Un vídeo documental grabado en la Costa da Morte enseña en detalle el ciclo vital de esta especie salvaje
01 abr 2019 . Actualizado a las 05:00 h.El refranero popular es inmensamente rico a la hora de describir los tiempos de la naturaleza, con expresiones como «la primavera la sangre altera» o «escoba florida, loba parida». Y eso precisamente, el ciclo reproductivo del lobo, y más concretamente los escarceos previos a la cópula por parte de la pareja dominante de la manada, es lo que ha conseguido registrar con su cámara en la Costa da Morte el veterinario y naturalista Francisco Javier Chisco Lema Fuentes, en un vídeo documental repleto de conocimiento científico, afán divulgativo y, sobre todo, paciencia.
La pieza, de casi 13 minutos de duración, se acerca a las 7.500 visualizaciones en su canal de YouTube, De Re Naturae. Al margen de la edición y el tono pedagógico de Lema, que ya le ha valido el apelativo del Félix Rodríguez de la Fuente de la Costa da Morte, se ve que hay detrás muchas horas de trabajo y grabación. Tantas que se puede ver desde que la hembra dominante pasa ampliamente del macho hasta que se muestra «pesada y perezosa» camino del parto, después de dos meses de gestación. «Estimula al macho con caricias y juegos», pero la cópula solo se dará «cuando ambos alcancen el pico hormonal [...], cuando estén receptivos», explica Lema.
Ahora bien, la invitación a la fiesta sexual y reproductiva es restringida; se trata de algo reservado para esa pareja dominante. Al resto de la manada le corresponden tareas menos lúbricas, como la búsqueda de comida y la delimitación del territorio.
«Tanto los machos como las hembras en edad reproductiva, después de la tensión experimentada durante el estro [época de celo], se preparan para colaborar en la crianza, bloqueados fisiológicamente para salir en celo, como si de una castración psicológica se tratase», detalla Lema.
Los privilegios de unos pocos son evidentes (el encuentro sexual y tener descendencia), por lo que se explica que hacia el verano algunos machos y hembras emprendan la migración en busca de otros grupos. En la propia Costa da Morte se han documentado periplos de hasta 60 kilómetros, que son especialmente peligrosos para estos animales, expuestos a muchas amenazas.
A los que se quedan en el grupo, de un marcado carácter familiar, les corresponde servir de ejemplo para que los retoños aprendan a cazar y que siga girando la rueda de la vida.