EN EL IMAGINARIO colectivo, el sector de la construcción es algo reservado a tipos rudos, que conducen un camión con un póster de una modelo en bikini. Este estereotipo, que la propia realidad se encarga de alimentar en ocasiones, comienza a agrietarse. La culpable es Cristina Fernández, una joven de Ordes, que se ha colado en un mundo tan marcadamente machista con una sonrisa y el apoyo de Hormigones Carral, que la empleó para ser la primera gallega al volante de una hormigonera. La aventura ha resultado ser un éxito, pues tanto los otros 55 conductores de la empresa como los clientes «la tratan muy bien y están encantados», revela Valentín Vázquez, el empresario. La historia de Cristina es la de muchas jóvenes gallegas, azotadas por la precariedad laboral. Trabajó durante 10 años en un taller textil, pero la temida deslocalización la mandó a las listas del paro. A ella siempre le había gustado el mundo de los camiones, así que decidió sacarse el permiso de conducción C. Entró en contacto con la empresa gracias a su hermano, que trabaja en ella, y la compañía decidió emplearla. Esta contratación es la primera de un plan que la patronal gallega del hormigón (Asfhorgal) pretende impulsar para incrementar las tasas de ocupación femenina en el sector. «A verdade é que todo o mundo axúdame moito: encantaríame seguir aquí moito tempo», explica Cristina Fernández.