Patrocinado porPatrocinado por

Unas botas, un río y mala suerte

PESCA Y MARISQUEO

Pescadores y servicios de emergencia advierten del peligro de las botas de pesca en caso de caída al río y lo traicionero de algunos cauces como es el caso del Deza

21 abr 2009 . Actualizado a las 10:51 h.

Hoy, a las cinco de la tarde, tendrá lugar en la iglesia parroquial de O Salto el funeral de Daniel Curraño Fente, que perdió la vida el domingo después de que lo que era una apacible tarde de pesca se trocase en tragedia. Para los responsables de los servicios de emergencias la zona del río donde se produjo el fatal accidente no es especialmente peligrosa, teniendo en cuenta que cualquier río lo es. Esa tarde convergieron varias circunstancias adversas, un posible resbalón, la caída al agua y unas botas de pesca altas.

Para muchos esa complemento, necesario para pescar en algunas zonas, se puede volver una trampa mortal. Los bomberos calculan que en cada bota una vez se sumerge y le entra el agua pueden caber veinte litros, que sumado en las dos piernas pueden ser cuarenta kilos que, en caso de caída, lastran a su dueño al fondo.

Algunos aficionados y profesionales de las emergencias apuntaban ayer que aún sabiendo nadar o teniendo especial destreza es muy difícil y a veces casi imposible conseguir quitárselas, sobre todo tras una caída al agua, con los nervios que ello conlleva.

Algunos modelos de botas incluso llevan herrajes que incrementan la dificultad. El cuerpo sin vida del joven pescador de Faílde fue rescatado prácticamente en el mismo lugar que cayó, con lo que se supone que fue el lastre del agua el que lo mantuvo en ese punto y evitó que se moviera con la corriente.

En los últimos años no es la primera vez que los servicios de emergencia, entre ellos los bomberos, acuden al río para prestar ayuda a algún pescador. Entre estas situaciones las más frecuentes es la ayuda prestada a algún aficionado que se queda atrapado en alguno de los islotes o rocas en el Ulla, especialmente en zonas de los municipios de Vila de Cruces y A Estrada y que se ven apurados al subir el caudal del agua de pronto a consecuencia de la apertura de las compuertas del embalse.

Tanto los servicios de emergencia como los propios pescadores subrayan la peligrosidad de las aguas del río Deza que se cobraron hace años más de una vida. En este caso se unen las fuertes corrientes con la abundancia de piedras y un terreno irregular. En el caso de las subidas del caudal del agua, el presidente de la Sociedade de Caza y Pesca de Silleda, José Antonio Pena, significó que en más de una ocasión solicitó la colocación y activación de alguna sirena que se pudiera encender para alertar a los pescadores de una posible subida de caudal. Una medida que al parecer no se llegó a adoptar nunca.

Pena hace un llamamiento a la prudencia aunque destaca que la pesca es un deporte seguro, aunque como en cualquier tipo de actividad puede darse el caso de accidentes, tan desafortunados y fatídicos como el que tuvo lugar el domingo.

La muerte del joven pescador conmocionó a los vecinos de la zona, que acudieron en gran número al tanatorio a dar su pésame a la familia en estas horas tan amargas. Al parecer Daniel sacó la licencia de pesca hace muy poco y prácticamente se estrenaba esta temporada como aficionado. Su muerte causó una profunda consternación en la comarca.