Los chicharrones de Evangelina cruzaron ya tres continentes

Casa Abelleira, en Ames, cumple 50 años y su clientela ha elevado su fama a nivel internacional


Lo que empezó siendo un humilde negocio a pie de carretera en Bertamiráns (Ames) ya es conocido en tres continentes. El secreto está en sus chicharrones, la especialidad de Casa Abelleira, que han viajado hasta Australia, media Europa, América del Norte y del Sur. No hay trampa ni cartón, asegura su artífice. «A receita é a tradicional, aprendina do que vin na miña casa. Non ten misterio ningún, o que ten é a materia prima boa, e hai que calcularlle ben o lume, pero non é máis que carne e graxa que solta o porco», asegura Evangelina Bardanca. Ella abrió el establecimiento hostelero con su marido, Manuel Abelleira, hace ya 50 años: «Isto daquela era unha agra onde non había nada. Estaban a facer un colexio ao lado, e os camioneiros que pasaban pola zona dicían que non había onde tomar unha cervexa. Empezamos a servirlles unha tapiña. Matabamos un porco e faciamos os sábados os rixóns para os obreiros, porque daquela traballábase tamén os sábados e non che había tantas pontes. A xente empezou a reclamar os chicharróns a diario». Ahora, indica su hijo pequeño Manuel, quien ha cogido las riendas del negocio, preparan cuatro ollas al día. Lo cuenta en su día libre, mientras envasa al vacío un pedido de un cliente que se va de viaje al día siguiente. De esta forma se ha elevado su fama a nivel internacional. ¡Quién se lo iba a decir a Evangelina, una carballesa casada con un carpintero de Bertamiráns cuando pensaron en montar un negocio propio! «Estamos nun punto de parada, a medio camiño para a xente que vén de Muros e Noia a Santiago. Por aquí pasaba a estrada principal antes de facerse o corredor Brión-Noia e a xente acostumaba a quedar a comer aquí, na Casa dos Rixóns. Tamén tiñamos carnicería. Comprábanse os porcos polas casas. Hoxe aínda vén algún cliente de toda a vida a mercar a carne, pero é máis un obradoiro para abastecernos nós», relata el hijo, quien reconoce que Evangelina, con más de 70 años, «aínda machuca nos rixóns de vez en cando». Se sirven durante todo el año, aunque «isto no verán xa é unha loucura», añade. 

Esperado Acustiquísimo

Hace casi dos meses que salieron a la venta las entradas. Un 12 de septiembre. Y ese mismo día, en cuestión de horas, volaron todas. Dice el culpable de esto, Andrés Suárez, que ya no sabe cómo dar las gracias. «Estoy viviendo el mejor momento que recuerdo y pienso volverlo canción», prometía antes del concierto que ofreció en Santiago. «En casa», señalaba, porque nunca se olvida que su primera oportunidad se la dieron José y Carmen en el Fonte Sequelo ni de sus inicios en los pequeños escenarios de la ciudad. El cantautor actúa ahora en estadios y cuelga el cartel de sold out cada dos por tres. Aunque la de ayer, en el Patio de Cristal del Hotel Monumento San Francisco, era una cita íntima. Su esperadísimo Acustiquísimo fue un encuentro musical singular e irrepetible, con Helena Antelo ilustrando ese momento. Andrés cantó sobre el escenario y a pie de público, rodeado por sus fans y decenas de móviles captando el instante en que el artista les cantó prácticamente al oído Tal vez te acuerdes de mí en una noche mágica, en la que también sonaron Ahora ya fue y hasta La Belleza de Aute. Santiago le correspondió cantándole Vuelve.

Danzando entre moda

El mundo artístico y la moda se dieron la mano en un espacio compostelano en el que se esmeran por ampliar las fronteras de lo meramente textil, Kookaï Naf Naf. Entre la ropa de esta tienda de mujer que dirige Carmen Díaz actuaron las campeonas europeas de danza de la escuela Dancenter Gala junto a su profesora Gail Brevitt. Lúa Ventureira, Carmen Liste, Laura Vegas, Flavia Melcher, Paula Cribeiro, Noa Suárez e Irene Armesto vistieron sus zapatillas de ballet y prendas del negocio de Doutor Teixeiro para este microespectáculo. Las bailarinas de entre 13 y 17 años volvieron a superarse con un esmerado montaje preparado en tiempo récord. El público asistente disfrutó, además, de la música de Mad Martin Trío, acompañado de un fotocol y un cátering de pinchos y vinos para degustar mejor esta combinación de cultura y moda.

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