Alcaraz se recompone a los vómitos y calambres, ¿repercutirá en la final?: «Puede haber preocupación sin que sea un impedimento»
VIDA SALUDABLE
Un experto explica que los deportistas de alto rendimiento están acostumbrados a responder a situaciones muy complejas, como la que vivió el tenista en la semifinal del Open de Australia
30 ene 2026 . Actualizado a las 14:20 h.Carlos Alcaraz lo ha tenido difícil, pero ha conseguido pasar a la final del Open de Australia, después de vencer a Alexander Zverev en cinco sets, en un difícil enfrentamiento no solo con su rival, sino también con su propio cuerpo. El tenista español ha tenido que jugar con calambres, vómitos y, por descontado, fatiga, con el termómetro rondando los treinta grados, y en un partido que ha superado las cinco horas.
El problema comenzó cuando el de El Palmar ganaba dos sets a cero. El número 1 del mundo avisó a su equipo de que no se encontraba bien en ese tercer set. «He vomitado, no sé si tengo que tomar algo, solo os lo comento», dijo a su círculo, quienes le pidieron que mantuviese la calma y la concentración para terminar cuanto antes.
El tenista empezó, entonces, a buscar refugio en las sombras del fondo de la pista siempre que tuviese oportunidad. Cuando el marcador estaba 4-4, llegaron los calambres, sin poder hacer más que estirar las piernas cuando daba con el hueco para ello.
Con 5-4 a su favor, el murciano pidió la presencia de su fisioterapeuta para que le hiciese un masaje durante tres minutos y aliviar las molestias. Una atención médica que no fue bien vista por su contrincante, Zverez, quien se quejó al supervisor: «Eso es una mierda. ¿Cómo se le puede atender por unos calambres?». Así, y pese a una movilidad limitada, dolor y malestar físico, Alcaraz fue capaz de sacar el partido adelante.
Rubén Rodríguez, profesor de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (Cafyd) y Psicología en la Universidad Europea de Canarias, explica que «al llevar al cuerpo al límite, la exigencia es muy alta no solo por el juego, sino por las condiciones que le rodean, entre ellas, la tensión», precisa. La mente, cuenta el especialista, juega un papel de peso en el alto rendimiento. Durante el partido, se pudo ver cómo su entrenador le animaba a concentrarse y a seguir adelante. «En momentos de adversidad, de incomodidad, como el que ha podido sufrir Alcaraz en la semifinal, el plano psicológico es fundamental para entender que mientras siga habiendo partidos, sigue habiendo posibilidades», explica Rodríguez. Un motivo al que los deportistas se suelen agarrar, más si cabe, si se le suma el hecho de que se disputaba un puesto en su primera final en el Open de Australia.
Además, detalla el experto, aunque desde fuera pueda parecer sorprendente que Alcaraz haya sido capaz de recomponerse en pleno partido, es algo para lo que está preparado. «Es cierto que, igual, no es necesario que lleguen a vomitar, pero son atletas muy habituados a hacer frente a situaciones complejas, con mucho desgaste». En otras palabras, las cientos de horas de entrenamiento y competición valen la pena en momentos así. «Es lógico que su entrenador le plantease que, mientras las condiciones físicas le permitiesen seguir, tenía que hacerlo». Cuestión de resiliencia.
Un calambre muscular es un espasmo, con dolor, que se produce durante o después del ejercicio, en el que el músculo se contrae sin posibilidad de relajarlo. Si bien el origen concreto es desconocido, se sabe que un esfuerzo excesivo está relacionado con su aparición. Este es el caso de excederse en el tiempo o en la intensidad. «El uso continuado de un músculo, la deshidratación, la tensión muscular o el solo hecho de mantener una posición por un período prolongado pueden causar un calambre muscular», explican desde la Sociedad Española de Médico Generales y de Familia (SEMG) en un documento.
En este sentido, la entidad médica detalla que, además, exponerse a un clima cálido o frío, la deshidratación, el desequilibrio de la sala debido al sudor e incluso un nivel bajo de azúcar en sangre también puede provocarlos.
En la semifinal del Open, el jugador también hizo uso de su viral chupito «mágico». Un pequeño bote con jugo de pepinillo, que lo toma como prevención de posibles calambres, y que también contiene, según contó el equipo del murciano en el pasado, más sales y vitaminas. Esta mezcla es capaz de detener las señales nerviosas de los músculos, lo que regula la fatiga y evita que se contraiga.
Es más, ni siquiera es necesario que lo beba. Basta con enjuagarse la boca y escupirlo. Esta práctica es suficiente para provocar una respuesta refleja neurofisiológica, producida por el sabor ácido y agrio, porque activa ciertos receptores en la boca y en la garganta que, a su vez, podría influir en la inhibición de los nervios responsables de los calambres.
El trabajo para preparar la final
Victoria en mano, es momento de descansar y de poner en marcha el proceso de recuperación, «que tiene que ser lo más rápido posible teniendo en cuenta que tienen 48 horas y se suele hacer incluyendo movimiento, no es pasivo», indica Rodríguez. El objetivo se ataca desde todos los flancos: «Hay un trabajo a nivel nutricional. La suplementación y la hidratación son clave, como también lo son el trabajo con fisioterapeutas, o con psicólogos». Este último punto, en general, se suele centrar en una estrategia que se conoce como «limpiar la mente». Es decir, «tratar de poner sobre la mesa todas las cosas que han surgido a nivel mental, tratar de recolocarlas y hacer un plan de enfrentamiento de cara a lo que pueda pasar en la final», detalla el profesor de la Universidad Europea.
¿Podrían aparecer los miedos o las inseguridades el domingo? Respuesta afirmativa, aunque con matices. Los calambres, el dolor o la fatiga física no es agradable. Sin embargo, el trabajo de la psicología del deporte, en este caso, es hacer entender al deportista que las emociones son reacciones psicofisiológicas «que van y vienen, y sobre las que no tenemos decisión sobre si aparecen o no», plantea Rodríguez. Así puede surgir miedo o preocupación, «sin que lleguen a ser un elemento impeditivo». Conociendo el carácter del murciano parece que no lo será.
Una personalidad persistente también se entrena. Así, de la misma forma que un deportista mejora en lo físico, también pone en práctica «una serie de competencias psicológicas y emocionales para el alto nivel». Para ello, existen muchas estrategias. La primera y más básica: entender sus emociones. «Muchas veces, te dicen que sienten algo que no les gusta, de lo que no se pueden deshacer y es negativo». Este planteamiento ya es erróneo. «Una emoción te puede gustar o no, pero categorizarlas en positivo o negativo no es bueno. Son estados adaptativos a las circunstancias», indica. El trabajo de la psicología del deporte —detalla Rodríguez— parte de este punto. «Se trabaja pensando cómo se podría mover teniéndolas, por ejemplo, desde la terapia de aceptación y compromiso. Es decir, acepto lo que siento y lo que me pasa, pero me comprometo conmigo mismo a avanzar», señala el experto de la Universidad Europea.
En el alto rendimiento también se suele trabajar con la visualización. En la actualidad, el deportista tiene que imaginar exactamente el juego: «Es una práctica casi real de lo que sucede», apunta. Y, en ocasiones, se suma la atención consciente para tener claros los pensamientos y sensaciones corporales que uno tiene en plena competición. «Desde ahí se dirige el foco atencional a lo único que puede controlar, que es la conducta. Si las cosas no salen como quieren, puede pelearse con la situación y gastar energía en ello o dirigir el esfuerzo hacia mi objetivo», expone Rodríguez. Así, hasta poder separar el pensamiento de la conducta.