla se echa a volar dando vueltas y vueltas a lo loco, mientras tú te levantas desesperada, con la mano en el pecho sujetando el bikini corriendo detrás de ella hasta que, por fin, alguien la para, te mira con cara de «bonita, hay que clavarla bien» y te vas a tu sitio con un solo fin: cerrar la puñetera sombrilla en lo que queda de tarde, así te achicharres. Aunque lo peor será tener que cargar con ella de vuelta al coche. ¿Para qué la habrás bajado a la playa? La sombrilla duerme todo el año en tu trastero, huele a humedad, está oxidada, o se queda apalancada en el fondo del maletero meses y meses hasta que decides bajarla a la arena. ¿Para qué? ¡Con lo que pesa! Entonces la escena que dibuja el verano es digna de filmar a cámara lenta para ver todas las posturas que tu cuerpo da de sí. Empieza el baile a lo Chikilicuatre. Uno. El Molinillo. Sabes cuál es ¿no? Ese movimiento en el que parece que bailas «bate que bate, el chocolate», «mayoneessa, ella me bate como haciendo mayonesa» con el palo de la sombrilla en la mano. Gira y gira, pero no eres capaz de clavarla bien por más círculos que hagas en la arena, que a este ritmo encuentras petróleo. Hay que resolver de otra manera. Así que levantas la cabeza, miras a un lado y a otro, primero para ver si alguien te observa cómo haces el ridículo y te decides, como homo sapiens veraniegus, a buscar algo con que darle golpecitos al maldito palo de la sombrilla. ¿No hay una piedra grande en esta playa? Pues parece que no. Vale, rebuscas en la bolsa de la playa, abres el neceser y con el bote de crema de protección 50 golpeas y golpeas dando forma al segundo movimiento. Dos. El martillo. Qué meneíto. Pero nada de nada, la sombrilla no se clava. Segundo round, ánimo. No te vengas abajo, sigue, piensa, hace 30 grados, sudas la gota gorda, la sombrilla sí tiene sentido en Galicia, para algo la tienes entre las manos. Lánzate a por el tercer movimiento, casi lo consigues, ¿o será que te está subiendo el calor a la cabeza? Tres. El perrito. Y ahí te ves escarbando en la arena, de rodillas y con el culo levantado, con un único fin en las dos horas de sol que tienes por delante: hacer un agujero más grande para meter el palo de la sombrilla. Aunque entre este oleoducto y el anterior en cualquier momento te vienen los del Concello porque no tienes licencia de obra. Vale, te has pasado y en este hueco caben cuatro palos enteros, lo que te lleva a ir rellenando como puedes el hoyo de nuevo con la arena. Pero la sombrilla, querida, todavía no está bien clavada, al menos es lo que percibes cuando abres el paraguas gigante y un huracán se va directamente a las varillas, que se retuercen como un dolor de estómago. El que te está dando a ti (y a mí también) como no se aguante la dichosa sombrilla.

CRIS Y SU FAMILIA, TIENDA DE CAMPAÑA

ANA GARCIA

Así que te vienes abajo, abajo, abajo, y de repente vives como un liliputiense, con tu sombrillica pequeñita, pequeñita, bajita, bajita para que no te la lleve el viento. Pero aún queda un movimento ingenioso. Cuatro. La Torre de Pisa. Sí, la sombrilla está casi pegada al suelo, y se te ocurre la brillante idea de darle tu toque, a lo Alessandro Della Gherardesca, e inclinas el palo. Listo, parece que estás salvada, puedes estirar por fin la toalla, pero cerquita del palo. Ojo, porque aún no te fías, noooo, y como el viento es libre como el miedo te aseguras tú a la sombrilla, ¿cómo? ¡Pues sujetándola con una mano mientras intentas tomar el sol! Con la sombrilla no hay descanso, ¿o no ves a ese tipo a lo lejos? No está esperando el autobús, ni que lo vengan a recoger, pero ahí lo tienes, de pie, con el brazo estirado cuidando de su sombrilla para que no vuele como la tuya. Ahí va, vaaaa, que se te escapa. Corre, levántate, agárrate el bikini y disimula, que viene el último movimiento. Cinco. A palo seco. Así te has quedado tú, después de cerrar la parte colorida de la sombrilla, con el palo blanco oxidado, pero por fin bien clavado en la arena. Y ahora, YES, empieza nuestra oda de verano a la sombrilla.

IRENE Y COMPAÑÍA, PARAVIENTOS  

ANA GARCIA

Está comprobado que la sombrilla es un arma de destrucción masiva en el verano, por eso hay personas que han optado por darle un giro total, y no me refiero a ese pincho que se ha puesto de moda para clavarla en la arena, cuando la bajan a la playa. Algunos directamente no la llevan. Es lo que le pasa a Cris Álvarez y a su familia, en la imagen de la página anterior, que se han hecho fieles a las tiendas de campaña medio abiertas que ahora inundan las playas. «Todo empezó por los niños, a ellos les encanta jugar con ellas, también en invierno, porque les sirve de escondite, y a partir de ahí comenzamos a llevarla a la playa y no la soltamos», explica Irene.

Para ella, lo mejor es su funcionalidad, porque les permite guardar las mochilas, les hace la mayoría de las ocasiones de gran despensa, y además de darles sombra, sus hijos se lo pasan pipa entrando y saliendo. «Lo que nos convenció totalmente es que aunque salga volando no hace daño, no es como la sombrilla». Irene reside todo el verano en Malpica, por eso sabe bien lo que puede dar de sí el viento. Ni siquiera la tienda de campaña aguanta los embistes huracanados y casi todas las tardes que bajan a la playa terminan poniéndole saquitos de arena para sujetarla. En el norte de Galicia es difícil ver arenales abarrotados de sombrillas, como en las Rías Baixas, de ahí que proliferen otras opciones, dejando a un lado el pinar, para dar sombra. O cobijo.

Solo hay que mirar para arriba. Delante tienen a Kiara, de 9 años, y a Nerea, de 7, y detrás a sus padres, Irene y Pablo. Ellos son fans absolutos del paravientos, al estilo portugués, en los días de sol. Toda la familia es habitual de las playas más abiertas, sobre todo de Caión y Baldaio, donde -dice Irene- tienen espacio para caminar y las niñas unas charquitas naturales que hacen sus delicias, sin tener que meterse en el océano bravo. Allí, en Baldaio, la familia se despliega... a lo ancho, con esos cuatro palos sencillos unidos a la tela, que Irene no recuerda ni cuando compró. «Lo tengo desde hace muchísimo tiempo, pero no sabes tú la utilidad que le doy: a veces en forma de L, y otras estirado, pero nos ampara del viento y no es peligroso».

Ella hace años que no usa la sombrilla -«desde que las niñas eran pequeñas»- precisamente por la carga que supone llevarla para, total, acabar cerrándola. «En esta zona es imposible, al final tienes que tenerla muy bajita y aquí el sol no es para tanto, lo peor, sin duda, es el viento». Esa es, en efecto, una de las esencias del verano del norte, tal y como nos relata Cristóbal García, responsable de Deportes de El Corte Inglés de Marineda City. Él llegó destinado de Vigo y lo primero que notó fue que en A Coruña las sombrillas no volaban... de la caja.

CON EL PINCHO INCORPORADO

«Hay mucha diferencia con el sur, aquí se venden menos, pero la última tendencia apunta a las que llevan el pincho incorporado para clavarlas en la arena sin tanta dificultad». Su experiencia se abre a un mundo infinito de varillas, telas y anclajes, pero no duda en señalar que en la actualidad existen unas de tres cuerpos, más pequeñas, que apenas pesan y son las favoritas de los que se tumban solos en la arena. «Son muy cómodas, la gente las lleva a cuestas sin problema en el autobús o andando», indica. También son tendencia las sombrillas clásicas con unos salientes a modo de orejas, que se sujetan mejor a la arena y otras de 2,20 metros que se tumban de lado. Cualquier cosa antes que quedarse con el palo en la mano.

¿El secreto para clavarla bien? «Optimizar el pincho, clavarla muy adentro en una zona de arena no batida y que el perímetro de la sombrilla no sea descomunal», asegura Cristóbal, maestro sombrillero. Pero, amigos, sacarse el teórico es fácil, el práctico, sin embargo, nos lleva por la arena de la amargura cada verano. Y eso que todos tenemos una sombrilla maravillosa guardada en nuestro recuerdo. La de mis padres, aún la estoy viendo, tenía el fondo naranja con flores verdes y blancas y lucía hermosa en la Costa del Sol en aquellos veranos de los ochenta. Como hoy en el sur de Galicia. Allí, desde Sanxenxo, Susana, de la perfumería Cuqui, no se cansa de despacharlas en pleno paseo marítimo. «Aquí las que más vendemos son las lisas y las de rayas; en especial si van a juego con las sillas». Ay, las sillas. Eso nos daría para otro YES en una análisis profundo, a partir de la tipología playera que les da uso. Pero hoy lo dejamos aquí, que ya le hemos dado un buen meneíto al tema. Clávenla bien este verano. Y sean felices. Yo los seguiré de lejos bajo una sombrilla, que, por fin, llegan las vacaciones.

LO ÚLTIMO DE LO ÚLTIMO EN SOMBRILLAS

1. ¡Protege y broncea!

Este privilegio para la piel ya existe. La sombrilla protectora ejerce la función de filtrar las radiaciones solares consiguiendo que estas lleguen en la proporción adecuada para broncear tu piel. ¡Vaya lujo! ¿Te apuntas a un moreno a la sombra del sol?

2. Recarga el móvil

Esta sombrilla dispone de unos paneles solares flexibles que recogen la energía del sol. ¡Lo nunca visto! Ya no tienes que preocuparte de llevarte el cargador inalámbrico porque ahora ya viene con sombrilla. Disfrutando ahorrando. Si no puedes desconectar, conéctalo. Y que la buena sombra te acompañe.

3. Tu microclima

Los sueños se hacen realidad. Un día de calor intenso, sofocante y no te apetece ni moverte de tu tumbona. ¡Solucionado! Para sombrillas, esta que posee un nebulizador de agua que ayuda a mantener fresquito el ambiente. Además ofrece un sistema LED integrado.

4. La ecológica

Ya no estás en Galicia, sino en el Caribe, a la sombrita de una cabaña. Este modelo para procurarte sombra es de estética ecológica y tropical. Está diseñada con un toldo de rafia y por dentro es de aluminio. Trasládate a otro mundo en busca de un verano eco.

 5 Con sombra propia

Puestos a soñar con tumbarse al sol, ¿qué tal una tumbona que incluye sombrilla? ¿Te la imaginas? Pues ya existen. Estas tumbonas individuales para la piscina cuentan con una sombrilla en forma de hoja o vela. Si eres de esos a los que no les gusta cargar con todo y te va más el dos en uno, ¡esta es la tuya!

6. Sombrilla cámping

Olvídate de las sombrillas redondas. Puedes pensar en otras con forma de tienda de campaña. O no... El diseño lo decides tú, ya que son extensibles. Pero con estas sombrillas puedes hacerte un minitejado bajo el que no quedará ni un pie de fuera.