Heroica remontada de Carlos Alcaraz para estar en la final del Abierto de Australia por primera vez en su carrera
DEPORTES
El español superó vómitos y calambres para derrotar a Zverev en cinco sets en un encuentro que duró casi cinco horas y media. Jugará la final contra Novak Djokovic, que ganó a Jannik Sinner en la otra semifinal
30 ene 2026 . Actualizado a las 17:45 h.De pronto resucitó Carlos Alcaraz, en caída libre después de tener el partido ganado primero, pero en manos de su rival después, sometido por el malestar corporal y los calambres, y, aferrado a la pista, terminó por ganar un partido épico, con un final milagroso, al alemán Alexander Zverev por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5 para disputar su primera final del Abierto de Australia, que jugará contra Novak Djokovic. Sobrevivió el murciano, el número uno del mundo, a una montaña rusa en un maratón de cinco horas y veintiséis minutos para alargar su precoz leyenda. Estuvo primero a dos puntos de ganar en tres sets, con soltura. Pero después se hundió y estuvo a merced de Zverev, que vio el cielo abierto y un triunfo cerca con el que no contaba. Pero de pronto, emergió de nuevo el murciano, en el set definitivo, el quinto, para volver a dar la vuelta a la situación y abrazarse a un triunfo ansiado. Zverev sacó para ganar. Lo que tuvo Alcaraz en el tercer set lo tuvo el alemán en el quinto, con 5-4 y el saque. Fue cuando emergió definitivamente el español, que revolvió, resucitó y dio la vuelta a la situación. La final, para el número uno del mundo. El español se tiró al suelo y se cubrió el rostro con las manos. Después, se abrazó con su rival, que asumió la derrota a pesar de la dureza con la que abandonó la cancha.
Alcaraz, que jugará la final el domingo ante el serbio Novak Djokovic, superó cuando nadie lo esperaba el deterioro físico al que se vio sometido en el tercer set y que parecía arrebatarle una victoria casi segura. El español llegó a estar a solo dos puntos de ganar al germano por séptima vez en trece enfrentamientos y de la final que tanto ansiaba. Estaba ya condicionado, mermado, pero aún así tenía cerca el objetivo. Vencía por 6-4, 7-6(5), 5-4 y 30-30. Entonces la situación ya era angustiosa para el murciano, que no se podía mover con soltura, que arrastraba los pies, que cojeaba y que respondía y mantenía el tipo gracias al inmenso talento que acompaña su juego.
A pesar de ser asistido dos veces por los fisioterapeutas, de tratar su muslo derecho, no había una mejoría suficiente para plantar cara al alemán, que vio una nueva oportunidad, un panorama distinto y que fue en busca de un partido perdido. «Tengo calambres hasta el dedo meñique, hasta el último pelo de la cabeza», decía Alcaraz a su box. Samu López, su entrenador, le alentaba: «Estarás bien en un ratito». Lo intentó de todas formas Alcaraz, que iba disparado hacia la final, que mostró su superioridad y su gran momento en los dos primeros sets. El inicial que ganó con autoridad, el segundo, con inteligencia y madurez; después de estar 2-5 por debajo en el marcador dio la vuelta a la situación y se apuntó el parcial en el desempate.
Zverev estaba resignado a su suerte, contra las cuerdas, sin soluciones. «He vomitado un poco ahí, no sé si tengo que tomar algo; estoy tieso» Todo iba bien para el español y las alarmas se encendieron de pronto. En un intercambio se acercó a su equipo y le dijo que había vomitado un poco en la pista, que estaba tieso, que no sabía si tendría que comer algo. Parecía una situación como otras hasta que su juego bajó radicalmente. De diez a cero en un momento. Buscaba el acomodo de su cuerpo en cualquier momento, estiraba las piernas. Aún así, el talento le mantenía de cara al juego aunque no lo suficiente como para derribar al tercer jugador del mundo.
Los masajes en los intercambios aliviaron algo a Alcaraz pero no le sanaron. Conocía la situación Zverev, que no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión parar disfrutar de otra ocasión para ganar, por fin, un grand slam. El tenista alemán se quejó a la juez de silla de la atención. No es habitual atender a un jugador por calambres. No es una lesión, dijo. El panorama era angustioso. Ver a Alcaraz generaba sufrimiento en el seguidor. Impotencia. La supervivencia en el partido se convirtió en algo épico porque Zverev no daba síntomas de caída. El partido se fue al cuarto set. Era lo natural. El alemán ganó el desempate del tercero y el choque superó las tres horas. Por primera vez en la competición el murciano se dejó un parcial. Había tenido un camino impecable hasta la semifinal, intratable. Tal y como se mostró en los dos primeros parciales.
¿Dónde ver la final Alcaraz-Djokovic este domingo?
Publicidad
Después, se mantuvo en pie a la espera de una remontada física que tardaba, que no llegaba. El partido se alargaba y la respuesta corporal no estaba. Tenía ventaja en sets pero el margen se reducía. La final, que tuvo en la mano, se le alejaba. El tercer alemán en la historia después de Boris Becker, dos veces vencedor, y Rainer Schuettler, que perdió en el 2003, en alcanzar la final en Australia, entero físicamente, aplacó la leve reacción de Alcaraz que dio algún síntoma de mejoría en el cuarto parcial. Aún así, fue mejor en el desempate al que se llegó. Sostenido en su gran saque y en un estado físico que no presentaba fisuras.
Llegó el parcial definitivo. El quinto. Nunca nadie había remontado dos mangas al número uno del mundo, que había ganado catorce de los quince encuentros que había disputado a todos los parciales. Pero de entrada y con una doble falta, perdió su servicio Alcaraz al que se le nublaba cada vez más el panorama. Era cuestión de fe. De un milagro. Llegó la recuperación de Alcaraz, que volvió al partido, volvió a correr, contó con sus piernas, su ilusión y sus ganas. Se vio derrotado y resucitó. Tuvo fe. Un gran campeón. Espera Djokovic, que ha ganado en la otra semifinal a Jannik Sinner.
«Cada segundo de sufrimiento en la pista vale la pena»
En sus primeras declaraciones tras finalizar el partido, Carlos Alcaraz ha asegurado que esta victoria en semifinales ha sido «una de las mejores» de su carrera y que «cada segundo de sufrimiento» ha valido «la pena». «Cuando era más joven, había muchos partidos en los que no quería luchar más, dejaba de pelear y perdía. Odio ese sentimiento, esos pensamientos me matan. Gracias a haber madurado, jamás volveré a sentirlo. Cada paso más, cada segundo más de sufrimiento, de lucha, siempre vale la pena, y por eso lucho hasta el final», declaró en rueda de prensa, donde aclaró que «ni un segundo» pensó en retirarse a pesar de sufrir calambres e incluso vomitar en pista. Todo en, quizás, una de las «mejores victorias» de su trayectoria. «Este ha sido uno de los partidos más exigentes que he jugado en mi carrera hasta ahora. Creo que físicamente nos pusimos al límite hoy, pusimos nuestros cuerpos al límite, el nivel del quinto set fue realmente muy alto, así que estoy muy contento de haber podido ganar. Creo que ha sido una de mis mejores victorias», indicó. El número uno del mundo explicó cómo empezaron sus problemas físicos en el encuentro. «Al principio fue solo en un músculo específico, no pensé que fuera tan malo, aunque no sabía exactamente qué era. Empecé a sentir dolor en el aductor derecho, por eso llamé al fisioterapeuta. En ese momento, la pierna izquierda estaba bien. Después, con todo el estrés, no sabía qué estaba pasando. Empecé a sentir calambres. Hablé con el fisioterapeuta y él decidió pedir el tiempo médico porque le dije que al moverme hacia la derecha había sentido un pinchazo en el aductor», apuntó. «Estoy muy cansado. Obviamente, mi cuerpo podría estar mejor, pero creo que es normal después de cinco horas y media. Ahora me voy a dar un baño y a dormir», señaló. «Con la adrenalina, creo que será muy difícil dormir, pero intentaré irme a cama tan pronto como pueda», concluyó.
Además, el murciano confesó que prefiere ganar el Abierto de Australia que los otros tres 'grandes' del año. «Elegiría este. Si gano al final los otros tres, genial, pero diría que prefiero ganar este que los otros tres y completar el 'Career Grand Slam' y ser el joven más joven en hacerlo», desveló Alcaraz.