El tercer Encuentro de los Mares finalizó ayer en Marbella con el mensaje de optimismo infundido por la científica estadounidense Karen McGlathery, directora del mayor proyecto mundial de recuperación de praderas marinas
08 jul 2021 . Actualizado a las 04:47 h.Con tanto mensaje catastrofista sobre el cambio climático y sus efectos sobre los océanos y el deterioro de la vida marina y, por tanto, la humana, escuchar las palabras del catedrático de Ciencias Marinas Carlos Duarte, diciendo que todavía se está a tiempo de salvar el planeta porque la capacidad de regeneración de los océanos es realmente sorprendente, supone un bálsamo para los oídos.
Claro que esa segunda oportunidad que se nos da requiere de acción, no quedarse de brazos cruzados. La reforestación marina es una de las soluciones. Y como director científico que es del Encuentro de los Mares, el congreso que reúne a científicos, sector pesquero, Administración, cocineros y periodistas organizado por la división de Gastronomía del grupo Vocento, no dudó en incluir en el programa un ejemplo, una prueba de que recuperar los océanos es más que un acto de fe. La dio Karen McGlathery, directora del Environmental Resilience Institute de la Universidad de Virginia (EE. UU.) Toda una autoridad internacional en materia de recuperación de las praderas bajo el mar y, como Duarte, otra optimista patológica: «Podemos reconstruir la vida marina».
Lo sabe porque lleva más de 20 años al frente del principal proyecto mundial de regeneración de vegetación submarina: la que una peste y un huracán se llevaron por delante en 1930. En esos dos decenios de trabajo han sembrado 200 hectáreas de mar con 75 millones de semillas y han conseguido un prado de 36 kilómetros cuadrados. Una alfombra verde con la que ha mejorado la calidad del agua, se ha estabilizado los sedimentos, se ha reducido el impacto de las corrientes y se ha mitigado el golpe del cambio climático. Porque una pradera marina, en cálculos de McGlathery, extrae diez veces más nitrógeno que un fondo marino pelado, sin vegetación. Y absorbe de la atmósfera toneladas de CO2 equivalentes al peso de cien elefantes cada año. Por si fuera poco, la diversidad marina se multiplica por 5.
De 0 a 36 kilómetros cuadrados
Pero lo mejor de todo es que la pradera está aumentando a un ritmo «jamás conocido» y se pretende uno aún mayor para invertir la tendencia: «Esperamos que en un futuro se pueda pasar de 36 a 110 kilómetros cuadrados». Sería la progresión lógica después de haber pasado de 0 a 36 kilómetros en 23 años.
Pero lo que la científica americana no se había parado a pensar es en el potencial de la zostera marina, del eelgrass que allí siembran, como alimento. Una ventana que se le abrió cuando el cocinero Ángel León apareció en la portada de Time con su propuesta de usar el cereal del océano para acabar con el hambre en el mundo. León, el chef del mar, que se llevó el premio Sartún en este encuentro entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, que, a través de la zostera, este año ha creado una conexión ultramarina.
En definitiva, que entre Duarte y McGlathery lograron convencer al público de que todavía hay esperanza. «Hemos perdido el 20 % de los bosques marinos en un siglo, pero si se hacen bien las cosas en el 2050 podemos tener unos océanos sanos», profesó Benjamín Lana, presidente de la división de Gastronomía de Vocento antes de que el ministro de Pesca, Luis Planas, clausurase el congreso científico gastronómico y pesquero.