El esprint final. La cuenta atrás ha comenzado y cuando termine junio la mayoría de los loureiros cerrarán sus puertas, aunque algunos prolongarán la apertura un poco más. Nos vamos de ruta para saborear estos clásicos de Galicia
22 may 2026 . Actualizado a las 10:13 h.Como si fuera la feria de abril, en las Rías Baixas también saben vivir la primavera. Aquí no hay casetas, pero sí furanchos y una tradición que traspasa fronteras. Los conocerás por la rama de loureiro que asoma por su puerta. También porque siempre cuentan con una gran asistencia de público a partir de las ocho de la tarde. La música la pondrán los comensales con panderetas, gaitas y cánticos, mientras que el vino corre por cuenta de la casa. Ellos lo cosechan durante todo el año para ofrecérselo a quien se asome por su puerta. Eso sí, la gente no va a caballo, aunque de carros saben mucho, solo tienes que echar un vistazo a la leira de al lado para comprobar que hay un feixe deles de todas las marcas. Aquí el jamón se sustituye por orella. Los langostinos por patatas fritas con huevos, y el resto de las tapas pueden ser de raxo, empanada, zorza, chorizo, tortilla o calamares. Como ves, no hay nada que envidiar al albero de Sevilla. Porque donde esté un buen albariño, ribeiro o godello, que se quite cualquier rebujito.
Pero como la primavera está llegndo a su fin, la mayoría de furanchos que todavía están abiertos están dando ahora su esprint final. Queda algo más de un mes, el 30 de junio se cierra oficialmente la temporada. Por eso, ahora es el momento de disfrutarlos al máximo. Te dejarán ese regustillo rico hasta la próxima temporada. Así que nos vamos de furanchos. Y comenzamos por A de Caballero, en Poio, Porque no todos los furanchos tienen el honor de haber recibido a un miembro de la familia real. La princesa Leonor no desaprovechó la ocasión de acudir a este furancho de las Rías Baixas. Fue el año pasado, durante su etapa de formación en la Escuela Naval Militar de Marín y la sorpresa fue mayúscula para el dueño, Manuel Torres, cuando la vio entrar por la puerta. No se lo podía creer: «Te imaginarás. Vino con sus compañeros y, claro, no es muy normal ver a una princesa en un furancho, acostumbrada a ir a restaurantes de gran nivel», indica. Sobre si notó que la experiencia le había gustado, él deduce que sí. «Digo yo que sí porque cuando recibió la Medalla de Galicia, antes de irse de Marín, nos nombró y fue un orgullo, claro». La elección de este furancho no es casual porque es uno de los más antiguos de Poio. Llevan más de 20 años sirviendo el vino que ellos mismos producen, tanto tinto como blanco (albariño), y son de los que más tiempo están abiertos. En realidad, son dos furanchos, uno lo regenta Manuel y el otro su hijo. «Uno abre de diciembre a febrero y el otro de abril a junio», aclara. Además cuentan con un jardín con mesas que tienen unas vistas espectaculares a la ría de Pontevedra. Está rodeado de viñedos y disponen también de una zona de aparcamiento para comodidad de los comensales.
En cuanto a la comida que ofrecen, figuran las tapas típicas que les permite la normativa de furanchos. La empanada tiene muy buena aceptación, porque la hacen de maíz y está para chuparte los dedos. También la zorza, el raxo y la orella. Todo ello regado con un exquisito albariño y también con tinto de la zona. Con este plan, pocos son los que se resisten a dejarse caer por este furancho. Sean de la realeza o no.
El de Eva Longoria
A escasos minutos de Vigo y muy próximo al Camino de Santiago que atraviesa Mos, el Furancho Zapateira se ha convertido en una parada imprescindible. Abierto desde abril de 1990, este furancho nació como legado familiar de Manuel Bouzón y terminó adoptando el nombre de la zona donde se encuentra: A Zapateira. Hoy es Raquel quien continúa al frente junto a sus padres, Begoña y Manolo, su hermano Rubén y su marido Anxo. Esa esencia familiar sigue marcando el ritmo del local y se nota especialmente en el trato cercano. Manolo, gran apasionado del vino, disfruta explicando cada detalle de las variedades que elaboran. El blanco, uno de los más valorados de la zona, mezcla principalmente uva jaca blanca con catalán rojo, logrando un vino aromático, afrutado y de baja graduación que entra con facilidad. El tinto combina distintas variedades tradicionales como alicante, tinto femia, sousón y una antigua cepa de jaca tinta de más de 120 años.
La propuesta gastronómica mantiene la filosofía clásica furancheira: pocas tapas, pero muy bien ejecutadas. Destacan el chorizo, la tortilla y unos huevos con pan de maíz de chuparse los dedos. Las raciones abundantes y el ambiente relajado completan una experiencia que cada año gana más fama. Tanto que incluso Eva Longoria eligió este furancho como una de las paradas durante la grabación de su documental televisivo sobre gastronomía española para la CNN. La famosa actriz, rodeada de viñedos y mesas llenas de conversación, captó la idea.
En los últimos meses, además, han renovado y ampliado la zona interior, manteniendo una gran área exterior con diferentes rincones y espacio para niños. Admiten mascotas, cuentan con acceso adaptado y continúan apostando por actividades que refuerzan el ambiente tradicional gallego, como la reciente actuación de un grupo de gaiteiros que llenó el local de música popular.
Esencia de la tradición
En Negros (Redondela), el Furancho Berdomás sigue representando la esencia más auténtica de esta tradición. Pepe Berdomás lleva más de cuatro décadas abriendo las puertas de su casa. Todo comenzó, como él mismo cuenta, hace 40 años, en un año de mucha cosecha en el que el vino no se podía sacar a los bares y decidió abrir para dar salida al excedente. Sin tradición familiar previa, levantó un furancho que hoy continúa junto a hijos, nueras y nietos, manteniendo ese carácter cercano que hace que muchos clientes regresen.
El auge actual de los furanchos también se deja notar aquí. La Guía Furanchín, que llevan Juan Vidal y Lorena Cancelas, y considerada por muchos como la Michelin de los furanchos, lleva años siguiendo y documentando estos locales tradicionales, ayudando además a acercarlos a nuevas generaciones. Berdomás es uno de esos ejemplos donde el relevo del público resulta evidente, con cada vez más gente joven descubriendo este tipo de establecimientos.
El éxito ha provocado incluso que muchos fines de semana sea necesario reservar. Hay visitantes que llegan desde distintos puntos de Galicia e incluso desde Portugal, y en Berdomás prefieren organizar reservas para evitar que alguien haga el viaje y se encuentre sin sitio. En el apartado gastronómico, la tortilla nunca falla. También destacan la oreja, el morro y una costilla adobada que se ha convertido en una de las tapas más buscadas. El vino continúa siendo el gran protagonista. Tinto y blanco elaborados con distintas cepas de la zona de Redondela, servidos como marca la tradición furancheira. El local cuenta además con una amplia zona exterior, aparcamiento, espacio para niños, acceso para personas con movilidad reducida y posibilidad de acudir con mascotas. Un furancho donde lo importante sigue siendo compartir mesa, vino y conversación hasta finales de julio.
El furancho lucense
Hace unos años, el concello de A Pobra do Brollón, en la Ribeira Sacra, se abrió a la posibilidad de acoger furanchos en su territorio. Pero solo uno funciona con regularidad durante la temporada permitida, el que en el 2022 abrieron el cosechero Pedro Pérez y su hija Lucía, que tras la jubilación este año de su padre es la que ahora se encarga de la gestión del mismo. O Currío se llama y está habilitado en una tradicional bodega, que en su día fue palleira y corte das vacas, en la parroquia de Vilachá, en la aldea de Trasmonte.
Y es precisamente en Vilachá donde están los bancales con las viñas de las que nace el apreciado mencía y el demandado godello que Pedro elabora y que su hija sirve en este furancho.
Para acompañarlos, en O Currío ofrecen cinco tapas, que es lo que marca la normativa. No podía faltar la empanada, que en casa de Lucía «sempre se coceu no forno de leña». La más típica es la de liscos y chorizo, pero también puede ser de atún, carne o pollo. Otra tapa inigualable es la de embutidos, con chorizo y salchichón «feito na casa» y tres variedades de quesos de la zona. La suculenta oferta para la manutención del personal en O Currío se completa con tres clásicos: callos, tortilla y orella á feira.
El furancho lucense dispone de un comedor interior con dos mesas corridas y varios barriles. Cuenta además con una terraza con abundantes sombras naturales en la leira ubicada frente a la casa. Tras la jubilación de su padre, este año Lucía solo abre O Currío los sábados. Desde las 12.30 del mediodía hasta después de las cenas. «Puedo abrir también algún viernes por la noche o domingos al mediodía pero solo bajo reserva», comenta Lucía. Además de despachar vino y comida, el furancho lucense mantiene una notable actividad cultural con foliadas, recitales poéticos, seráns y conciertos.
Pasión por las vides
Finca Filgueira, en la parroquia de Lérez, en Pontevedra. Allí nos recibe Miguel Filgueira, hijo del mítico Ernesto Filgueira, recién fallecido el pasado mes de septiembre, el hombre que vendía los mejores paraguas de Pontevedra. Su hijo fue por otros derroteros, el de la enseñanza y la política, pero su pasión por las vides le hizo abrir este furancho hace ahora siete años. «Meu pai non podía atender as viñas, así que o facía eu. Pero chegou un momento en que non compensaba, custaba moito sacar todo o viño, así que ou lle sacabamos algo de rendibilidade ou tiñamos que cortar as viñas. E foi cando decidimos abrir o furancho», cuenta. Miguel te ofrece varios vinos para probar, todos de su cosecha. Y lo puedes hacer tanto en su hospitalaria bodega como en su jardín: «Temos castes de albariño, tamén castes tintas do país, como caíño, espadeiro e mencía. E despois temos folla redonda, que dá un viño tipo Barrantes e branco do país, con uva catalá». Todo ello acompañado de varias tapas, como manda la tradición. No faltan los callos, que son especialidad de la casa, los huevos fritos con patatas y chorizo, el raxo con patatas y la orella. Y no es por que lo diga él, pero le gusta utilizar producto de calidad en la cocina. No escatima en que todo se haga con un producto digno de quien entra por la puerta. Buenas tapas y buen vino a escasos metros del monasterio de San Benitiño de Lérez en un furancho en el que le ponen cariño a todo lo que hacen.