Vítor Silva, criterio a sorbitos

Pese a seguir en rodaje, ha tenido impacto en cada cita, dando sentido al juego


La Voz

Vítor Silva pasó varios meses despidiéndose de Reus, correspondiendo al cariño recibido y a los servicios prestados. El primer adiós, en junio del 2018, tuvo forma de hasta luego y cuajó en un vestuario rendido al capitán, que escuchó con lágrimas en los ojos cómo David Querol le llamaba abuelo, señalando su sabiduría y su condición de referente por encima de los 34 años que aproximan al retiro a la mayoría de futbolistas profesionales. Todavía no a Vítor. Antes de afincarse en A Coruña, el menudo portugués fue referente rojinegro en el Municipal de la localidad catalana en la que vivió y brilló durante cuatro años y una prórroga de seis meses al margen. Consumado ya en febrero el cambio de aires, el centrocampista se enfundó la camiseta número 25 de un club con otros horizontes y urgencias. «Igual mentalmente estoy más fresco que mis compañeros», apuntó al concluir el encuentro de su estreno que duró 13 minutos ante el Almería. Diez más recibió en Oviedo.

En ambos casos demostró el desparpajo de quien salta al césped sin el lastre que a estas alturas embarra las actuaciones de Vicente, Pedro Sánchez o Cartabia. Candidatos todos a la plaza que va de interior con clase a mediapunta preciso que se asocian con Vítor. Frente a los andaluces filtró un balón con las peores intenciones para Nahuel, frenado en falta fuera del área por el meta visitante.

Su ingreso al campo del Tartiere, reemplazando a Bergantiños, acentuó el control blanquiazul sobre el encuentro. Desde su costado del rombo repartió una docena de pases con sentido y alcanzó el 80% de acierto (solo superado por Somma, que evitó las entregas comprometidas). Ofreció una salida para cada atolladero, poniendo criterio en una zona baldía durante las últimas jornadas.

«Vítor entró muy bien en el equipo, es un chico espectacular, un jugador muy fuerte. Puede darnos mucho», reflexionaba el miércoles Michele Somma. Y es que falta quien dé sentido al juego coruñés.

La necesaria aspereza de Didier

El escaso fondo del último fichaje influyó en que Natxo emplazara de nuevo a Didier en un lugar en el que no ha hecho más que encasquillarse. El colombiano calentó durante más de una hora el césped sobre el que luego progresó Vítor desencadenando un beneficioso efecto dominó.

Para Didier quedó el puesto de cierre que ocupaba Bergantiños y allí recordó la versión de la jornada anterior, cuando su entrenador lo señaló como el mejor del encuentro. Fue quien más entradas realizó en los visitantes y respondió a la llamada de Dani Giménez: «Somos un equipo que no da patadas, que no protesta, que si hay una tangana vamos dos. Eso nos está penalizando y tenemos que mejorar». Ocho infracciones cometió el portador del 20, la mitad de las que hizo el Dépor. El segundo que más en la jornada (tras Qasmi, del Elche). Y volvió a casa sin amarilla.

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