Las edades del olivo

VIGO

29 oct 2010 . Actualizado a las 10:37 h.

Si el olivo del Paseo de Alfonso fuese perfecto, daría aceitunas rellenas de anchoa. Nada sería más vigués que esa unión entre el mar y el rural. Por desgracia, la ingeniería genética aun no es capaz de obrar tales prodigios. Así que el olivo, más que otra cosa, lo único que da es sombra.

Sabemos, eso sí, que el árbol goza de buena salud. Un equipo científico le aplicó esta semana un artilugio llamado tomógrafo sónico que determinó que, con permiso de los rayos de Zeus o de cualquier ciclogénesis explosiva, al símbolo de la ciudad le quedan no menos de doscientos años de vida.

Así pues, si nos fiamos de los investigadores, el olivo será el único ser vivo que presenciará el tercer y el cuarto centenario de la ciudad. Con suerte, en su dilatada vida verá algún día caer la torre del ayuntamiento. Asistirá a la recuperación del Casco Vello y de la Panificadora. Y hasta puede que vuelva a ver el tranvía pasando ante sus mismas ramas. El AVE, por desgracia, no creemos que llegue a verlo, ni aunque viviese mil años.

Es difícil imaginar la cantidad de cosas que habrá visto nuestro olivo en su larga vida. La más curiosa es el hecho mismo de no haber sido talado, pese a haber echado raíces en el mismo centro de Vigo. Como profundo conocedor de su ciudad, y tras ver pasar a tantos concejales de jardines, debe de estar extrañado porque no lo derribaron nunca para hacer un parterre con petunias.

Nuestro olivo debe de estar curado de espantos. Con lo que no le sorprendería la surrealista comparecencia del alcalde del pasado lunes, cuando aseguró a la prensa que el árbol tenía 193 años. Los científicos, a su lado, comenzaron a silbar y a otear las Cíes en lontananza. En el estudio que le acababan de entregar no figuraba esa cifra. Ponía 157 años.

No sabemos si Caballero se inventó el dato, pero luego lo adornó con el relato histórico del olivo. Así, como recoge José de Santiago y Gómez, en su obra Historia de Vigo y su comarca , publicada en 1896, el olivo procede de un esqueje que recogió Manuel Ángel Pereira, hijo del héroe de la Reconquista Cayetano Parada, cuando fue derribado el original que estaba en el claustro de la antigua colegiata.

Como esta fue demolida en 1814, el olivo actual tendría que tener 196 años, una cifra que se aproxima a lo que dijo el alcalde. Pero resulta que es falso. Porque el informe dice claramente que tiene 157.

Luego, no puede tratarse de un esqueje del olivo primitivo, que había sido talado 39 años antes. Esta, sin duda, era la noticia. Que la historia que nos contaron no era correcta. Pero Caballero, ocurrente novelista, decidió ser creativo. Así que, aunque esto pueda traicionar la imagen que nuestro querido alcalde tiene de sí mismo, es evidente que no, que nadie es perfecto.