¿Cómo funcionan las pastillas para dormir? «Tenemos pacientes que llevan tomándolas años sin ningún tipo de control»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

Imagen de archivo de varios tipos de benzodiacepinas.
Imagen de archivo de varios tipos de benzodiacepinas. CARMELA QUEIJEIRO

España lidera el consumo de benzodiacepinas, que tienen efectos secundarios como generar tolerancia o dependencia

05 jun 2026 . Actualizado a las 19:28 h.

España está a la cabeza del consumo de benzodiacepinas en Europa. Según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), se consumen 110 dosis al día por cada mil habitantes a nivel nacional. Cifras que todas las sociedades médicas consideran preocupantes y encuentran en ellas una muestra de la medicalización que hay de la vida diaria.

Durante años, las benzodiacepinas se han ido consolidando como uno de los tratamientos más utilizados frente al insomnio. Es el caso del Lorazepam, Alprazolam o Diazepam, cuyo mecanismo de acción consiste en actuar sobre el sistema nervioso central potenciando la acción del GABA, una sustancia que reduce la actividad cerebral y favorece un efecto calmante. Gracias a este mecanismo, alivian síntomas físicos asociados a la ansiedad, como las taquicardias, la sudoración o la sensación de tensión constante. Además, presentan propiedades hipnóticas, lo que explica su papel a la hora de favorecer el sueño.

El incremento de su consumo ha ido en paralelo al aumento de la prevalencia del insomnio: «Entre el 2018 y el 2019, justo antes de la pandemia, hicimos una encuesta del aumento de casos de este trastorno, y el resultado fue que crecieron un 14 %. La prevalencia en el estudio anterior, de veinte años antes, era del 6,4 %», expone el doctor Manuel de Entrambasaguas, neurofisiólogo clínico y coordinador del grupo de trabajo de Insomnio de la Sociedad Española del Sueño (SES). En la actualidad, reconoce el experto, los números podrían ser todavía más elevados.

En teoría, la prescripción de estos fármacos para el insomnio debe limitarse a episodios agudos, nunca crónicos. En su lugar, la terapia cognitiva conductual se sitúa en la primera línea de acción. «Se ha visto que esta estrategia es bastante más eficaz que las pastillas tanto a corto como a largo plazo. Una parte se centra en la educación del sueño, en entender cómo dormimos y por qué ocurre el insomnio; y otra, en las cosas que se pueden hacer durante el día para mejorar el sueño», detalla el neurofisiólogo, quien precisa que también cuenta con una parte cognitiva. Es decir, qué hacer con los pensamientos una vez invaden a la persona y no logra conciliar el sueño.

¿El problema? Se trata de una terapia bastante específica que requiere formación para aplicarla. «No existe una especialidad de medicina del sueño, sino que hay muchas especialidades involucradas: hay neurofisiólogos, neumólogos, neurólogos, médicos de familia, psiquiatras, pediatras y psicólogos. El problema es que como nuestro sistema sanitario está tan orientado a las especialidades, no hay transversalidad», detalla el experto. Tampoco hay una estrategia nacional. Así, plantea el doctor De Entrambasaguas, «¿qué recursos vamos a tener y quién lo va a hacer?». En otras palabras, el experto lamenta que no exista una visión global.

Al no existir un entrenamiento en la terapia indicada, «los médicos de familia y otros especialistas la desconocen y el recurso que tienen es la pastilla», apunta el experto.

¿Qué pastillas se suelen utilizar para favorecer el sueño?

Entre los tratamientos más habituales destacan los hipnóticos sedantes, un grupo en el que se encuentran las benzodiacepinas y los llamados fármacos Z, como el Zolpidem. Ambos actúan sobre el sistema nervioso central para inducir el sueño. Y, aunque los fármacos Z tienen una acción más corta, las benzodiacepinas continúan siendo los medicamentos más utilizados en caso de insomnio.

Por este motivo, las guías clínicas recomiendan limitar su consumo a períodos breves, de entre tres y cuatro semanas, incluyendo una retirada gradual para evitar síntomas de abstinencia. La realidad suele ser otra: «Tenemos pacientes que llevan consumiéndolas durante años sin ningún tipo de control», puntualiza De Entrambasaguas.

Los médicos también cuentan con melatonina de liberación prolongada, especialmente indicada en mayores de 55 años. Es una hormona relacionada con la regulación natural del sueño, que ayuda a mantener el descanso nocturno sin asociarse a los mismos problemas de dependencia que presentan los sedantes clásicos. Eso sí, no se pueden prescribir para todo tipo de insomnios.

En el 2024 llegó a España el Daridorexant, perteneciente a la familia de los antagonistas de la orexina. A diferencia de las benzodiacepinas, este tipo de medicamentos no «seda» el cerebro, sino que bloquea los mecanismos responsables de mantener la vigilia, favoreciendo así el sueño a través de una vía diferente.

Además, algunos antidepresivos con efecto sedante, como Trazodona o Doxepina, también han encontrado un espacio en el tratamiento del insomnio. Aunque fueron desarrollados originalmente para tratar trastornos depresivos, en dosis bajas pueden facilitar el sueño y mejorar el descanso nocturno.

¿Cuál es el problema de las benzodiacepinas?

Estos hipnosedantes «tienen el riesgo, en primer lugar, de crear tolerancia y dependencia, es decir, cuanto más tiempo las usamos, menor efecto hacen, y además enganchan tanto a nivel químico como psicológico», precisa el experto. Todo ello dificulta abandonar el tratamiento.

A su vez —precisa el neurofisiólogo— pueden provocar problemas de deterioro cognitivo e incrementar el riesgo de caídas, «porque lo más habitual es que los usen personas mayores, las más vulnerables a sus efectos adversos», destaca el miembro y responsable de grupo de trabajo de la SES.

¿Se puede solucionar?

Sí. El especialista reconoce que es habitual que, a la unidad de sueño, lleguen pacientes que llevan consumiendo benzodiacepinas largos períodos de tiempo. «Pasan directamente a terapia grupal y una parte importante de ellos responden bien a esta estrategia, con lo que ya podemos empezar a desescalar y a desprescribir las benzodiacepinas», indica el neurofisiólogo. En ocasiones, si esto no funciona, es necesario seguir profundizando en las causas del insomnio. «Podemos hacer una polisomnografía para ver si hay algo que explique el trastorno o intentamos confirmar si son personas que les basta con dormir muy pocas horas, que no es común», añade el doctor De Entrambasaguas. Solo en los casos muy graves de insomnio se sigue recurriendo a estas pastillas.

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.