La otra cara del éxito turístico

Además de Barcelona, Ibiza o Valencia sufren el impacto de la llegada en masa de viajeros, conocido como «efecto Venecia», una amenaza que no afecta a Galicia


redacción / la voz

El Gobierno de Ibiza (PSOE) aprobó esta semana el cambio de la Ley de Turismo. Lo hizo para poner freno al alza del precio de la vivienda, derivada de la proliferación de alquileres turísticos, muchos de los que operan de forma ilegal. El problema podría ser menor de no ser porque ese incremento descontrolado está expulsando a la población local y, como ha publicado la prensa local, cortando la llegada de nuevos trabajadores porque estos no encuentran dónde vivir.

Ibiza no es más que uno de los muchos espejos que muestran la otra cara del éxito en un sector al alza en España. Ese rostro aflora cuando la actividad no es gestionada para mantener un equilibrio. Porque lo que ocurre en Ibiza ha pasado antes también en Venecia. Ahora hay urbes como Barcelona, Valencia, Palma o Madrid en las que han empezado a saltar las alarmas. Basta recordar el problema con los realquileres de Barcelona y la lucha del Gobierno local con Airbnb para frenar la escalada de actividades de carácter ilegal.

Aunque el Gobierno local de Santiago ha empezado a adoptar medidas preventivas para evitar la despoblación del casco histórico e incluso ha debatido la instauración de una tasa turística como la de Barcelona, en Galicia ese fenómeno no ocurre, al menos de momento. «No corremos grandes riesgos porque los atractivos que tiene Galicia no son puntos de atracción en masa», explica el director de la Escuela de Arquitectura de a Coruña, Fernando Agrasar.

Con todo, advierte de que aunque lo que busquemos es «turismo de calidad y no low cost, en realidad no podemos discriminar porque las dos ofertas conviven».

Desde la Dirección Xeral de Turismo también explican que la estrategia turística de Galicia está preparada para frenar ese tipo de fenómeno. «A estratexia é fomentar o slow turismo, o turismo tranquilo para que o que veña goce da comunidade sen présas. Traballamos para ser un destino sustentable consolidando unha oferta de alta calidade e valor engadido», apuntan. Además pone el ejemplo de la medida llevada a cabo con la playa de as Catedrais, que reguló el acceso para evitar impactos negativos en el paisaje y todo el entorno.

Agustín Cocola Gant: «Hay que prevenir, Barcelona no ha hecho nada en treinta años. Ahora es muy complicado arreglar el problema»

El investigador del Centro de Estudio Geográficos de la Universidad de Lisboa explica cuáles son las consecuencias de un desembarco fuera de control de turistas

m. c.

Barcelona, Ibiza, Palma, Sevilla, Madrid, Valencia... Esas son algunas de las ciudades que en España empiezan a resentir el conocido como geocentrificación o «efecto Venecia», cuando la llegada en exceso de turistas desplaza a los habitantes locales de las áreas con mayor demanda.

El investigador del Centro de Estudios Geográficos de la Universidad de Lisboa, Agustín Cocola Gant, explica cuáles son las consecuencias de un desembarco fuera de control y advierte de la importancia de prevenir antes de que el problema esté enquistado porque entonces, apunta, «es muy importante ponerle coto, al menos a corto plazo». 

-¿Qué consecuencias tiene esa llegada incontrolada de turistas en una ciudad?

-El debate normalmente está centrado en dos temas. Por una parte, la vivienda y cómo se incrementa su precio en las zonas turísticas donde el alquiler vacacional quita mucho de ese mercado. En Ibiza, por ejemplo, se ha publicado que hay médicos, profesores o policías que tienen ese destino y acaban rechazándolo porque no encuentran una vivienda asequible. Y no hay más que ver el ejemplo de un hospital que tuvo que habilitar una parte para acoger a los facultativos que venían a hacer sustituciones. Por otra parte, está el impacto a nivel de la vida cotidiana en el barrio. En zonas turísticas hay mucho ruido, el comercio cambia de orientación, las tiendas que prestan servicio a los habitantes desaparecen, el espacio público está saturado... como el centro de Palma o Barcelona.

-¿Qué soluciones pueden adoptarse para que eso no ocurra en esos lugares?

-No resulta fácil. A corto plazo es muy complicado solucionar el tema de la vivienda porque hay déficit de inmuebles públicos. Habría que cambiar la ley de arrendamientos urbanos, luego hay que regular el alquiler vacacional porque hay mucha falta de colaboración de Airbnb en este sentido. En la UE hay un vacío legal en ese asunto.

-¿Qué le parecen medidas como limitar el número de licencias en el casco histórico como ha hecho Santiago?

-Ese tipo de medidas están muy bien. Hay que prevenir porque Barcelona no ha hecho nada en treinta años, pero ahora se encuentra con el problema. Dar la vuelta a la tortilla una vez que ha ocurrido es muy complicado. A corto plazo no se puede lograr porque dar la vuelta a esa tortilla implica perder puestos de trabajo. Cuidar el comercio tradicional, no dar licencias... ayudan a prevenir también.

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