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Los superpoderes de las algas gallegas

Lucía Vidal
Lucía Vidal REDACCIÓN / LA VOZ

SOMOS MAR

Empresas gallegas apuestan por las posibilidades que ofrece la farmacia marina, entre ellas, el cuidado de la piel

18 mar 2019 . Actualizado a las 13:52 h.

Fue la pequeña Biarritz gallega. A finales del siglo XIX, el balneario levantado en la baionesa playa de A Concheira presumía de aguas ricas en yodo y de algas con propiedades terapéuticas. «Es una pena que no aprovechemos más este potencial», se lamenta Salvador Ramos, director médico del centro Talaso Atlántico de Oia, que ha recogido el testigo de aquellos baños medicinales. «Antes los productos del mar se usaban de forma más superficial, para mejorar el aspecto de la piel. Hoy sabemos que las algas tienen un gran poder antioxidante, antibacteriano y modulador del sistema inmune», explica Ramos, responsable de una sección que nació hace cinco años, en colaboración con el Departamento de Física Aplicada de la Universidade de Vigo, y que ahora mismo produce sus propias microalgas de nombre impronunciable, Nannochloropsis gaditana.

Imagen del antiguo balneario levantado en 1896 en Baiona
Imagen del antiguo balneario levantado en 1896 en Baiona

Indicadas para dermatitis atópica, para secuelas cutáneas tras tratamientos oncológicos, pero sobre todo, para dolencias reumatológicas, Ramos está convencido de que «el campo de actuación del alga en materia de salud será cada vez mayor». Los peloides o barros (la mezcla madurada del agua de mar con arcilla) se aplican en frío en el caso de tratamientos dermatológicos, y en caliente (al baño maría, a unos 33 o 34 grados) para problemas articulares, «porque la vasodilatación favorece la absorción de los componentes».

En el centro Talaso Atlántico de Oia ofrecen una carta de servicios que incluye tratamientos con algas indicados para problemas reumatológicos y de la piel
En el centro Talaso Atlántico de Oia ofrecen una carta de servicios que incluye tratamientos con algas indicados para problemas reumatológicos y de la piel

«Tenemos una clientela fiel»

Ana Bordallo y Rosaura Valverde son las emprendedoras detrás de la firma La espiral verde. Ambas venían del sector de los conservantes naturales. Un taller de jabones las enganchó. En el 2013 empezaron con los desarrollos de producto, y al año siguiente, con la comercialización. «Es un mercado muy difícil. Cada vez hay más competencia. Si trabajásemos más allá del alga, facturaríamos un 500% más pero somos fieles a ella, como nuestros clientes, que compran lotes para varios meses».