Esto es lo que el calor extremo le hace a tu cuerpo

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

El calor extremo puede alterar los mecanismos termorreguladores del cuerpo.
El calor extremo puede alterar los mecanismos termorreguladores del cuerpo. La Voz de la Salud | iStock

Desde calambres hasta shock por insolación, las altas temperaturas pueden causar estragos en la salud y en algunos casos tienen consecuencias graves

14 jul 2022 . Actualizado a las 15:40 h.

El calor extremo de los últimos días, y que seguirá acompañándonos todavía un poco más, es distinto al de cualquier verano. Las temperaturas son realmente elevadas y esto está causando estragos en todas partes. Quemaduras solares, golpes de calor... verdaderas emergencias que ponen en riesgo la salud de las personas. Pero ¿qué es exactamente lo que le ocurre al cuerpo con el calor extremo?

Las temperaturas extremas son difíciles de sobrellevar para el organismo, porque ponen a prueba el sistema termorregulador con el que cuenta el cuerpo. Según un artículo científico publicado por especialistas del Servicio de Urgencias Hospitalarias del Hospital Comarcal de Laredo (Cantabria), «la falta de regulación calórica produce una alteración de la función celular con daño en los tejidos muscular, cerebral, vascular, hepático y renal, y puede producir complicaciones graves como rabdomiolisis».

Cómo regula la temperatura el cuerpo

A nivel corporal, la estructura encargada de la termorregulación es el hipotálamo, una región del cerebro que es muy sensible a los cambios de temperatura del organismo y que puede comenzar a fallar cuando esta sobrepasa los 40ºC. El hipotálamo utiliza termorreceptores presentes en la piel para conocer el estado de temperatura exterior e interior del cuerpo. Con estos datos, va compensando con distintos mecanismos la temperatura del cuerpo para lograr que se mantenga en sus niveles normales, que son estables y pueden variar, de persona a persona, entre los 35ºC y los 37ºC.

¿Cuáles son los mecanismos que utiliza el cuerpo para mantenerse en ese rango? Hay principalmente dos. Por un lado, tenemos el sistema de sudoración o transpiración, que está encargado de refrigerar el organismo. Cuando el hipotálamo registra un aumento de la temperatura, desencadena la producción de sudor en las glándulas sudoríparas, que se hallan en las capas más profundas de la piel. A través de sus poros, el sudor llega al exterior del cuerpo y, al evaporarse, libera el exceso de calor que hay a nivel orgánico. A través del sudor se excretan también agua, minerales y toxinas.

Por otra parte, está el sistema de vasodilatación, que expande los vasos sanguíneos capilares (aquellos más pequeñitos y que se encuentran cerca de la piel), exponiendo una mayor cantidad de sangre al aire exterior, para facilitar que esta se enfríe. De esta manera, puede ir disminuyendo la temperatura corporal. Es por esto que uno de los consejos que se dan para asistir a alguien que está sufriendo un golpe de calor es mojar sus muñecas: se trata de una zona del cuerpo donde hay gran cantidad de vasos capilares.

Cuando calienta el sol

Frente a unas condiciones de calor exterior extremo, el cuerpo puede encontrar dificultades a la hora de termorregularse. Después de todo, los dos mecanismos que permiten mantener la temperatura estable dependen de un intercambio de calor con el exterior, y cuando la temperatura exterior es elevada, ese intercambio se ve alterado. Esto puede producir una sobrecarga térmica, es decir, un aumento de la temperatura corporal central que puede acabar deteriorando la función celular.

Se activa la vasodilatación y, por lo tanto, el flujo sanguíneo aumenta. Para mantener una tensión arterial normal, el cuerpo debe aumentar la frecuencia cardíaca. «Si el calor es lo suficientemente intenso, este mecanismo de refrigeración no evita que la temperatura se eleve hasta alcanzar un punto en el cual el gasto cardíaco es incapaz de satisfacer las necesidades de refrigeración; es cuando aparece el shock», explican desde el Hospital Comarcal de Laredo.

Así, suele darse una progresión de síntomas que se solapan y comienzan con calambres inducidos por el calor, pasando por estados de agotamiento hasta llegar al temido golpe de calor, que, en algunas personas de riesgo, pueden tener consecuencias muy graves. Si no se resuelve a tiempo, se puede producir una hipertermia asociada con respuesta inflamatoria sistémica y el consecuente desarrollo final de fracaso multiorgánico, con predominante encefalopatía.

Pero imaginemos que nada de esto ha ocurrido aún y que nos encontramos en casa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ambiente óptimo para el organismo tiene unos valores de entre 18 y 24ºC. En este tipo de clima, el cuerpo logra mantener estable su temperatura.

¿Cuándo comienzan los problemas? A partir de los 39ºC de temperatura corporal, tendríamos que prestar mayor atención, ya que es en ese rango cuando se empiezan a dar síntomas como la fatiga. Luego, entre los 40 y 41ºC se produce el agotamiento por calor y, por encima de los 41ºC, el cuerpo puede fallar. Se ven afectados procesos químicos dentro de las células y aumenta el riesgo de fallo multiorgánico, ya que los mecanismos termorreguladores han fracasado. Aquí, el cuerpo no consigue transpirar, la vasodilatación se detiene y la piel se siente fría y húmeda al tacto.

Síntomas

Lo primero que vamos a notar si el calor nos está haciendo daño son fatiga y calambres. Si la exposición a la alta temperatura se prolonga, pueden presentarse al principio dolores, que comúnmente aparecen en las piernas o el abdomen, así como una sed intensa y mucho sudor.

Una vez que llegamos a una situación de agotamiento por calor, notaremos la piel húmeda y fría, sentiremos mareos y aturdimiento, dolor de cabeza, náuseas y vómitos, y un pulso rápido y débil. La respiración también puede verse alterada, volviéndose superficial y veloz.

Con la insolación, se suma a estos últimos síntomas una fiebre que sobrepasa los 40ºC, alteraciones de la consciencia, conductas erráticas y hasta pérdida del conocimiento o convulsiones.

Factores de riesgo

Los grupos de mayor riesgo frente a las altas temperaturas son los adultos mayores, los niños menores de 5 años, las personas con obesidad y quienes padecen  enfermedades mentales. Aquellos que padecen hipotiroidismo o enfermedades crónicas cardiovasculares también están más expuestos. Lo mismo ocurre con aquellas personas que trabajan al aire libre durante los días de calor, o aquellas que no disponen de medidas para refrigerar o ventilar sus hogares.

Ciertos medicamentos, como por ejemplo los betabloqueadores, ciertos diuréticos, algunos medicamentos usados en el tratamiento de la depresión, la psicosis o el trastorno de hiperactividad por déficit de atención (TDAH) pueden hacer que sea más difícil para el cuerpo regular su temperatura y llevan a que sea más probable una emergencia por calor.

También debemos tener en cuenta que el consumo de alcohol antes o durante la exposición al calor incrementa el riesgo de problemas desencadenados por las altas temperaturas.

Al mismo tiempo, existe cierta predisposición genética que determina la susceptibilidad al calor. Estos genes incluyen las citoquinas, proteínas de la coagulación y proteínas de shock térmico implicadas en la adaptación al calor.

¿Puede matarnos el calor?

Según los especialistas, la morbilidad y la mortalidad de las patologías causadas por el calor están directamente relacionadas con el pico de temperatura alcanzada y el tiempo expuesto a esa temperatura, por lo que es crucial llevar a las personas afectadas a un sitio refrigerado cuanto antes.

Primeros auxilios

Si alguien de nuestro entorno está sufriendo por el calor, lo primero que hay que hacer es procurar trasladar a la persona a un ambiente fresco y alejarla del sol.

  • Aplicar compresas húmedas templadas sobre la piel, especialmente en zonas de articulaciones, cuello, ingle y axilas
  • Darle agua o limonada alcalina para rehidratarlo. Se debe beber media taza (120 mililitros) cada 15 minutos
  • Masajear los músculos afectados por calambres hasta que se relajen
  • Llamar a Urgencias si la persona no mejora con el paso del tiempo, o si muestra signos de shock: labios y uñas azulados, pérdida de conocimiento, convulsiones

¿Qué es lo que nunca debemos hacer frente al calor? Estas son algunas medidas de precaución a tener en cuenta:

  • No administrar a la persona aspirinas
  • No ofrecerle a la persona líquidos que contengan alcohol o cafeína
  • No aplicar alcohol antiséptico sobre la piel de la persona
  • No administrar nada por vía oral si está vomitando o está inconsciente

Dra. Ana Salgado Portabales

Ana Salgado, médico del 061: «Con un golpe de calor puedes perder la consciencia, convulsionar o incluso entrar en coma»

UXÍA RODRÍGUEZ

Alerta máxima en toda Galicia por una ola de calor que seguirá con nosotros, al menos, hasta el viernes. Se esperan «valores extremos» en las temperaturas de toda la comunidad. Los centros sanitarios están en sobre aviso por el previsible aumento de patologías, una de las más peligrosas es el golpe de calor. La doctora Ana Salgado Portabales, médico coordinador de la Central de Coordinación de Urxencias Sanitarias de Galicia-061, nos da todas las claves.

—¿Cómo de peligroso es un golpe de calor?

—El golpe de calor es llamativo porque, de todas las enfermedades relacionadas con el calor, es el que se considera una emergencia médica. En condiciones normales, con temperaturas más propias del lugar en el que vivimos, normalmente sudamos, transpiramos y, de esa manera, el cuerpo regula el exceso de calor. Cuando las temperaturas en el exterior son tan elevadas, nuestra temperatura corporal sube y entonces nuestro sistema termorregulador falla, no funciona como debería.

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Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.