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La Misión Biológica de Galicia, una institución con más años que el Centro Superior de Investigaciones Científicas, cumple hoy cien años

01 abr 2021 . Actualizado a las 09:45 h.

La Misión Biológica de Galicia es una institución más antigua que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Cuenta el investigador emérito de ese centro creado en Santiago en 1921 y trasladado luego, en 1928, a la finca de La Tablada primero y, al Palacio de Salcedo, en Pontevedra, después, Amando Ordás, que en «1921 el médico Juan López Suárez, que tenía mucha influencia en la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), que dirigía Ramón y Cajal, solicitó que se crease en Galicia un centro para desarrollar conocimiento y transferirlo a los agricultores. De ahí que el nombre sea Misión, porque realmente la institución fue creada con un cometido concreto». Desde que tomó las riendas el primer director del centro, el veterinario Cruz Gallástegui, doctorado por las universidades de Harvard y Cornell, esa misión ha ido cambiando a lo largo de los cien años de historia que cumple hoy. Ordás lo sabe bien después de haber trabajado ahí durante más de cincuenta años: «En la primera década del centro se realizaron estudios sobre genética vegetal, una ciencia poco desarrollada por entonces. El problema que tenía Galicia era que se cultivaban variedades muy atrasadas de maíz o patata y la genética ya era capaz de crear variedades mucho más productivas».

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De hecho, fue a partir de 1930 cuando los trabajos de la institución se centraron en la mejora genética del maíz, además de en la obtención de variedades de castaño resistentes a la tinta, una línea de trabajo consolidada por Ernesto Vieitez. No menos relevante fue la promoción por toda España de la raza porcina inglesa Large White, fundando por iniciativa de Miguel Odriozola, la piara enfocada a mejorar la genética de dicho animal.

Más tarde, entre 1960 y 1973 se cerraron algunas líneas de investigación e incluso las relacionadas con genética vegetal experimentaron un parón hasta que en 1973 Amando Ordás retomó la línea de mejora genética del maíz, comenzando la recolección de variedades locales de maíz, además de poner en marcha los programas de selección y mejora: «Una de las cosas pioneras que hizo el centro también fue crear un sindicato de semillas, una especie de cooperativa de agricultores que servía para producir y distribuirlas», recuerda.