Patrocinado porPatrocinado por

Javier Sar, armador del Itoitz, desaparecido en el Cantábrico: «Sentinme moi impotente. Creo que se puido facer máis»

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO / LA VOZ

SOMOS MAR

CESAR QUIAN

El propietario del palangrero de fondo no entiende que se tardara tanto en hacer el remolque

14 feb 2026 . Actualizado a las 11:11 h.

El estado del palangrero de fondo Itoitz es, ahora mismo, una incógnita. Esta indefinición añade presión a la situación que vive su armador, Javier Sar Romero, también alcalde de Muxía. La gestión de la empresa pesquera, que tenía dos barcos, la compartía con su hermano Vituco, otro hombre de mar muy querido y respetado en la Costa da Morte, pero este falleció a mediados de octubre a los 66 años.

El Itoitz y el Cuca son el sustento de una quincena de familias, por lo que la actividad no se puede detener y, probablemente mañana, la tripulación rescatada el pasado lunes por el Abra de Muxía se embarcará en el otro buque de la empresa que ha estado de reparaciones en el muelle de Oza, en A Coruña.

Los dos buques tienen base en Ondárroa, pero más de Muxía no pueden ser. No hay más que ver la gran imagen de la Virxe da Barca coronada que preside el puente del Cuca, que lleva el nombre familiar de la única hermana de Javier y Vituco Sar.

Precisamente, las reparaciones que hubo que realizar en el Cuca fueron la causa de que los hombres que salieron la noche del domingo desde A Coruña en el Itoitz fueran mitad de cada una de las tripulaciones, aunque el patrón era el habitual del barco desaparecido. Los rescatados eran tres de Muxía, uno de Ribeira, dos de Fisterra y un marroquí que lleva mucho tiempo con los Sar Romero y que vive en A Coruña.

El alcalde muxián se quedó mucho más tranquilo sabiendo que no habían sufrido daños. «O primeiro, loxicamente, é a vida da xente. Despois de saber que estaban ben o que me preocupaba era o barco. O que menos pensaba era que o perdería», dice. Fueron muchas horas de incertidumbre. «Sentinme moi impotente. Creo que se puido facer máis», explica.

No entiende que el remolcador María Pita pasara «dous días e unha noite» junto al Itoitz y que, tras valorar la situación, se decidiera que no era posible intervenir, que «non se podía saltar». Lo que no comprende es que se actuara de este modo el lunes y el martes, cuando el estado del mar era bastante bueno, y que sí se hiciera el miércoles, con unas condiciones mucho peores. Tampoco está demasiado conforme con el remolque, que acabó rompiendo en una hora.

La incertidumbre será un sentimiento que ha de durar bastante. Probablemente mañana se pueda tener alguna información sobre el estado y paradero del buque.

Se sabe que la señal automática no emite, lo que significa que está bajo el agua. Puede ser que se haya hundido o simplemente dado la vuelta y esté con la quilla hacia arriba (al sol). Las cosas cambian bastante y todo dependerá del seguro. Si se mantiene a flote, como durante las 60 horas que pasaron entre que la tripulación lo abandonó por orden del patrón y que dejó de emitir del AIS, se podría remolcar, pero se perdió a 60 millas y, dado el estado del mar, el armador es muy pesimista con respecto a la situación en la que se puede encontrar. Probablemente será una decisión que tendrá que tomar la aseguradora.

En el caso de que se haya ido al fondo, las posibilidades de conocer qué ocurrió exactamente se reducen. Cuando sucedió el incidente, los marineros estaban descansando después de largar el aparejo, dejando tiempo para que hiciera su trabajo. Notaron una notable escora y se encontraron con el parque de pesca inundado. Esta es la cubierta intermedia, donde se ubica el área de trabajo para la preparación del pescado. No se sabe si se debió a una vía de agua. «Nivélase a presión da auga de dentro desde fóra e aguanta», explicó Sar Romero. Por eso podría haber estado tanto tiempo a la deriva.

El Sasemar 102 buscará el barco desde el aire a partir de este sábado

Desde Salvamento Marítimo confirmaron ayer que a partir de esta mañana saldrá el avión Sasemar 102 y que sobrevolará la zona en la que se perdió el contacto con el Itoitz para saber si los restos del palangrero siguen flotando o si se ha ido a pique.

En los dos primeros días, y una noche, el barco fue asistido por el María Pita, que intentó remolcarlo el miércoles, tras haber sido abandonado por su tripulación el lunes. Después acudió el Alonso de Chaves, pero acabó regresando a Gijón el jueves. La zona de rastreo se sitúa a 60 millas de Viveiro y de varios puertos asturianos. El tiempo parece que será bueno.