«As balas dos piratas somalís asubiaban por todo o barco co que andei ao atún»

Dice que le encanta salir a faenar, pero reconoce que los jóvenes buscan otros oficios


ribeira / la voz

El mar no fue la primera opción laboral de Isaac Gaciño Santos (Porto do Son, 1974), pero después de enrolarse tuvo claro que aquel sería su medio de vida. Empezó como camarero, con 16 años en el bar de su padre y, posteriormente, en una cafetería de Ribeira. De trato cercano y conversador, le gustaba el contacto diario con los clientes. Sin embargo, su carácter inquieto le llevó a probar fortuna en Lanzarote como guarda de seguridad: «Non me gustou e decidín regresar». Puso rumbo al concello sonense con la intención de volver a coger la bandeja, pero como no surgía ningún empleo optó por una ocupación que sí abunda en su localidad: la pesca.

El actual patrón mayor de la cofradía de Portosín asegura que «fun para probar e levo dende aquela. Empecei no Romina Segundo, o primeiro barco de ferro da localidade, e nese cerqueiro continúo dende aquela». Lo cierto es que en el 2010, de nuevo movido por el deseo de explorar horizontes, quiso conocer la pesca en los atuneros y se enroló en uno que faenaba en el Índico. Fueron dos años llenos de sobresaltos: «As balas dos piratas somalís asubiaban por todo o barco co que andei ao atún. No tempo que botei tivemos tres ataques e optei por regresar. Non pagaba a pena pasar ese risco polos cartos que gañabas».

Formaba parte de la tripulación del Campolibre Alai, considerado un histórico de la flota vasca y perteneciente a la misma compañía que el Alakrana, cuya tripulación permaneció mes y medio secuestrada frente a las costas de Somalia. Isaac Gaciño retrocede en el tiempo para explicar que, además de los 30 marineros, a bordo del buque iban vigilantes de seguridad: «Cando avistaban a lancha dos piratas metiámonos nun recinto estanco no que tiñamos víveres e auga. Só o capitán e o patrón quedaban na ponte. Escoitábamos as balas e o barco zigzagueaba para escapar».

Cuando todo acababa salían de su escondite para reunirse en el comedor: «O capitán e o patrón chegaban con caras de susto. O traballo era bonito, como ir ao cerco, pero ao grande. Sen embargo, pasaba medo». Gaciño no pensaba solo en él, sino también en su familia: «Despois de cada ataque deixábannos chamar a casa e cando falaba con miña nai, ela xa sabía polas noticias o que sucedera».

De nuevo camino a Portosín para retornar al Romina Segundo, el pesquero en el que afirma «conseguín todo o que teño». El cerquero es su medio de vida y también su escuela: «Todo o que aprendín ao mar foi con Francisco Carreño, Pacucho, que era un crac». Comenzó con él una singladura de la que cogió el testigo su hijo Abel Carreño: «Son a vella e a nova escola».

Un aliciente

Debido a un problema en una pierna que le obligará a pasar por el quirófano, Isaac Gaciño está de baja, dedicado por completo al cargo de patrón mayor para el que fue elegido en enero, en sustitución de Iván Carreño.

Asegura que le encanta salir a faenar: «É un aliciente ver o peixe fresco, esa aventura de saír cada xornada». Aunque manifiesta que «hai temporais nos que o home loita co mar», reconoce ser afortunado porque «nunca tivemos desastres».

Sin embargo, es consciente de que los jóvenes buscan otros oficios, que la falta de relevo generacional constituye un problema en su profesión: «Cando eu empecei no mar había unha lista enorme de xente para enrolarse. Os fillos dos mariñeiros non se inclinan agora por iso. Ao que lle gusta o mar gústalle para sempre». El paro forzoso que mantiene a consecuencia de su dolencia le ha llevado a sustituir el aparejo de pesca por el despacho y la gestión administrativa. Uno de sus propósitos es aprovechar este período para «mellorar os servizos da confraría, porque somos unha entidade moi importante na flota do cerco. Ímonos entendendo coas Administracións para conseguir o que queremos».

«Regular o mercado é bo para todos, só desa maneira podemos subir o prezo do peixe»

Al frente de una cofradía que constituye una referencia en la flota del cerco, Isaac Gaciño asegura que las disposiciones de la Unión Europea están poniéndole las cosas muy difíciles al sector: «Son trabas constantes, parece que en lugar de pescadores somos ladróns. Nós estamos concienciados de que o mar é o noso medio de vida».

Reconoce que en el pasado se cometieron desmanes, pero manifiesta que las cosas han cambiado. El patrón mayor asegura que «regular o mercado é bo para todos, só desa maneira podemos subir o prezo do peixe. No se trata de traer cantidade, senón calidade. Hoxe en día, polo menos en Portosín, é o que buscamos».

Sin embargo, no puede evitar referirse a las cuotas de especies tan importantes para el sector como la sardina: «Con 1.500 quilos os barcos non se defenden. Toda a costa está chea de sardiña».

Marca propia

Precisamente, uno de sus objetivos es la puesta en valor de las especies capturadas por la flota de la localidad, que tienen una marca de calidad propia: Azul de Portosín. Comenta que su propósito es potenciarla para que tenga mayor visibilidad en el mercado de cara a los consumidores.

Si la evolución de la pandemia continúa siendo positiva, espera poder realizar actividades. Durante el confinamiento, una empresa de distribución del término realizó de forma telemática una.

Al mismo tiempo, gestiona ante la Administración autonómica la consecución de mejoras necesarias para este puerto sonense. El dragado de la dársena es una de las más importantes: «Porque os barcos teñen dificultades de calado, especialmente se veñen os do País Vasco».

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