Las lechugas de moda en Inditex

El comedor de la multinacional textil se surte con las huertas locales. A Jesús le han escogido por las ensaladas

Jesús cultiva sus lechugas en Chamín (Arteixo) y visita Inditex tres veces por semana
Jesús cultiva sus lechugas en Chamín (Arteixo) y visita Inditex tres veces por semana

A Coruña / La voz

Jesús es agricultor y puede considerarse uno de esos «empleados indirectos» que genera Inditex. Cultiva hortalizas en varios invernaderos de Chamín (Arteixo) a apenas seis kilómetros de la sede central del gigante textil. A la multinacional de Amancio Ortega le han gustado sus lechugas, así que desde hace año y medio y tres días a la semana, Jesús carga este producto en sus camiones y se cuela en el epicentro planetario de la moda. «Creo que ensalada haina alí todos os días», señala este agricultor con relación a los voluminosos comedores de la multinacional.

No hay queja del precio. «E son serios, cando toca pagar, non se retrasan nin un día», explica Jesús Álvarez Aldao.

-E ten que pasar algún test?

-Residuo 0 na analítica.

Así que los empleados de Inditex tienen garantizada la mayor salubridad en este producto que sale de los invernaderos de Jesús, que considera su zona privilegiada para la agricultura. Nos encontramos cerca de la playa de Barrañán. «Aquí temos a brisa do mar, que fai coma unha manta térmica, non sufrimos temperaturas extremas», señala el veterano agricultor que, pese a producir y especializarse en otros productos (tomates, repollos, acelgas, puerros y grelos), Inditex solo lo quiere por sus lechugas. «Parece que buscan unha especialización en todos os seus ingredientes, a outro agricultor cóllenlle os tomates, a outro as nabizas... e sempre coa mesma esixencia, residuo 0 na analítica», explica Jesús, padre de un hijo y una hija que, intuye, no continuarán la tradición familiar de ganarse la vida en el campo.

Pese a que visita Inditex tres veces por semana, este no es su mayor cliente. «O noventa por cento do que produzo vai a Gadisa», señala Álvarez Aldao, que da empleo a otras tres personas en una extensión de trabajo que alcanza los 6.000 metros cuadrados. Claro que en el polígono de Piadela (Betanzos), sede de la distribuidora Gadisa, sus productos no son para el consumo directo sino para la venta en los supermercados de la cadena.

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«O máis pobre...»

Salvo ventas esporádicas a terceros, se puede decir que Roberto Tojeiro y Amancio Ortega son sus únicos clientes. Jesús, hombre simpático, lo resume en un chiste: «Eu digo que son o máis pobre que traballa para os máis ricos», sentencia entre risas.

Volviendo a Inditex, los encargados de la cocina de los empleados procuran encontrar sus materias primas en el entorno, la mayor parte, como Jesús, en el propio municipio de Arteixo, que ha visto disparada su «economía verde» durante los últimos años.

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ecologico

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El negocio va para arriba. Bárbara Rivera casi ha duplicado los metros de su invernadero. Antes eran 1.100 y ahora suma 2.000. Además, tiene una hectárea al aire libre certificada dentro del Consello Regulador de Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega). «El consumidor valora su sabor. No hay color cuando comes un tomate en crudo manipulado genéticamente y otro en el que se han respetado sus ciclos y no se usaron pesticidas. Pero, la crisis afecta y estos productos son más caros», asegura esta joven agricultora de Neda, muy cerca de Ferrol.

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