Los sanitarios imploran responsabilidad

Los profesionales que luchan en primera línea no dan crédito a la imprudencia de algunos


REDACCIÓN / LA VOZ

Médicos, residentes, enfermeros y técnicos de emergencias. La sanidad le pasa ahora la pelota del combate contra el virus a la sociedad, a la que le suplica que sea responsable. Los profesionales que lucharon en primera línea no pueden ignorar las actitudes imprudentes de un sector de la población que aprovechó la fase 1 para lanzarse a las terrazas en grupos de más de diez personas y sin guardar distancias. Una situación que se repitió en distintos puntos de Galicia y que causó que tan solo 24 horas después de que los bares pudiesen reabrir con el 50 % de sus mesas exteriores, las autoridades lanzasen un ultimátum a la patronal hostelera para que se cumplan las medidas higiénico-sanitarias bajo amenaza de clausura. No han sido pocos los propietarios de locales que han tomado la decisión de cerrar voluntariamente ante la imposibilidad de manejar la falta de civismo de algunos.

Y mientras los brindis se suceden en las calles para celebrar la relajación del confinamiento, los sanitarios continúan trabajando en los mismos hospitales que hace poco temían el colapso. Todos esos profesionales que arriesgaron su vida, y acompañaron a muchas de las víctimas mortales de la pandemia hasta su último aliento, contemplan incrédulos la capacidad de olvidar del ser humano. La demanda es unánime: no es momento de bajar la guardia. Y el agradecimiento a la mayoría que respeta las normas, también.

«Solo hace falta un caso»

El profesor de Virología y Epidemiología de la USC Carlos Pereira asistió atónito a más de una imprudencia. «Hace unos días, a las ocho de la tarde, no podía creer lo que estaba viendo: todo lleno, ciclistas a mogollón, grupos de personas hablando sin mascarilla y sin mantener distancias... Olvidamos que solo hace falta uno, un solo caso, para que se multiplique por tres», señala el experto, que considera que se abrió la mano demasiado pronto desde el punto de vista científico. «El verano mejorará la situación, pero el covid-19 va a seguir presente, y en cuanto vuelva a tener buenas condiciones, habrá un repunte. Diría incluso que vendrá una tercera ola para la que espero que ya haya vacuna y suficiente gente inmunizada», advierte.

Mónica Pérez Taboada, supervisora de Enfermería en una planta covid del Chuac

«De nada sirve que yo lo haga bien si tú lo haces mal»

R. D. SEOANE

Dice Mónica Pérez: «Todos tenemos ganas de terraza, pero no queremos volver a ver lo que hemos visto». Y ella ha visto mucho. Le han pasado por delante, y también entre las manos, no solo imágenes. Ha sentido el desconsuelo de las familias y de los enfermos solos: «Cada vez que nos acercamos a sus camas, ellos ven solo nuestros ojos», lo que les causa una impresión dura, muy poco empática, que se suma a los temores que ya guardan dentro de sí.

En una de las primeras plantas del Chuac que se vació para hacer sitio al covid, pocas cosas se le han hecho más duras que tratar de suplir el hueco de los más cercanos cuando llegaba el adiós. «Cuando las familias no podían entrar, la hija de la primera paciente que se nos moría nos pidió que le leyésemos una carta. Fue terrible, no éramos capaces, no podíamos parar de llorar. En 19 años de trabajo es de lo más difícil que he vivido», cuenta sobre el desgarro de ver abrirse los corazones para despedirse... a distancia. Así que sí, a Mónica se le escapa un «¡ay, mi madre!» cuando se le recuerda el primer día de terraceo tras el confinamiento.

«En 19 años, de lo más terrible que he vivido es leerle una carta de despedida a una madre»

«Lo hicimos tan bien... Hay que seguir siendo prudentes, si nos relajamos, corremos peligro y ponemos en peligro a los demás», insiste esta enfermera curtida en tristezas (es supervisora en oncología) que piensa que «la mayoría es prudente», pero hay quien se despista y acorta las distancias en exceso. «Pan para hoy y hambre para mañana», resume antes de añadir que, quizá, baste con pararse a pensar: «Hoy no te ha tocado a ti, pero mañana puede que sí».

A esa minoría «no les ha tocado de cerca, no han visto aquí a los suyos pasándolo muy mal», piensa, ni tampoco lo mucho que se peleó para sacarlos adelante de «algo que es muy grave, no es una gripita». Mónica insiste: «Dependemos unos de los otros y de nada sirve que yo lo haga bien si tú lo haces mal». Por eso pide un poco de «conciencia social» y por eso mismo advierte: «No vivimos sin coronavirus, convivimos con él, y esto puede volver a ponerse muy feo».

FERNANDO MARTÍNEZ, técnico de emergencias sanitarias

«Como esto se alargue o haya un rebrote, no habrá nadie que sea capaz de aguantarlo»

PABLO GÓMEZ CUNDÍNS

Fernando Martínez Vilaro, Pato, es de los que tienen que entrar en los domicilios de los afectados por el covid-19 y trasladarlos al hospital donde les intentarán salvar la vida. En ocasiones, es un viaje sin retorno. Su labor como técnico de emergencias sanitarias en la ambulancia requiere en estos tiempos una tensión mayor de la habitual. «Psicológicamente llevamos meses al 150 %, pero como esto se alargue o haya un rebrote, no hay nadie que lo aguante, por mucha ayuda especialista que nos pongan», advierte.

Después de episodios como el alivio del confinamiento de los niños, de los deportistas o la entrada en la fase 1 con las terrazas, Pato aprecia «mucha irresponsabilidad en esos comportamientos masivos». «Vamos superando la pandemia y nos vamos relajando. Pero el peligro sigue ahí y no se puede normalizar», insiste. «Llevamos dos meses arriesgándonos y pasándolo mal, para contagiarnos ahora de cualquier manera... Antes, el peligro estaba, digamos, localizado. Pero ahora ya no, sobre todo si la gente se comporta así», reprocha. El técnico de emergencias sanitarias insiste en un aspecto importante: «No es que nos pueda contagiar solo a nosotros, sino que nos llevamos el virus a casa». La esposa de Martínez está en un estado avanzado de embarazo y la preocupación por este tipo de situaciones de riesgo es máxima en su hogar. «Y ya no es solo que te pongas enfermo, sino que te puedes morir», recalca con gravedad.

Para Pato, se trata de una cuestión de «pura lógica». «¿Cómo es posible que la gente no pueda darse cuenta?», se pregunta mientras saca una reflexión concluyente: «No son comportamientos tan difíciles de cumplir los que nos piden las autoridades».

LORENA IGLESIAS, RESIDENTE EN LAS URGENCIAS DE CEE

«La población se lo debe ahora a los compañeros que han estado luchando»

NOELIA SILVOSA

A sus 28 años, Lorena Iglesias forma parte de esos residentes que aún no habían acabado su formación cuando recibieron la llamada para alistarse en la primera línea de fuego contra el covid-19. Alumna de cuarto año de Medicina Familiar y Comunitaria, hacía guardias en el Chuac cuando le propusieron acudir al servicio de urgencias del Hospital Virxe da Xunqueira, en Cee, a inicios de abril. Vivió el comienzo de la pandemia en el hospital de referencia del área sanitaria coruñesa, donde examinó muchos casos sospechosos de coronavirus que acabaron en la uci tras pasar por sus manos, y le tocó familiarizarse en tiempo récord con los protocolos, los EPI y las pruebas. Ahora hace turnos de 12 y de 24 horas en el hospital de Cee como residente, pero asume la responsabilidad de un adjunto. Lejos de asustarle su cometido, quiere seguir en la pelea: «Ese respeto que sentí cuando me llamaron espero sentirlo toda mi vida, porque al final trabajas con pacientes, pero estoy con muchas ganas de seguir trabajando y aprendiendo», señala la sanitaria, que no se cansa de reclamar prudencia. «Lo más grave parece que ha pasado, pero ahora está en manos de la gente que no volvamos a vivir esto. Es importantísimo el uso de mascarilla, el lavado de manos y la distancia social. Han sido momentos muy duros y de muchas muertes. Comprendo que también es duro pasar 50 días encerrados, pero está en juego la vida de muchas personas y hay que asumir que lo que había antes ha cambiado. La población se lo debe ahora a los compañeros que han estado luchando», concluye la residente.

manuel fariñas, enfermero en el chuo

«Te da rabia, porque hay una responsabilidad individual, pero los efectos son colectivos»

PABLO VARELA

A Manu Fariñas, enfermero de reanimación en la unidad de críticos del CHUO, la imagen de las terrazas llenas le transmite una mezcla de rabia y resignación. La primera, «porque este esfuerzo nuestro y de la población en general se puede echar a perder por la falta de responsabilidad, de conocimientos o por el egoísmo de algunos». La segunda, sin embargo, parece inherente a su profesión. «Ya te duele habitualmente cuando ves a pacientes que, por mucho que les digas, no se cuidan o reinciden en hábitos perjudiciales para ellos, pero es que esto es una pandemia», recuerda.

Fariñas trabajó en la uci de covid-19 del hospital ourensano durante las semanas más crudas de la cuarentena, y dice entender el nervio social por recuperar la vida de antes. «Hay una responsabilidad individual, pero los efectos son colectivos. Y lo hablamos entre los que estamos en el trabajo. Alguna gente no respeta lo que ha pasado, y no está informado el que cierra los ojos a ello», dice.

Su preocupación, además, gira en torno al futuro asistencial del recinto sanitario, porque una segunda ola de casos conllevaría posponer intervenciones o consultas cruciales: «Hay un volumen de trabajo que se puede complicar por falta de buen comportamiento social».

MAite pérez, Coordinadora clínica de ingresados por covid en vigo

«El 98 % de los gallegos son candidatos a contagiarse si no actúan con precaución»

CARLOS PUNZÓN

Ni por despiste habla del coronavirus en pasado. «Estamos en primero o segundo de covid y va a ser una carrera de siete u ocho años», advierte la doctora Maite Pérez desde la primera línea de la lucha contra la pandemia como coordinadora de los ingresados por el virus en el área sanitaria de Vigo. Afectivamente le quedará el recuerdo de los pacientes solos, sin compañía, y médicamente la incertidumbre sobre cómo seguirán los afectados por una enfermedad nueva y de efectos desconocidos. «Cuando salgo y veo la frivolidad con la que alguna gente llena las terrazas, se hace evidente que muchos no se han percatado del peligro que el coronavirus entraña sanitaria, social y económicamente», reprocha. «Esto es de una magnitud tan grande -insiste- que no nos haremos cargo del impacto que está teniendo hasta que pasen unos años».

La doctora Pérez está convencida de que quedan 10, 14, 20 meses de crisis sanitaria: «Por lo que cuanto mejor lo hagamos ahora, más nos concienciemos y disminuyamos los riesgos, mejor los afrontaremos». «Va para largo», avisa, para asegurar que los médicos están preocupados al ver a parte de la sociedad en la calle dando muestras de comportarse como si todo se hubiera superado. «El 98 % de los gallegos son candidatos a contagiarse si no actúan con precaución», alerta y da gracias por que no se haya llegado a niveles como los de Madrid, que, calcula, habrían generado más de 3.000 muertes en Galicia en lugar de 600. «No sabemos por qué en unos casos el coronavirus genera cuadros graves y en otros no. Por ello, nadie está libre de contagiarse y morir, por joven que sea», concluye.

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