La cultura popular está llena de supersticiones para explicar lo que sucede durante el embarazo y remediar sus problemas
25 nov 2009 . Actualizado a las 12:06 h.Cada vez que se quedaba embarazada, la mujer sufría un aborto. Allá iban varias gestaciones fallidas. Así que, cuando volvió a quedarse preñada, su familia decidió practicar el viejo rito. Una noche la cogieron y la llevaron al puente sobre el río Deva. Un cura bautizó al feto como si ya hubiera nacido. Derramó agua sobre el vientre de la mujer y le puso un nombre.
Parece un rito cristiano, pero no lo es. Aunque se vistió de católico, viene del culto al agua propio del neolítico. En Galicia se practicó hasta no hace tanto. El médico Antonio Pereira Poza documentó los bautismos intrauterinos en el río Deva (significa «diosa»), en los municipios de Arbo, As Neves, Mondariz y A Cañiza antes de los años 60.
Ayer habló en el edificio del antiguo Rectorado sobre las costumbres relacionadas con el embarazo. La charla estuvo organizada por las matronas y auxiliares de obstetricia del hospital Xeral, para reunir a toda la tropa que trabaja o ha trabajado en los partos de Vigo. Precisamente de su papel, el de las comadronas, dijo también algunas cosas. En el rural gallego las matronas eran las parteiras , mujeres sin carrera universitaria pero con experiencia en ayudar a parir. Se dejaban crecer la uña del dedo meñique. Así, cuando hacía falta cortar, cortaban. Eran otros tiempos y otros medios.
La llegada al mundo siempre ha estado relacionada con la superstición. La cultura popular ha logrado explicarlo todo. También la gallega. En muchas ocasiones no acertaba y se disfrazaba de religioso aquello que era simple superchería. Como esa costumbre que seguían las embarazadas de no comer pulpo o marisco. Al tratarse de animales con manchas, creían que su bebé también las tendría. Claro que tampoco comían liebre o conejo, no fuera a ser que la criatura llegara al mundo con el labio superior deformado (labio leporino).
Pero había algunas otras ocasiones en las que a la creencia popular le asistía una dosis de rigor científico, aunque no fuera grande. Un ejemplo está en uno de los métodos anticonceptivos que se usaban en Galicia. Consistía en prolongar la lactancia «hasta que el niño anduviera», según el doctor Pereira: durante la lactancia se inhibe la capacidad de fecundar.
Claro que para mitos, quédense con uno. Es la mayor preocupación de los padres. Si el vientre de una embarazada es picudo y alto, viene un niño. Si es redondo y aplanado, es niña. Y ojo con la luna llena. ¿Para qué hacerle caso a la ciencia?