Los vecinos de la parroquia de Forcadela sufren desde el 1 de agosto una nueva plaga de insectos. Un restaurante tuvo que cerrar
15 ago 2025 . Actualizado a las 02:46 h.Los vecinos de la parroquia de Forcadela, en Tomiño, llevan trece días de tormento. Desde el 1 de agosto y en plena ola de calor, una nueva plaga de moscas les ha impedido desarrollar su vida con normalidad. «Había tantas que se podían coger con la mano», aseguran.
La plaga «puntual e localizada», según el Concello tomiñés, surgió de una finca mal abonada. Los propietarios habrían acumulado abono en la finca sin ararla y, en consecuencia, las moscas atraídas por el estiércol al descubierto anidaron ahí. El foco se desplazó afectando a los vecinos con viviendas colindantes.
Ana Belén Rodríguez es la propietaria del bar La Bodega Los Rodríguez y una de las principales afectadas de la plaga. «Llevo trece días llamando a las instituciones reclamando ayuda», afirma desesperada. Ella abre su establecimiento de viernes a domingo. El primer día del mes, a su llegada al local, se encontró con muchas reservas y una plaga. «Podría haber sido una sorpresa, pero no lo fue, llevamos arrastrando esto los últimos cuatro años», denuncia. Ese fin de semana, del 1 al 3 de agosto, esperando que no fuera del calibre que fue, se metió en su restaurante armada con espray matamoscas y cerrando las puertas y ventanas a cal y canto su local. «Teníamos todo cerrado, el aire a tope y controlábamos las veces que se abría la puerta». Viéndose incapaz de hacerle frente a la situación abrió en horario reducido para no cancelar todas las reservas que tenía en la agenda, sin poder utilizar la terraza. Sin embargo, repetir la estrategia de control y limitarse al interior el pasado fin de semana fue «simplemente impensable».
Según Ana Belén Rodríguez, esta plaga de casi quince días es la peor que recuerda de los últimos años. «No podías hacer nada, intentabas algo y no dabas hecho, no podías», resume impotente. Relata que la cantidad de moscas era tal que no había forma de deshacerse de ellas. Por todos lados, el suelo, el techo, las mesas de su local... «Al desplazarte, había tantas que las podías agarrar con la mano, incluso las ibas pisando al caminar». Y añade: «El techo de mi establecimiento es blanco y estaba todo negro», asegura con rotundidad. Esta afectada que reside en O Rosal se cansó de llamar y reclamar ayuda para su local, por lo que el fin de semana pasado no trabajó, no por gusto ni vacaciones, perdiendo dinero en plena temporada turística.
Otros vecinos corroboran el suplicio de los últimos días y comentaban ayer que, afortunadamente, desde el martes el problema es menor. Un tractor vino a labrar la finca, lo que ha reducido notablemente el número de moscas.
La hostelera llamó a la Xunta, Concello, Seprona, Guardia Civil... «Todos se limitaron a mandarme a preguntar al anterior» denuncia. No tienen claro de quién es la responsabilidad de este asunto recurrente en la zona desde hace años. El Concello, en un comunicado, señaló ayer que, según un real decreto de diciembre del 2022, la competencia, inspección y control de las prácticas derivadas de la nutrición sostenible de las tierras, es decir, el abono de estas, recae en la Xunta de Galicia. La Policía Local inspeccionó los cultivos.