Aida Fernández, la auxiliar de laboratorio que llegó a la élite de la oceanografía mundial, elegida Científica Galega do Ano

Raúl Romar García
r. romar LA VOZ

SOCIEDAD

Aída Fernandez Ríos participó en 30 campañas oceanográficas
Aída Fernandez Ríos participó en 30 campañas oceanográficas RAGC

La investigadora viguesa, fallecida hace diez años, fue una de las primeras mujeres a bordo de buques oceanográficos y pionera y referente en el estudio de la acidificación del mar a causa del cambio climático

19 feb 2026 . Actualizado a las 13:21 h.

Amable, generosa, rigurosa, concienzuda, decidida y entregada a un trabajo por el que sentía una enorme pasión tras una vocación tardía. Fue un ejemplo de superación. Así era la oceanógrafa Aida Fernández Ríos (Vigo, 1947-2015), a la que el atropello de un coche le arrebató la vida en Moaña a los 68 años. Diez años después, la Real Academia Galega de Ciencias (RAGC) acaba de distinguirla como Científica Galega do Ano, un reconocimiento que pone en valor a una de las pioneras y grandes referentes mundiales en el estudio de la acidificación de los océanos como consecuencia del cambio climático y que se convirtió en la primera mujer en dirigir el Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo (CSIC) (2026-2011). Toma así el relevo de su admirada Ángeles Alvariño, la ferrolana precursora de la oceanografía en España y que fue la primera y hasta ahora única mujer en obtener tal reconocimiento. Paradójicamente lo recibió en el 2015, el mismo año en el que falleció Aida Fernández. Y ese fue también el año en el que la bióloga viguesa había ingresado en la Real Academia Galega de Ciencias, seis meses antes de su fallecimiento, cuando se erigió en la tercera investigadora en conseguirlo.

Aída, en una de sus primeras campañas en buques oceanográficos
Aída, en una de sus primeras campañas en buques oceanográficos RAGC

Con la distinción a Fernández Ríos la Academia pretende «poñer en valor o seu legado científico e a súa excelente traxectoria, que se viu truncada de xeito prematuro por un accidente que puxo fin a unha carreira chamada a seguir achegando contribucións de enorme relevancia. A súa figura representa o compromiso coa ciencia feita en Galicia e pon de relevo o papel fundamental das mulleres no avance do coñecemento científico». A lo largo de este año la institución celebrará diferentes actos para exaltar su figura, que culminarán con un evento especial el 8 de octubre, el Día da Ciencia en Galicia.

La historia de Aida es la de una vocación nacida por azar. Hija de una familia trabajadora del barrio de Peniche y rodeada de un ambiente marinero —su abuelo era pescador en O Grove y su padre suministraba hielo a los barcos—, la oceanógrafa comenzó estudiando Peritaje Mercantil en la Escuela de Comercio de Vigo, pero tuvo que abandonar los estudios debido al delicado estado de salud de su padre. Más tarde completó su formación con clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios y de francés en la Alianza Francesa. Allí conoció a Carmen Mouriño, una investigadora del CSIC cuyo trabajo la dejó impresionada. Fue un encuentro que cambió su trayectoria vital y profesional. Alentada por Mouriño, Aida aprobó con 25 años las oposiciones de auxiliar de laboratorio. Fue el inicio de una carrera tardía, pero de superación ejemplar: compaginó su trabajo con clases nocturnas de bachillerato y, posteriormente, con la licenciatura de Biología, que culminó con una tesis doctoral en 1992 sobre el fitoplancton de la ría de Vigo y las condiciones ambientales que influyen en su crecimiento.

A lo largo de su carrera, Fernández Ríos se convirtió en una pionera de la oceanografía climática. Fue la primera mujer en dirigir el Instituto de Investigaciones Mariñas de Vigo (IIM-CSIC) entre 2006 y 2011 y alcanzó el grado de profesora de investigación, el más alto en la escala científica. Su visión de futuro la llevó a centrarse en los cambios físico-químicos del Atlántico, participando en hitos como el programa World Ocean Circulation Experiment. En el 2004 fue coautora de un trabajo fundamental en la revista Science: la primera evaluación global de los niveles de dióxido carbono de origen humano en el océano, un estudio que alertó al mundo sobre el grave problema de la acidificación y sus efectos devastadores en especies como el mejillón y de los moluscos en general.

Aida fue la primera mujer en dirigir el Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo
Aida fue la primera mujer en dirigir el Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo RICARDO GROBAS

Con más de 800 días de navegación a sus espaldas, Aida participó en 30 campañas oceanográficas que la llevaron desde la Antártida hasta el Índico, ejerciendo como jefa científica en cinco de ellas a bordo de buques como el Sarmiento de Gamboa o el Hespérides. Su primera misión fue en 1974, cuando se embarcó en el Cornide de Saavedra. De los 21 integrantes del equipo científico-técnicos solo había dos mujeres. Y Aida era una de ellas. Su primera campaña internacional fue en 1988, en el buque polaco Professor Siedlecki, una expedición que dio lugar a una publicación sobre la variabilidad de las masas de agua en el Atlántico Norte. Fue uno de los artículos más citados en la historia del Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo.

También fue presidenta del Comité Español del Programa Internacional Geosfera-Biosfera sobre cambio global, evaluadora de proyectos nacionales e internacionales y autora de más de un centenar de artículos científicos publicados en revistas científicas de gran impacto. Pero, ante todo, fue una precursora y un referente, en lo profesional y en lo humano. Quienes la conocieron la recuerdan como una persona encantadora, alegre, amable y cercana. Esa humanidad la llevó también a estar profundamente vinculada a su ciudad, colaborando con la Red Vecinal de Mujeres Contra los Malos Tratos de Vigo.

El próximo 8 de octubre, Día de la Ciencia en Galicia, la Academia celebrará el acto central en su memoria. Será un homenaje a la mujer que, desde el laboratorio y la cubierta de un barco, demostró que el océano no es solo un horizonte, sino un termómetro crítico para el futuro del planeta. Como ella misma defendió en su discurso de ingreso en la Academia, la acidificación del mar es una herida invisible que debemos aprender a sanar.