PASARON casi diez días y los muertos de Asia continúan en los informativos de televisión, ahora mezclados con imágenes de la solidaridad internacional desatada como un feliz sarampión a escala mundial. Hasta se establecen competencias del tipo de si Japón da más dólares que Estados Unidos. Si en los primeros días eran los videoficionados quienes aportaron las imágenes más espectaculares a pie de playa, ahora es el turno de los enviados especiales para contar lo previsible de aquella tragedia y las evidencias más terribles: cadáveres entre escombros y gente desesperada. Sería cuestión de hacer memoria, pero todas las Navidades suelen tener su desastre natural, sobre todo en el tercer mundo. En cuanto aparecen las cámaras, se encoge el corazón de los telespectadores, que en fechas como estas parecen más propicios a hacer de su vida y del mundo una película de Frank Capra. Quizá por eso, con el pavo, el turrón, el cava todavía en el estómago como restos de las bacanales gastronómicas despachadas en estos días, los más de 150.000 muertos del maremoto asiático despiertan la solidaridad del mundo. Tanta que ya es para mosquearse sobre donde irá a parar tanta pasta y tantos medios, como los administran y si no habrá vivos que aprovecharán la circunstancia para forrarse o casi. Lo veremos por la tele.