Para picotear cuando no hay muchas ganas de tomarse un platazo, las bodegas y restaurantes han optado por ofrecer auténticas delicatesen con quesos y embutidos de buenísima calidad acompañados de frutas, mermeladas y encurtidos
06 jun 2026 . Actualizado a las 00:52 h.Una tabla de embutidos es una de las mayores tentaciones que pueden pasar por delante de un ser humano. Es un imprescindible del aperitivo en cualquier país con una buena cabaña ganadera, y se trata de una opción gastronómica aparentemente tan sencilla que muchos hosteleros la han ido relegando de sus cartas. O se equivocan de cabo a rabo o son conscientes de que proponer un plato equilibrado en sabores, original en la presentación, que cumpla las expectativas de calidad y cantidad y que ofrezca sensaciones sin llenar excesivamente es mucho más complicado que echar unas lonchas de ibéricos al azar sobre una superficie en la que la cerámica empieza a relegar a la madera. Si además nos adentramos en el mundo del maridaje con los quesos y los vinos, es mejor dejarlo en manos de profesionales. Los picos o las regañás no son siempre igual; a veces van bien unos tomatitos cherri o unas otras frutas frescas o deshidratadas (uvas, gajos de manzana, higos frescos, albaricoques secos, dátiles, pasas...); hay que acertar con la temperatura y con el mix de frutos secos crujientes; o con los encurtidos (los más habituales: pepinillos, cebollitas en vinagre, alcaparras o guindillas); y, de atreverse, es fundamental escoger con criterio unas mermeladas que aporten cremosidad, acidez o dulzura. Todo un mundo que pide tener al menos dos o tres conceptos culinarios consistentes más allá de tener siempre a mano buen producto.
La Bodeguilla de Santa Marta (Santiago)
Ese, el de la calidad, es el primer mandamiento en las bodeguillas de Santiago. La original, La Bodeguilla de San Roque, abrió en 1986, y después vinieron las de Santa Marta y San Lázaro, que son las que sigue dirigiendo un veterano de la hostelería compostelana como Javier Míguez. Cualquiera que entra en una iglesia busca la referencia del altar, y si es en una discoteca, la cabina del pinchadiscos. En estos dos locales ubicados en los barrios del mismo nombre la magia emana del rincón reservado a la preparación de los embutidos. «Produto e un bo cortador», resume Míguez, quien tiene en su sobrino José Manuel al mejor de España cuando hay que enfrentarse a un jamón con un cuchillo en condiciones. No es una exageración. Hace una década ganó el Concurso Nacional de Cortadores de Jamón que se celebró en Madrid en la sesión inaugural del Salón de Gourmets, dejando con los ojos abiertos a especialistas de toda España, y desde entonces ha seguido perfeccionando la técnica y los conocimientos. Verlo trabajar es un espectáculo, y puede hablar sin parar porque no es de los que se guardan los secretos. Su maestría se refleja luego en unas tablas muy pensadas, ordenadas y enfocadas a un bocado extraordinario.
La Mejorana Deli Shop (A Coruña)
Las tablas de embutidos y quesos se han convertido en una de las opciones favoritas para compartir en A Coruña. Ya sea para una reunión con amigos, una celebración familiar o una cena informal, cada vez son más los locales que apuestan por este formato. Entre ellos destaca La Mejorana Deli Shop, en Juan Flórez, donde las tablas son uno de los productos estrella desde su apertura en el 2017. «Es uno de los protagonistas de aquí y vendemos un montón de tablas para llevar», explica Ángel Veiga, responsable del establecimiento. La demanda llega para todo tipo de ocasiones, aunque algunas sorprenden incluso a los propios clientes. «Mandamos muchísimo a los hospitales para las mujeres embarazadas que acaban de dar a luz», señala. La razón de esto último es sencilla. Tras meses de gestación sin poder consumir jamón curado, muchas mujeres lo convierten en uno de sus primeros caprichos después del parto. «Cuando dan a luz, una de las primeras cosas que les apetece es volver a comer jamón», comenta Veiga.
La propuesta de La Mejorana incluye tres tablas principales. La Ibérica, con jamón de cebo, chorizo de bellota, lomo y cecina. La bautizada como La Mejorana, que apuesta por las referencias como el jamón 5J o el chorizo Joselito. Completa la carta la Mejorana mixta, que combina embutidos con tres quesos elegidos por el cliente. Además del consumo en el local, el negocio trabaja cada vez más en servicios para eventos. «Estamos haciendo mucho cátering», explica Veiga. La firma prepara ahora nuevas presentaciones individuales en cajas de madera para ofrecer una alternativa diferente a las bandejas tradicionales, donde incluye frutas frescas y frutos secos. Sin embargo, Veiga confiesa que también le gusta mucho ver cómo los clientes disfrutan las tablas en el establecimientos. «Tenemos la suerte de llenar prácticamente a diario», asegura.
Casa Sada (Pontevedra)
Alberto Sada creció en una familia de bodegueros y siempre estuvo muy vinculado al sector vitivinícola. Así que dibujó su futuro encaminado a la hostelería, pero no quería un local tradicional. Durante años pasaba por la Añada del Silgo, un negocio ya desaparecido en Pontevedra y solo pensaba: «Algún día tendré un local así». Quería servir vinos y acompañarlos de algo que picar. Las tablas se convirtieron en el mejor acompañante de unos caldos que mima. Cobra el vino y cuatro euros por el descorche. «Con eso ponemos una tabla de embutidos que vamos cambiando. Son 80 gramos de lacón, paleta asada, salchichón de ciervo o chorizo picante, por ejemplo», explica Alberto, que reconoce que va cambiando en función de los productos que va incorporando. Después de esa tabla de cortesía, Casa Sada abre la puerta a pedir otras entre una amplia variedad. «No tenemos cocina y solo servimos frío, se pueden encargar para tomar aquí o para llevar, los clientes las hacen a su gusto porque las cobramos al peso», señala.
Este hostelero reconoce que hasta tienen bonos para regalar en los que sirven una botella de vino con dos tablas por 20 euros. Si tiene que elegir entre las más demandadas son las de embutidos, pero las de conservas también tienen tirón. Navajas, mejillones ahumados, ventresca e incluso paté también se unen en otra de las tablas relacionadas con los productos del mar. En casa Sada el cliente escoge la que más le gusta y Alberto la pesa. Suelen rondar los 10 euros y si no te acabas el vino, le pone una etiqueta con tu nombre para que puedas volver a acabarla y acompañarla con una tabla al gusto. «Desde el principio tenemos un horario de tienda, abrimos de 11 a 14.30 y de 17 horas a 22, así que muchos vienen a picar algo y otros se toman un vino y una tabla antes de cenar», añade Alberto, que cumple ya once años en activo.
Restaurante Il Farabutto (Lugo)
Italia tiene un pequeño rincón en Lugo. Ubicado en la rúa Fermín Rivera, Il Farabutto ofrece en su carta una grandísima variedad de platos con una consigna: «Todo está hecho con productos italianos». Así lo afirma uno de los gerentes del local, que explica qué ingredientes llevan las tablas de su restaurante: «Estas preparaciones tienen un toque a anís. Tenemos varias. Hay una mixta que lleva finocchiona —que sería el equivalente al salchichón—, spianata —que tiene un toque picante—, bresaola —que es similar al lomo embuchado—, y también mortadela, que dependiendo del día será de pistacho o de trufa, pecorino...», cuenta. Para rematarlas, los cocineros siempre adornan las tablas con un poco de rúcula, unos tomates cherri y un poco de parmesano.
Este restaurante italiano tiene también su toque nacional, especialmente en sus tablas de quesos, en las que combina tipos procedentes de España, Italia e incluso Francia. «Les ponemos gorgonzola, comté, un queso curado italiano, parmigiano reggiano de 24 meses de curación y pecorino, un queso de oveja con un toque salado», cuenta el gerente. Habla también del tamaño de estas raciones y de qué acompañantes es recomendable consumir con ellas: «Para que la gente se haga una idea, solemos servirlas como entrante para una mesa con bastantes comensales. También se piden mucho por la noche, para picotear mientras te bebes un par de cañas o una copa de vino». El resto de la carta del establecimiento, a pesar de ser fiel al estilo de Italia, tiene varios guiños a la cocina gallega. «Tenemos carpachos, burrata, provolones, ensaladas, salteados, pizzas, pasta... Según la temporada en la que estemos, intentamos poner algún ingrediente especial a nuestras preparaciones. Por ejemplo, en San Froilán servimos una pizza de pulpo. También, según su disponibilidad, ofrecemos un escabechado de cítricos con bonito», señala.
Vinoteca El Buen Vivir (Vigo)
En la Vinoteca El Buen Vivir, las tablas de embutidos y quesos son una de las propuestas más apreciadas por la clientela. Pilar González apuesta desde hace años por productos artesanos y de pequeños elaboradores con los que mantiene una relación directa. «Prefiero tener pocas cosas, pero buenas», resume la propietaria del establecimiento vigués. La base de sus tablas llega desde Fermoselle, en Zamora, de la mano de Puente Robles, una empresa familiar con la que trabaja desde hace décadas. Chorizo ibérico, salchichón ibérico, cabeza de lomo, lomo ibérico y jamón forman parte habitual de la selección. Para el día a día suele utilizar jamón mitad recebo y mitad ibérico, mientras que en Navidad incorpora piezas de bellota para encargos especiales.
«Nunca he cambiado de proveedor porque el producto siempre me ha dado un resultado excelente», explica. La oferta se completa con otros productos como la cecina ibérica de Casalba, de waygu y angus, referencia que considera imprescindible y que también utiliza en algunas elaboraciones de la casa. Con la sobrasada ibérica de este mismo productor prepara croquetas, al igual que aprovecha las puntas de los ibéricos para elaborar una de las tapas más demandadas. Los quesos ocupan también un lugar destacado. Entre ellos figuran los de una pequeña quesería de Moaña, A Meixoeira, especializada en queso de cabra, elaborados de forma artesanal por una familia de la localidad. A ellos se suman las referencias de Don Crisanto, con variedades como San Simón da Costa y otros quesos gallegos tradicionales, además de un queso de oveja con leche cruda procedente de la zona de Hinojosa, convertido ya en un clásico de la vinoteca. Detrás del mostrador trabajan además Silvina y Mari, encargadas de la atención al público, mientras que Jamileth colabora en la cocina.