«Lloro al ver todo lo que está pasando»

Un vecino de Marín con problemas de salud toca la gaita todas las tardes con piezas que emocionan a sus paisanos


Redacción

El momento más feliz del día es a las ocho de la tarde. El instante en el que todos, desde nuestras ventanas, asomamos la cabeza para ver qué es lo que se cuece en el barrio. Hay vida, mucha. Y es el único momento del día en el que todos podemos decir que seguimos aquí, resistiendo. Aplaudimos a todos los que siguen trabajando para que no nos falte de nada, pero también necesitamos animarnos. Resistiré, del Dúo Dinámico, se ha convertido ya en un auténtico himno del confinamiento. Pero en Marín, a esta canción le sigue la gaita de Javier Rodríguez y el acordeón de Ramón Soage. Ellos se han convertido en los animadores oficiales de esta localidad.

La historia de Javier es muy especial. Hace cerca de un año, le apareció «una cosa fastidiada» y por este motivo lleva el confinamiento mucho más a rajatabla. La gaita siempre ha sido su salvadora, también desde que se ha puesto enfermo y perdió a uno de sus grandes amigos, también gaiteiro. Y por este motivo quiere que el sonido de este instrumento alimente el alma de sus vecinos: «Se me ocurrió ponerme en la ventana porque estoy enfermo y yo ya tengo que fastidiarme sin salir de casa ni un segundo. Soy muy sentido y lloro en casa viendo lo que está pasando. Y se me ocurrió eso», reconoce este gaiteiro que forma parte del mítico grupo de Marín Trompos os pes y de Caratuxa, en Vigo, para los que solo tiene palabras de agradecimiento por todo el apoyo que siempre le transmiten.

A Javier le gusta tocar con sentimiento y elige con precisión todas las piezas que interpreta desde su ventana. Una de las más emotivas es el himno gallego, pero también toca el himno del Antiguo Reino de Galicia y al escucharlo es difícil no emocionarse. También marchas: «Hay una señora mayor que comentó el otro día que le gustaría que tocase Eu de Marín ausenteime. Y al día siguiente se la toqué. Y la mulleriña empezó a llorar al oírlo. La gente está encerrada en su casa y tiene un gran sentimiento. Es muy fuerte todo esto», asegura.

Sus actuaciones diarias ya le han costado una gripe: «Fue el otro día, que hacía frío y al estar en la ventana... Al día siguiente estuve todo el día en cama porque me encontraba mal, pero a las ocho me levanté igual para tocar. Me puse unas cazadoras por encima y listo. Y la gente ya estaba esperando si salía a tocar o no. Y cuando empecé, ya se animó todo», explica este gaiteiro de sentimiento que sabe que ahora más que nunca él no puede fallar a sus vecinos: «No, no, ahora no».

El acordeón de Ramón

Ramón Soage es otro de los protagonistas de las tardes en la localidad marinense. Desde la terraza de su casa interpreta varias piezas para todo el vecindario. «O primeiro día que se convocou aos veciños para que sairamos ás 22 horas a aplaudir aos balcóns, saímos a miña muller e máis eu e non había case xente. Voltamos ao día seguinte cando dixeron que cambiaron o horario para as oito e tampouco había case persoal. Entón ocorréuseme a idea de saír á terraza que temos no piso e aí foi cando empezou a festa», explica este músico que reconoce que se siente «moi ben» haciéndoles pasar un buen rato a sus vecinos: «Son consciente de que as persoas que viven soas tamén se animan e ademais tamén o fago por solidariedade co persoal que está a facer tanto por nós».

Ramón toca cada día dos piezas. Casi siempre canciones populares: «Que saiba todo o mundo como a Rianxeira, Miudiño, Apaga o candil... e os veciños acompáñanme coas palmas», reconoce este vecino de Marín que lleva toda la vida tocando: «Nunca perdín o contacto tanto co acordeón coma co piano, pero como o piano non o podo sacar á terraza... pos levo o acordeón que tamén fai a súa función». Hai música para rato, porque hasta que termine este confinamiento Ramón seguirá tocando: «Non pararei ata que isto remate, que seguro que vai ser pronto. Ánimo e forza para todos».

Música desde el exterior para los pacientes del Chuac

Elena Silveira

Tres familias de A Coruña que viven junto al hospital dan cada día un concierto para pacientes y personal sanitario, y otro para las urbanizaciones

Todos los días, a las ocho de la tarde, los vecinos del barrio coruñés de Eirís hacen un parón en su confinamiento para aplaudir y rendir homenaje al personal sanitario que está en primera línea de fuego, combatiendo el coronavirus. Lo extraordinario de un acto que ya se ha convertido en rutina en toda Galicia es que allí, junto al Chuac, tres familias con formación musical alargan ese homenaje tocando después varias piezas musicales con gaita, flauta travesera, bombardino, violín, trompeta e incluso un piano. Lo más especial del asunto es que las viviendas están situadas justo al lado del Chuac, por lo que primero hacen una sesión musical dirigida a las personas que están ingresadas en el hospital y a su personal sanitario y, después, otra hacia el lado opuesto, hacia el interior de las urbanizaciones.

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