«Somos el comando ninja de Santa Comba»

Todo por una sonrisa. La idea surgió del Concello, pero ellos ejecutan magistralmente su cometido. Desde que empezó el confinamiento llevan más de 200 celebraciones y siguen sumando alegrías


Si usted es de Santa Comba y ve a una Tortuga Ninja caminando por la calle, se trata de Alberto Roman, voluntario de Protección Civil, que junto con el personal de esta institución de emergencias y bajo las directrices del Concello, se dedica todos los días a alegrar el confinamiento de los vecinos. No importa el motivo de celebración, cumpleaños, aniversarios o cualquier excusa que conlleve sacarle una sonrisa a la población después de tantos días de encierro: «Fueron surgiendo las cosas. Primero yo solo llevaba el material a las costureras para hacer las mascarillas El Concello ha repartido más de 10.000. Prácticamente todo el mundo tiene. Además se hacen de polipropileno, un filtro que se le pone a las fachadas de las casas y que es impermeable. Y luego entre el alcalde y el jefe de Protección Civil surgió lo de los cumpleaños. También con José Manuel, conocido por Huelvis. Y yo les animé. Les dije que iba las horas que hiciera falta», explica.

TODAS LAS TARDES

No hizo falta decir más. Alberto se enfunda todas las tardes el disfraz de Tortuga Ninja para alegrar el día a pequeños y mayores: «Yo soy la Tortuga Ninja. Si el disfraz fuera de torero también me disfrazaría igual. No tengo vergüenza. Ninguna. Pero ahí somos todos un comando. Vamos cuatro personas en dos coches. José Manuel, dos trabajadores de Protección Civil y yo».

Así llevan más de doscientas celebraciones. Todo con tal de ofrecer un poco de esperanza, que vale su precio en oro: «Lo que noto mucho es la diferencia que hay de los cumpleaños del núcleo, donde la gente que vive en pisos, con los de la aldea. Allí hay más libertad. En los pisos, veo a los niños en la ventana y cuando me ven hasta se emocionan, muchos lloran. Y en la aldea, hay un ambiente más festivo y mucho menos emotivo. Eso es en la mayoría de los casos. Después hay señores que lloran como magdalenas cuando vamos».

Entre todos los casos hay uno en especial que le quedó grabado: «Una chica que tuvo coronavirus y que estuvo muy fastidiada y cuando vino del hospital le fuimos a cantar y se emocionó. Lloró como una magdalena». Pero también se acuerda de otros que le tocaron la fibra: «Una señora de 104 años. La familia se quedó súper agradecida. También tuvimos un 25 aniversario, y el chico salió a tocar el acordeón y fue la leche».

A esto es a lo que se dedica, entre otros quehaceres, este grupo bautizado ya como el comando ninja. A repartir alegría cuando todos estamos un poco tristes. ¿Hay algo más bonito?: «Hasta que acabe la cuarentena hay que cumplir con ese servicio como sea. Ahora hay que ir con esto hasta el final».

«Lloro al ver todo lo que está pasando»

SUSANA ACOSTA

Un vecino de Marín con problemas de salud toca la gaita todas las tardes con piezas que emocionan a sus paisanos

El momento más feliz del día es a las ocho de la tarde. El instante en el que todos, desde nuestras ventanas, asomamos la cabeza para ver qué es lo que se cuece en el barrio. Hay vida, mucha. Y es el único momento del día en el que todos podemos decir que seguimos aquí, resistiendo. Aplaudimos a todos los que siguen trabajando para que no nos falte de nada, pero también necesitamos animarnos. Resistiré, del Dúo Dinámico, se ha convertido ya en un auténtico himno del confinamiento. Pero en Marín, a esta canción le sigue la gaita de Javier Rodríguez y el acordeón de Ramón Soage. Ellos se han convertido en los animadores oficiales de esta localidad.

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