«Llevaré `hiyab''cuando sea mayor»

Pablo González
PABLO GONZÁLEZ A CORUÑA

SOCIEDAD

KOPA

La importante comunidad musulmana de Arteixo reclama respeto para sus costumbres y creencias En Arteixo, aparte del emporio de Zara, hay una mezquita en un bajo comercial que paga 270 euros (45.000 pesetas) de alquiler al mes. El viernes, día de oración, acuden allí musulmanes de toda Galicia. El templo da buena cuenta de la importante comunidad marroquí de este concello, aunque la mayoría de las niñas árabes que van al colegio aún son de corta edad y en ningún caso llevarían el «yihad». A Souad Dahmount, de 13 años, nadie le obliga a ponérselo. «Llevaré el pañuelo cuando sea mayor», dice.

19 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Souad es de la misma edad que Fátima, la niña marroquí de Madrid envuelta en un pañuelo y en una polémica. El padre de Souad, Ahmed, tiene prisa, pues su turno de oración en la mezquita está a punto de comenzar, pero hace tiempo para comentar que la decisión de llevar el hiyab depende sólo de su hija. Ella quiere ponérselo cuando sea mayor. ¿A qué edad? «A los 25 años», responde. Su padre hace una mueca de desaprobación. Luego se ríen. Porque, en cualquier caso, si quisiera ponérselo debería hacerlo antes. Belgacem explica en la mezquita que las niñas que quieren llevar el pañuelo lo hacen «cuando entran en la pubertad». Ni Souad, ni Ahmed, ni Belgacem entienden todo el lío que se ha montado por un simple pañuelo. Como otros miembros de esta comunidad, esperan que no haya ningún problema si alguna de las niñas que acuden a los colegios de Arteixo decide llevarlo. Belgacem acaba de tener una hija. «No voy a obligarla, pero voy a enseñarle el islam; después, que sea ella la que decida», comenta. Y añade: «España es un país libre, ¿o no?». A raíz de la polémica, una mujer le dijo a Hassam que los marroquíes eran todos «machistas». Antes de rezar la última oración del día, Hassam, un poco apesadumbrado por el apelativo, sólo pide una cosa: que no se generalice. Mohamed, de la asociación que agrupa a los musulmanes de Arteixo, pone un ejemplo. En Marruecos, su sobrina de 12 años decidió de la noche a la mañana vestir el hiyab. Nadie se lo propuso. Saadia, dueña del bar Aiman, también quiso llevarlo, pero sólo un año. De momento, en Arteixo, el asunto del pañuelo no es un problema. Habrá que esperar a que las niñas que ahora van a colegio pasen al instituto para ver lo que pasa. Ahora, a los padres les preocupa más que sus hijos no tengan clases de religión musulmana ni de árabe. Como Souad, que sólo sabe escribir su nombre en la lengua de sus padres.