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Bruselas o la máquina de fabricar euroescépticos en pesca

e. abuín REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

El sector alerta en Burela de que la actitud de la Comisión hace que los armadores se planteen cambiar la bandera del barco

21 may 2021 . Actualizado a las 04:48 h.

Si Stanley Kubrick hubiese ambientado su odisea en la pesca en lugar del espacio, tendría material para una saga más amplia que la de Lucas y su guerra de las Galaxias. 2021, Odisea na pesca, rodada en Burela en el marco de las 28 Xornadas Técnicas Expomar, dio títulos para varias secuelas. Ahí está el de La incansable persecución del arrastre, por el enésimo intento de vetar este arte de pesca; o El misterio insondable de la Ley de Pesca Sostenible, por lo poco que ha trascendido al sector que tendrá que cumplirla o El camarote de los ministros, por la descoordinación entre los gabinetes de Transición Ecológica y Pesca a cuenta del marrajo -que poca gracia hace en Burela- y la sordera de Sanidad, que, si oyó, no escuchó el clamor del sector, primero para que les dotara de equipos para seguir trabajando cuando el covid tenía a todos metidos en casa y después para ser vacunados porque si caía uno, caían todos y, de paso, sus familias. Pero el gran villano de la saga sigue siendo Bruselas. Esa gran «máquina de crear euroescépticos». Esta crítica, como las anteriores, la hizo en el foro de debate que son las jornadas de Expomar, Javier Garat, secretario general de la Confederación Española de la Pesca (Cepesca). «La gente está hasta los mismísimos», arrancó su intervención Garat. Ha llegado un punto en que la gente se está preguntando si «vale la pena ondear la bandera europea», como en su día se plantearon los británicos. Ya no solo es su política, es también su actitud.

La pesca aún está muy dolida por la actuación de la Comisión Europea ante el debate del reglamento de Control Pesquero en el Parlamento Europeo, cuando desde la Dirección General de Pesca y Asuntos Marítimos (DG-Mare) se difundió una carta tratando a los pescadores como auténticos delincuentes a los que hay que controlar con cámaras de televisión porque van a saquear los mares. «Como siga, el sector va a abandonar la actividad o a exportar el barco a otros países para ser competitivos», advirtió Garat.

Y es que la pesca europea se ve cada vez más cargada con normas, sanciones, exigencias medioambientales, estándares de calidad y requisitos que no se piden a barcos asiáticos, por ejemplo, que «pescan como les da la gana» y, sin embargo, sus productos, con muchos más bajos estándares, llegan al mercado comunitario sin mayores problemas.